Una profesión apasionante: difundir el verdadero sentido del amor entre los jóvenes
Por Fernando del Castillo


Hace poco más de un año mi mujer, Nieves, y yo fuimos, como representantes de nuestro país, España, a la Cumbre de Líderes de Movimientos por la Vida de todo el mundo, celebrada en Roma. Para algunos de los que allí estábamos, era nuestro primer encuentro con muchos y muchas que durante años habéis dado tanto a este ideal.

Mi esposa y yo durante algunos años habíamos colaborado como voluntarios en la defensa de la vida. Pero en aquella Cumbre, descubrimos que podríamos hacer algo más: Dejar nuestro trabajo anterior y comenzar una nueva profesión apasionante: dedicarnos por completo a difundir el verdadero sentido del amor entre los jóvenes.

Y no era una locura, estaba presente el ejemplo de aquellos otros matrimonios y las palabras del Santo Padre:

"Hay en vosotros una fuerza desinteresada y gratuita, que proviene de la fuerza del espíritu... Es la misma naturaleza de la causa la que os hace fuertes y generosos... Permitidme recordaros que vuestra fuerza mayor reside en la calidad de vuestro testimonio en favor de la dignidad del hombre, de la familia, y de la vida" (Discurso del Papa, 15/11/91).

Ahora a un año vista, agradecemos a Dios y a su Madre Santa María su continua ayuda. Pusimos en marcha la asociación Mass + Vida y la Fundación Solidaridad Humana. La misión de estas dos organizaciones ha evolucionado al ritmo de nuestra propia experiencia en torno a la educación y asistencia muy en la línea del título de este congreso: Amor, Vida y Familia. Nos dimos cuenta que nuestro campo se orientaba especialmente a la prevención, y por tanto, a la educación para el Amor.

Nosotros conocíamos el amor humano verdadero y había que mostrar su encanto frente a los falsos amores; llegar a jóvenes y adolescentes, para que supieran prepararse; a los novios, para que lo viviesen limpiamente; a los esposos, para que lo mantuviesen y acrecentasen y pudieran educar a sus hijos en estos valores...

En este sentido, trabajamos en colaboración con la Conferencia Episcopal, con los Delegados Diocesanos y con los movimientos por la vida y la familia.

Pensamos que la educación en el verdadero amor es clave en la defensa de la vida y la familia.

Desde hace ya unos años, en no pocos países, se lanza a la juventud por un camino de halago de los sentidos. Se trivializa el amor hacia lo exclusivamente sexual.

Por medio de la publicidad, de filmes, publicaciones, falsas campañas de prevención del SIDA... se invade la sociedad con sucedáneos del amor; se la conduce por la búsqueda del placer inmediato.

Parece como si en una intencionada maniobra política se pretendiera narcotizar las mentes, haciendo de los individuos seres pasivos y acríticos, hombres de masa. Si alguien levanta la voz en otra dirección, es dejado a un lado bajo la excusa de la "libertad", de la superación de lo sacro y de los valores tradicionales.

Por desgracia muchos están cayendo en un camino de vértigo, en un callejón sin salida donde sólo encuentran penas físicas: como es el SIDA, la droga, el aborto..., y sufrimientos espirituales, que suelen ser más dolorosos: como la soledad, angustia, desesperación..., familias destrozadas.

En efecto, es un panorama nada alentador, vistas las cosas con objetividad y realismos únicamente humanos.

Debajo de estos problemas marginales, emergen, como puntas de iceberg, toda una serie de causas estructurales que hay que estudiar y acometer, aunque esta sea una empresa difícil y de largo plazo.

La educación, en el auténtico camino del amor verdadero, pasa por la adquisición de pautas para encontrar esa otra senda, que lleva a la generosidad, a la entrega, al descubrimiento de los otros valores de la persona y su dignidad, el verdadero encuentro amoroso. Hace del amor algo grande, abierto al tú y a los demás. Es el camino de la generosidad, de la amistad, de la solidaridad.

Se hace necesario orientar a los padres en la formación de sus hijos para el Amor, pues ellos son los primeros educadores; y a los jóvenes, como forjadores de nuevas familias.

Como ven, se trata de dos pilares fundamentales para los nuevos tiempos: La familia como núcleo vital de la comunidad humana, y los jóvenes que son el baluarte y el futuro de la sociedad.

Houston, abril de 1993.


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