Una triste mañana de diciembre, una niña abatida esperaba el autobús en una calle de San Francisco. Tenía 24 años. Soltera. Acababa de perder definitivamente su disfraz de mujer. Acababa de fijar fecha para abortar.
El juego había durado ya demasiado tiempo y al fin, inevitablemente, había dado sus frutos...su fruto...un hijo.
Había sido en verdad un tiempo de vida, de libertad, de valor, de alegría, de amor, de juego...de jugar a mujer. Y de pronto se había tornado tiempo de muerte, de esclavitud, de cobardía, de pesadumbre, de desamor, de responsabilidad. La magia se había disipado de repente por arte de una sola noticia:
Sinónimos:
¡Terror! Sudor frío. ¡No puede ser!
Fantasías de aborto espontáneo ... de "error de diagnóstico".
Angustia. Olas de negras premoniciones.
Terror y más terror. La vida se hizo de pronto muerte total.
Vende todo. Deja todo. Vete ...o no. ¿A dónde? ¿Con quién? ¿Cómo? ¿¿Cómo?? ... ¡Sola!
"El" no está. Marcha atrás. "No conviene ahora". Los amigos: "¿Qué dirán tus padres?"
"¿De qué vivirás?" "Si es como un quiste, quítatelo."
¡Dios mío! No puede ser verdad. Debe ser un mal sueño. Yo ¿¿tener un hijo?? ¡Imposible! Si no me puedo ni tener a mí misma! No puede ser. Esa persona embarazada¡ no puedo ser yo! No sé quién es esa persona. ¿Cómo se atreve ?
¡No!
No cabe en mí, esa persona. No es parte de mí. Es una enfermedad. Debo destruirla. ¡Debo eliminarla!
Médicos, explicaciones, métodos ... Algas, ácido ... no es doloroso...un momento y se acabó... ¡se acabó!
Pero ¿¿qué se acabó??
En ese momento (gracias, autobús por tardar tanto), en esa mañana gris, 24 horas antes del plazo, ese nuevo ser murió... en mi mente.
El Arquero disparó la flecha de mi imaginación y se clavó en el blanco, no tan lejano, de mi futura realidad. Fuí en un instante... y estuve allí: en el desierto que tenía preparado para ese ser que empezaba a vivir. Lo hice y lo ví. Lo viví. Todo entero, en ese momento, esperando el autobús.
Lágrimas empezaron a manar por mi rostro. Lágrimas y más lágrimas. Gracias de nuevo, Señor, porque no había nadie para mirar la ...congoja terrible... ¡Lo había matado!
¡Me había matado!
No creo que haya asesino que, en el instante de ver su obra, no tenga esta vivencia fugaz:
¡¡Me he matado!!
Toda la vida que durante años y años de esfuerzo pugnaba por ser, todo el valor y la fuerza que me llamaban a gritos desde la distancia, siempre inalcanzables, toda mi verdad que anhelaba ansiosamente quitarse el velo, todo se había hecho carne ..... y lo había aniquilado!
¡ Dios! ¡¡No podía hacerlo!! ¡Esa vida era la respuesta a mis oraciones! El premio al ganador, el título de "vividora", de "amadora". ¡Era lo que yo quería! ... Y lo había querido toda mi vida: Dar la cara
¡Ser verdad!
¡Ser valor!
¡Ser!
¡Qué instante de luz separa la muerte de la resurrección!
La semilla vestida de esclavitud se convirtió en fruto sabroso de libertad. Y esa niña perdida y desesperada resucitó en mujer ... mujer digna de dar vida... ¡capaz! de dar vida.
Una vida que mañana, más de 12 años después, he de despertar para ir al colegio. Una vida que me ha dado TODO lo que siempre deseé y nadie más me pudo dar. Una vida por la que he sido padre y madre y todo lo necesario. Una vida que ha colmado todas mis medidas, desbordado todas mis previsiones, iluminado todos mis rincones. Una vida por la que yo he vuelto a nacer ... ¡hasta con mi misma cara!
Una vida, sangre de mi sangre, risa de mi risa, amor de mis amores.
El bajó a mí en ese cuerpecito gordito y sonriente ... y nunca más me dejó. Nos salvó de la muerte día a día, y nos dió la Vida desbordante que tiene reservada a los valientes!
Firma:
Una joven que prefiere quedar anónima.
