Gracias Señor Santiago:
Estamos a tus pies postradas, agradecidas, como tantos peregrinos llegados a lo largo de siglos pasados, procedentes de lejanos países, también hoy nosotras, madres convocadas por la Asociación Evangelium Vitae. Venimos desde África, desde América, desde el Este de Europa, desde la propia España.
Salimos de nuestras casas paternas, buscando una vida mejor sin imaginar las dificultades, nieblas y oscuridad que nos saldrían al paso en nuestros senderos.
La luz de las estrellas de tu camino marcado en el cielo, nos guiaba y protegía sin saberlo nosotras mismas. Hemos sufrido mucho, pero gracias a Dios, hemos superado la gran tentación de caminar solas, huyendo de las dificultades aparentemente insuperables que se presentan a la mujer-madre abandonada.
Hoy estamos aquí, con nuestros hijos, como la mejor ofrenda que podemos presentar ante tu altar.
Gracias Señor Santiago.
En nuestro corazón traemos también a todas nuestras hermanas caídas al margen del camino, que sufren interiormente las consecuencias de los pecados contra la vida.
Para ellas, para todas las víctimas de la cultura de la muerte, "hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana, ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia o de una presunta piedad, para todos los pobres a quienes se hace difícil vivir" , para todas las víctimas del terrorismo y la guerra, pedimos el perdón de sus pecados, y que les concedas la luz de la esperanza y la paz.
Queremos desde este faro luminoso de fe, altavoz para la evangelización de nuestro mundo globalizado, repetir ante Ti, Apóstol Santiago, las palabras que el Papa Juan Pablo II escribe en su Encíclica Evangelium Vitae: "Es urgente una gran oración por la vida, que abarque al mundo entero. Que desde cada comunidad cristiana, desde cada grupo o asociación, desde cada familia y desde el corazón de cada creyente, con iniciativas extraordinarias y con la oración habitual, se eleve una súplica apasionada a Dios, Creador y amante de la vida. Jesús mismo nos ha mostrado con su ejemplo que la oración y el ayuno son las armas principales y más eficaces contra las fuerzas del mal y ha enseñado a sus discípulos que algunos demonios sólo se expulsan de este modo. Por tanto, tengamos la humildad y la valentía de orar y ayunar para conseguir que la fuerza que viene de lo alto haga caer los muros del engaño y de la mentira, que esconden a los ojos de tantos hermanos y hermanas nuestros la naturaleza perversa de comportamientos y de leyes hostiles a la vida, y abra sus corazones a propósitos e intenciones inspirados en la civilización de la vida y del amor" .
Señor Santiago, haz oír nuestra voz débil y humilde ante el trono de la Santísima Trinidad. Ante el Padre que nos ha dado la vida, y nos ama como hijas únicas, en el Hijo.
Ante Jesús; Él conoce bien nuestras dificultades, sabiendo decir "Ay, de la que esté embarazada o criando" y "Dejad que los niños se acerquen a mí". "El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a Mí".
Ante el Espíritu Santo, Señor y dador de la vida y de la fuerza del amor.
Que las santas mujeres, María Magdalena, María Salomé tu madre, y sobre todo Santa María, siempre Virgen, Fuente de la Esperanza, Madre de la Vida, Reina de la Paz, recomienden nuestras súplicas y nos protejan y acompañen siempre.
Gracias, Señor Santiago por escucharnos. Amen.
