Todos sabemos, ¿ no es cierto?, que se está librando hoy una guerra en la Iglesia Occidental. Las feministas son prominentes entre los rebeldes. La mayor parte de los católicos, laicos y clérigos, están seguros de que saben el por qué las feministas están furiosas: porque ellas quieren ser sacerdotes. No es sorprendente que piensen así, ya que las feministas lo repiten constantemente, pero espero probar que no es cierto.
Las autoridades de la Iglesia que malinterpretan esto, no llegan a reconocer la naturaleza del enemigo, lo que imposibilita que la Iglesia gane, a no ser por directa intervención divina. Como muchas otras personas, tales autoridades piensan que hay una clase de feministas "buenas" en contraposición a feministas "radicales". Es verdad que no todas las religiosas feministas comparten la visión mas radical. Las feministas ocupan una gama que va desde sencillas seguidoras a militantes tan llenas de resentimientos que tienen creencias contradictorias en su pensamiento; hasta dirigentes muy astutas que manipulan a las ignorantes que están en sus filas. Pero el feminismo está intrínsicamente equivocado, aún cuando intenta hacer un bien.
Esto se debe, como señaló Juan Pablo II, a que el feminismo es una ideología, una teoría social con una sola explicación estructural de todos los males del mundo. Es una doctrina que quiere ser una respuesta a todo y que, con sus planteamientos quiere tener precedencia sobre cualquier otra cosa, aún la Revelación Divina. No ven a la Iglesia como una sociedad divina fundada por el Hijo de Dios hecho hombre, sino simplemente como un sociedad humana que puede cambiarse por presión política.
El catolicismo no oprime a las mujeres, aunque los católicos pecadores sí quizás lo hagan. Lo que impulsa al feminismo católico no es ni la opresión, ni la exclusión de las mujeres del sacerdocio. Hay pocas mujeres que quieren ser sacerdotes. Por ejemplo Marianne Neisen, quien perteneció a la congregación Franciscana de Nuestra Señora de Lourdes en Minnesota, durante 18 años; es ahora la "Reverenda" Niesen, pastora de 2 pequeñas iglesias metodistas en el Estado de Montana. Pero su caso es tan raro que no encuentro otro ejemplo que pueda citar y aún la revista TIME no pudo encontrar un segundo ejemplo. Pero a pesar de ella, el movimiento feminista católico no está empeñado en lograr la ordenación sacerdotal. Lo que el movimiento quiere es acabar con el sacerdocio, la destrucción de las órdenes clericales. ¿ Es esta una acusación demasiado grave?
El feminismo ("religioso radical") es parte de una fuerza revolucionaria más amplia, organizada contra la Iglesia actualmente. Los hombres y las mujeres feministas rechazan los dogmas más básicos de la fe, todo patriarcado, todo papel natural, toda autoridad jerárquica, aún la de Dios. Insisten en que la realidad no es fija sino infinitamente adaptable. Su objetivo es la autonomía absoluta. No están contentas con la libertad "legal" para adoptar lo que la Iglesia llama el mal, exigen que Ella se les una en llamar bien al mal.
Naturalmente, la Iglesia debe decirles la verdad. Tal como el Papa Juan Pablo II dio el ejemplo, sencillamente siendo fiel a su deber, cuando escribió su encíclica "Veritatis Splendor", la Iglesia no puede cambiar la realidad para acomodarse a la voluntad del pecador o dar su bendición a cualquier cosa inmoral que quiera hacer. Pero las disidentes perciben las enseñanzas morales de la Iglesia como un reproche y por eso llegan a odiar a la Iglesia, como si ésta, por afirmar sus enseñanzas, no estuviera mostrando la realidad, sino creándola. "No serviré", gritan, "Que se haga Mi voluntad".
No necesito decirles cómo esta revolución ha devastado la cultura católica en los últimos 30 años. Las órdenes religiosas están muriendo, las iglesias están siendo abandonadas, los conventos y escuelas están vacíos en todo el país; los seminarios antes llenos ahora pertenecen a las sectas, cultos y grupos cismáticos. Peor aún, miles de católicos, traicionados por aquellos en quienes confiaban, han desertado de la Iglesia. Los escándalos públicos entre el clero y los religiosos, que son tan vergonzosos, han contribuido menos a esas deserciones que el hecho de que la mayor parte de la educación religiosa haya estado vacía o envenenada. Los que disienten han revivido errores teológicos y morales sobre la naturaleza de Dios, la persona de Cristo, la autoridad del Magisterio y otras doctrinas que la Iglesia condenó hace mucho tiempo, desde el pelagianismo hasta el neo-paganismo. Algunos niegan que la verdad puede conocerse e incluso que pueda haber verdades inmutables; estos argumentos usados por ellos son refutados por "Veritatis Splendor". La presunción es cosa corriente. (El amor incondicional no castigará mis pecados.) Las católicas feministas no inventaron esas ideas, pero las usan para sus propios fines, llamando explícitamente a sus actividades "subversión política". Ellas son la "tropa de choque" de la revolución eclesiástica, los más encarnizados enemigos de la Iglesia hoy. Sin embargo, permanecen como la influencia más poderosa en la Iglesia americana dominando su personal profesional y burocrático, desde las oficinas de la conferencia episcopal hasta la parroquia local.
Esto se debe a que una parálisis inexplicable de la voluntad impide que muchos en la jerarquía ejerzan su autoridad para disciplinar a los rebeldes en su propia burocracia. Así muchos empleados de la iglesia han abandonado la fe sin perder sus posiciones estratégicas, y aunque las dirigentes feministas radicales hacen muy poco esfuerzo por esconder su odio a la Iglesia, a las Sagradas Escrituras, a Jesús Redentor y a Dios Padre, siguen llamándose católicas inpunemente y se salen con la suya.
Rosemary Ruether, prominente vocera feminista que se identifica como "teológa católica", alabó a la hermana Miriam Teresa Winters por acuñar la frase "apostatando sin irse", para describir cómo hacen las feministas para rechazar la cristiandad histórica sin perder sus empleos en la Iglesia, porque si se van no podrían trabajar desde adentro como "agentes transformadores".2 La hermana Miriam Teresa enseña en un seminario de diferentes religiones en Hartford, Connecticut, y dirigió el congreso Arquidiocesano de Educación Religiosa de Los Angeles, California, en el invierno de 1993.
La encuesta Gallup
En junio de 1992 una coalición de católicos rebeldes publicó los resultados de una encuesta Gallup que ellos habían patrocinado. Pretendió esa encuesta mostrar que el 65% de los laicos católicos creen que las mujeres deben ser sacerdotes (en 1974 era el 29%). Puesto que la mayoría de las 802 personas que fueron entrevistadas no eran católicos practicantes (es decir, no asistían a Misa los domingos con regularidad)3, la validez de la encuesta es dudosa. Si se le pregunta al católico promedio (aún al que asiste a la misa del domingo), qué es lo que quieren las feministas, le dirán que ellas quieren ser sacerdotes; si le pregunta porqué las mujeres no pueden ser sacerdotes, probablemente le dirá "porque lo dice la Iglesia".
Unos pocos dirán que la Iglesia dice que el sacerdote debe ser hombre porque Jesús es hombre, pero sin duda la mayoría acepta la ley por obediencia a la autoridad. Eso no quiere decir que no estén de acuerdo, pero probablemente pocos quieren que se les pregunte por argumento razonado contra la ordenación de las mujeres. En esta época de igualdad, la mayor parte de la gente no entiende por qué se le niega una posición a alguien que está físicamente capacitado y por lo tanto la prohibición de ordenar mujeres al sacerdocio les parece discriminatoria. No solamente parece discriminatoria, sino que defenderla no es fácil hoy día. La mayor parte de los católicos prefieren cambiar el tema.
Pero no las católicas feministas, a quienes les encanta discutir sobre esto. Aunque su caso se basa en las emociones (su dolor y angustia de ser excluídas por ley de la Iglesia de hacer lo que ellas quieren) está lleno de contradicciones (insisten en que el género no debe ser un factor en el sacerdocio, pero juran que un sacerdote hombre no puede representarlas en el altar). Sin embargo, algunos de sus argumentos contra la discriminación en relación con el sacerdocio pueden parecer plausibles.
(P)(pregunta) Si como dice San Pablo: "en Cristo no hay judío o griego, ni esclavo ó libre ni hombre ó mujer", ¿ no es injusto negarles a las mujeres participación en la jerarquía?
(R)(respuesta) La Iglesia no considera tal discriminación injusta porque es de origen divino y Jesús no puede ser injusto. Consideremos lo que significa discriminar. El diccionario Webster dice: "ver las diferencias entre las cosas; distinguir entre ellas,seleccionar, diferenciar, hacer distinciones; (último) mostrar parcialidad en favor o perjuicio". No es necesariamente injusto. No discriminar significa tratar sin distinguir las diferencias. La justicia legal se supone que es ciega, pero aún así la corte distingue diferencias; por ejemplo la minoría de edad. Las fuerzas armadas, bomberos y policías discriminan sobre las bases de edad, salud, fuerza física y agilidad. Las universidades discriminan sobre la base de la competencia académica. Ciertamente una madre hace distinciones en el trato con sus hijos porque ella los conoce y los ama y obra por el bien de ellos. La Iglesia también discrimina en seleccionar sacerdotes y uno de los criterios es la masculinidad, y no tiene libertad de cambiarlo ya que es parte de la Tradición Sagrada, ininterrumpida desde que Jesús fundó la Iglesia ordenando a sus doce apóstoles.
(P). Los primeros sacerdotes fueron hombres solamente porque las mujeres no eran aceptadas por las costumbres de la época. Referente a las diaconisas en el Nuevo Testamento prueban que las mujeres estaban trabajando en la Iglesia en tiempo de los Apóstoles. Tumbas antiguas están grabadas con la palabra "presbítera" lo cual prueba que hubo sacerdotes mujeres en la Iglesia primitiva.
(R) Es una conjetura torpe el sugerir que Jesús se abstuvo de ordenar mujeres debido a las condiciones culturales, como si sus propias actitudes estuvieran limitadas por la cultura o porque temía la reacción de los demás. Llamarlo un prisionero de las costumbres de su tiempo es negarle su autoridad divina. En el Nuevo Testamento se ve claramente que El era completamente independiente de las normas culturales: El habló con mujeres, comió con pecadores públicos, confrontó a los hombres que querían apedrear a la mujer adúltera, conversó con la mujer samaritana en el pozo a pesar de que era mujer, una pecadora pública y miembro de una casta despreciada. El se negó a atenuar el anuncio de que El daría a su seguidores su propio Cuerpo y Sangre, aún cuando muchos lo abandonaron.
De hecho, puesto que las sacerdotisas no eran desconocidas en la cultura de Palestina, Jesús probablemente hubiera causado menos controversia al ordenar mujeres que al hablar de comer su Cuerpo y beber su Sangre. Si El lo hubiera querido, habría podido empezar por ordenar a la persona más pura que jamás ha existido: su Madre, la Santísima Virgen María. La Iglesia saca en conclusión que El quiso instituir un sacerdocio exclusivamente masculino.
En cuanto a las diaconisas del Nuevo Testamento, no estamos seguros qué papel desempeñaban. La mayor parte de los expertos creen que ellas ayudaban a las catecúmenas en el bautismo por razón de la modestia. La palabra "presbítera" puede haberse referido a la esposa del sacerdote cuando, antes de Cristo revelar el sacerdocio, a los sacerdotes se les permitía casarse. Pero la Iglesia concluye que no ha habido ordenación de sacerdotisas ni diaconisas. Ninguna mujer ha sido nunca ordenada legalmente como sacerdotisa católica; aunque a finales del siglo segundo San Irineo y Tertuliano, Padres de la Iglesia, condenaron a las sectas gnósticas herejes por tratar de ordenar mujeres. Las mujeres trabajaban sin duda en la Iglesia primitiva como han trabajado grandemente en la Iglesia desde entonces, pero es Tradición ininterrumpida (anterior a las Escrituras) que la Iglesia no puede ordenar a las mujeres en el sacerdocio porque Jesús no lo hizo.
¿Por qué El no lo hizo?
Dios puede hacer lo que quiera; nosotros solamente podemos especular el porqué, y ello nos sugiere posibles razones. Puede ser que Dios haya escogido un sacerdocio exclusivamente masculino para darles a los hombres un papel esencial e irreemplazable en la Iglesia. Porque El es el Creador de todas las cosas, El da la vida y la gracia, es el iniciador de toda relación entre nosotros, (todos somos pasivos - tal como la cualidad femenina- ante El, al recibir y al responder). Por tanto, los hombres tienen un obstáculo psicológico inicial que deben superar antes de entregarse a Dios, un obstáculo que las mujeres no tienen que superar. Un vistazo a cualquier iglesia en las misas de entre semana muestra una mayoría de mujeres. En las culturas que hacen gran énfasis en la masculinidad "machista", la religión tiende a ser dominio de las mujeres; después de la Primera Comunión, los hombres aparecen en la iglesia principalmente en los funerales y en las bodas. El abrir el altar a las mujeres, monaguillas y sacerdotisas, reforzaría el impulso de dejarles la religión a las mujeres y la salida de los hombres sería como una huída. El Padre Walter Ong, S.J., dice que la iglesia de hecho está tan feminizada que la exclusividad del clero masculino puede ser necesaria como una "fuerza de equilibrio" a la masculinidad, no como dicen las feministas que es un "propósito gratuito de los hombres patriarcales para dominar". Si la Iglesia fuera más femenina no habría lugar en ella para los hombres.4
¿Caso concluido? No. Es irónico que la Iglesia tenga que sostener una controversia con los agitadores feministas (quienes niegan su autoridad, para interferir con su autonomía) porque sus argumentos son una cortina de humo para engañar al resto de nosotros en relación con sus verdaderos propósitos. Contrario a la creencia popular, el movimiento feminista no quiere la ordenación y nunca la ha querido. Fíjense en estas declaraciones públicas hechas por prominentes dirigentes del movimiento:
Rosemary Ruether, WOC Conference, Detroit, 1975:
"Las mujeres deben quitarse de la mente la falsa idea de que el sacerdote posee un "poder" sacramental que la comunidad no tiene".
Women Church Conference, Chicago, 1985:
"La mayor parte de las mujeres católicas romanas no pueden ni desean ser ordenadas al sacerdocio como se define actualmente".
Mary Joe Weaver, New Catholic Wm, 1985, 161:
Elizabeth Schüssler Fiorenza "es muy cautelosa con respecto a las mujeres que buscan la ordenación dentro del sistema actual y ha hecho muchos esfuerzos para alertar en contra de un `nuevo clericalismo' si se busca la ordenación sin cambios estructurales significativos".
Mary Hunt, WOC Awards Dinner, New Women/New Church, mayo/junio 1987:
"Sugiero que abandonemos la ordenación dentro de este horrible sistema y favorezcamos el ministerio de acuerdo con nuestras propias estipulaciones."
Inside Stories, 23rd Publication, 1987, 132:
"Aunque fue una estrategia inteligente el comenzar hablando de la ordenación, sería ahora una experiencia de asimilación si las mujeres fueran ordenadas... eso no significa disminuir las presiones."
Diann New, Co-directora de WATER 5, Concilium, 1982):
"Las mujeres nunca querrían celebrar la Eucaristía en la presente Iglesia jerárquica-patriarcal."
Barbara Ferraro, ex-monja, (New Women/New Church, mayo/junio 1987):6
"Yo rechazo totalmente el sacerdocio tal como existe hoy."
Ruth Fitzpatrick, Women Church Convergence, Cincinnati 1987:
"El fin no es que las mujeres sean ordenadas en el estado clerical sino renovar el ministerio sacerdotal".
New Women, New Church, Invierno de 1993:
"La ordenación no es la respuesta, necesitamos lograr las conecciones y romper el sistema patriarcal antes de que nos destruya a nosotras y a toda la Iglesia."
P. Francis Murphy, Obispo Auxiliar de Baltimore, ("Let's Start Over." Commonwealth, sept. 25, 1992):
"Yo estoy personalmente a favor de la ordenación de las mujeres en un ministerio sacerdotal renovado".
La clave del movimiento feminista es la ambigua e indefinida frase: "un ministerio sacerdotal renovado", que es un llamado a "acabar con el estado clerical", un asalto al sacerdocio católico que abarca 5 estrategias:
1. Negar que las autoridades de la Iglesia tienen el poder de ordenar al sacerdocio
2. Negar que el sacerdote puede consagrar la Eucaristía
3. Negar (por lo menos por omisión) la Real Presencia de Cristo
4. Creación de una liturgia con lenguaje feminista (falseando los dogmas de la Revelación)
5. La espiritualidad feminista
Buenas noticias
La WFF-Women for Faith and Family (Mujeres para la fe y la familia), se opuso a los 3,600 miembros de la Conferencia para la Ordenación de la Mujeres; 50,000 mujeres católicas han firmado espontáneamente su afirmación de Fé y promesa de fidelidad al Magisterio. Hay miles de grupos marianos. La resistencia a las malas catequesis está aumentando. Padres y jóvenes se dan cuenta de que deben enseñar ellos mismos la fe a sus hijos. Además del movimiento de las escuelas en el hogar, se han abierto escuelas dirigidas por los padres, y por religiosos ortodoxos en la fe y la moral, en la mayor parte de los Estados. Familias católicas heróicas hacen hoy por la Iglesia lo que hicieron los monasterios de épocas antiguas: preservar la fe y trasmitirla. ¿Qué debemos hacer el resto de nosotros por la fe ?:
Asista a la Eucaristía diariamente, si es posible. Conságrese usted y su familia a la Santísima Virgen, recen el rosario. Apoye a su parroquia. Cuide de sus hijos; inscríbalos solo a los programas de la Iglesia que siguen el Magisterio; reconstruya la cultura católica desde su hogar como iglesia doméstica. Sea profético, defienda la fe, aún en algunas reuniones de la iglesia donde no se sigue el Magisterio de la Iglesia. Rece por los que se oponen, buscando su conversión. Rece por la gracia de la perseverancia en la fe. Ame con caridad a los que están en desacuerdo sin por ello tener que aceptar de ellos, aquello que va contra la fe y la moral. Rece por el don de la fortaleza. Busque la compañía de otros laicos creyentes.
Defender la fe demanda de nosotros todo lo que tenemos de fe, esperanza y caridad, de valor para decir la verdad frente a la crítica y con paciencia para soportar el fracaso aparente. Nuestra única contribución cierta es la santidad personal; debemos reformarnos nosotros mismos, hay que acordarse que nadie es inmune al pecado y al error.
Donna Steichen es una periodista católica que es también esposa, madre, maestra y líder comunitaria. Sus numerosos artículos han sido publicados en la prensa católica y secular y su libro "Ungodly Rage - The Hidden Face of Catholic Feminism" se ha hecho famoso. Este artículo es la traducción editada de su charla en el congreso mundial de Human Life International, abril de 1994.
1. "God and Women", Time, noviembre 23, 1992. 2. Rosemary Ruether, "Women Church: A Way to Stay While Patriarchy Wears Away", National Catholic Reporter, agosto 13 de 1993, 22. 3. 35% de esos 55 y más, y 73% de estos 35 o menos, NO asisten a misa semanalmente. 4. Revista America, diciembre de 1992. 5. Y de acuerdo a WOC: New Women New Church, la amante de Hunt. 6. Con la Hna.Barbara Ferraro, NDdN, Sor Patricia Hussey rehusó retractarse de firmar el anuncio de CFFC (Católicas por el Derecho a Decidir) publicado en el New York Times, 2 de marzo de 1986. El comentario se hizo en la cena de premios del WOC, en 1987, y se reportó en New Women/New Church.
