Human Life International y
muchas otras organizaciones y personas provida expresan su profunda
preocupación por el suministro del fármaco abortivo, que se conoce como
“píldora del día siguiente” (PDS) o Plan B (en EEUU), incluyendo los casos de
violación. La preocupación responde también a los intentos, por parte del lobby
abortista, de obligar a todos los hospitales, incluyendo los católicos, a
dispensar la PDS a las víctimas de la violación [1]. El suministro de la PDS es
gravemente inmoral por las siguientes razones:
1. No debiera haber ninguna
ambigüedad respecto del efecto abortivo de este fármaco. La información que
proporciona el propio fabricante, Barr Pharmaceuticals, no deja lugar a duda alguna
de que la PDS puede impedir la implantación del recién concebido bebé en el
útero de su madre, causando así un aborto temprano. La etiqueta que acompaña
esta píldora dice: “Este producto funciona principalmente impidiendo la
ovulación. También puede impedir la fertilización [concepción] de un óvulo que
ya ha sido liberado [la unión del óvulo y del espermatozoide] o la anidación de
un óvulo fertilizado en el útero [implantación]”.
2. La Pontificia Academia
para la Vida emitió una Declaración sobre la así llamada “píldora del día
siguiente” el 31 de octubre del 2001, en la cual expresa con toda claridad que
“desde el punto de vista ético la misma ilicitud absoluta de los procedimientos
abortivos aplica a la distribución, receta e ingestión de la píldora del día
siguiente. Todos aquellos, ya sea que compartan o no la intención, que directamente
cooperen con este procedimiento son también moralmente responsables del mismo”.
3. También se debe observar
que la evidencia médica demuestra que las pruebas de embarazo no se pueden usar
para arrojar un resultado exacto en cuanto a detectar el momento de la
fertilización, sino hasta después de la implantación, cuando el embrión, es decir, el nuevo ser humano, ya tiene
aproximadamente una semana de vida. Ello demuestra que serían necesarias las
pruebas de la ovulación. Pero aún éstas presentan graves dificultades, como se
deduce de las siguientes observaciones del Dr. John C. Willke, prestigioso
líder provida de EEUU y a nivel mundial. Según el Dr. Willke, hay tres posibilidades
en el tratamiento de las víctimas de una violación:
a) La víctima no necesitó la
PDS, porque era incapaz de quedar embarazada, porque el óvulo no estaba
presente. También se sabe que el impacto del trauma impide el embarazo. De
hecho, las estadísticas arrojan un porcentaje muy bajo de embarazos en casos de
violación. En EEUU, algunos analistas dicen que es alrededor del 5%, pero el
Dr. Willke dice que su vasta experiencia investigativa le indica que aún ello
es una exageración.
b) La víctima había ovulado,
los espermatozoides estaban presentes y la fertilización sí ocurrió. En ese
caso, el efecto de las píldoras suministradas sería muy probablemente el de
impedir la implantación una semana después, es decir, el de causar un aborto
químico.
c) El organismo de la
víctima estaba programado para ovular muchas horas o aún días después de la
violación. En ese caso, la dosis hormonal posiblemente podría impedir la
ovulación y, por consiguiente, también la fertilización, aunque ese efecto ex post facto tampoco se puede verificar
definitivamente.
4. Además de ello, aún en el
caso de que la prueba de la ovulación haya determinado que ésta no ha ocurrido
todavía, queda una grave dificultad. Según el estudio realizado por el Dr. Chris
Kahlenborn en el 2003, la píldora anticonceptiva solamente logra detener la
ovulación el 50% de las veces. De manera que la fertilización puede ocurrir aún
después de que la píldora haya sido suministrada y podría causar un aborto, ya
que, además de fallar en detener la ovulación, la píldora debilita la capa que
cubre el útero haciendo imposible la implantación, causando así un aborto
temprano.
5. Siguiendo a muchos
moralistas tradicionales y ortodoxos, es moralmente lícito, en el caso de
mujeres violadas, el impedir la concepción por medio un anticonceptivo después
del coito, que en circunstancias normales sería gravemente inmoral y
pecaminoso. Siguiendo a Noldin-Schmitt [2], a Zalba [3] y a Fernández [4],
debemos considerar que es lícito para una mujer el buscar un remedio a la
violación sufrida primero por medio de lo que antes se conocía como el “lavado”
de todas sus partes íntimas. De la misma manera también parece razonable el uso
de productos para destruir los espermatozoides [4]. Evidentemente, estos medios
serían lícitos solamente si no hay ningún tipo de riesgo de causar un aborto,
como correctamente enfatiza Zalba, lo cual no es el caso de la PDS o el Plan B.
Se
trata de un serio problema y debemos esperar en oración por la decisión que
tome la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano.
Este artículo es una adaptación de
un documento un poco más extenso de Mons. Ignacio Barreiro Carámbula, Director
de la Oficina de Human Life International en Roma, a quien agradecemos
profundamente sus observaciones. Además le añadimos las pertinentes
observaciones del Dr. Willke, a quien también agradecemos su colaboración.
Notas:
[1]. Véase, por ejemplo, “State Senate to Hold Final Vote This Coming
Tuesday 2/26/08 on ‘Chemical Abortion Mandate’”, PharmFacts E-News Update – 21 Feb 2008 #2, Phamacists for Life
International.
[2]. H. Noldin, S.J., and A.
Schmnitt, S.J., De Sexto Praecepto e de
Usu Matrimonii, Editio XXXI, Feliciani Rauch, Oeniponte/Lipsiae, 1940, p.
72.
[3]. Marcellinus Zalba, S.I., Theologiae Moralis Summa, v. II, BAC,
Madrid, 1967, p. 147.
[4]. Aurelio Fernández, Violación in Diccionario de Teología Moral, Monte Carmelo, 2005, pp.
1246-1247. *********************************************

