1) ¿Por qué es
necesario tratar más detalladamente las primeras etapas de la vida del embrión
humano?
En el primer capítulo de nuestra obra anterior Vale la pena vivir, abordamos el tema de
la maravilla de la vida humana en el seno materno. Sin embargo, no tratamos lo suficientemente
el comienzo de la vida del ser humano y su desarrollo en las primeras etapas de
su existencia, es decir, desde su concepción hasta su implantación en el útero
de su madre.
En este libro, queremos tratar este tema en más detalle. La
razón de ello, como veremos en los siguientes capítulos, es que, desde hace
algunos años, los ataques contra la vida humana en sus primeras etapas de
existencia se han incrementado como nunca antes, particularmente en el mundo
hispano. Incluso, el movimiento antivida pretende re-definir el comienzo del
embarazo y, por consiguiente, el de la vida del ser humano, diciendo que éste
ocurre en la implantación del nuevo
ser humano en el útero de su madre, en vez de la concepción.
Esta estrategia, como veremos más adelante en el próximo
capítulo, es la que emplea el movimiento antivida para no llamarle “aborto” al
efecto anti-implantatorio de la píldora “del día siguiente” (PDS) o “del día
después” (PDD), así como a otros métodos abortivos. De esa manera, el
movimiento abortista promueve dichos métodos en los países donde todavía el
aborto es ilegal, como es el caso de la mayoría de los países del mundo hispano.
Es necesario, por consiguiente, abordar el comienzo y el
desarrollo de la vida del ser humano en sus primeras etapas de existencia con
todo el rigor científico que se requiere, sin descuidar, al mismo tiempo, que
el lenguaje utilizado sea asequible a todos. Al respecto, es importante señalar
que los datos científicos que vamos a aportar sobre este tema no son nuestras opiniones, sino la
explicación, con un lenguaje más simple, de lo que constituye el consenso de
las más prestigiosas fuentes de la embriología humana del mundo contemporáneo.
En el próximo capítulo, en la respuesta a la pregunta 5, presentamos una lista
de 20 de esas fuentes, las cuales el lector podrá consultar a su conveniencia.
2) ¿Cuándo comienza la vida humana?
Hablando estrictamente desde el punto de vista científico, la
pregunta “¿cuándo comienza la vida humana?”, no está bien formulada. La pregunta correcta es “¿cuándo comienza la vida del ser humano”? Ahora bien, para
responder a esta segunda y auténtica pregunta, vamos a repasar algunos datos
científicos acerca del comienzo de la
vida de un nuevo ser humano.
Todo organismo vivo tiene una calidad específica y un número
específico de cromosomas, que
distingue a cada miembro de una especie de las demás especies [1]. Los
cromosomas son estructuras parecidas a hilos, que se encuentran en cada núcleo
de cada célula y que portan los genes. Los genes son las unidades básicas que,
a su vez, contienen los rasgos hereditarios de ese organismo vivo [2]. En el
caso de los seres humanos, cada célula somática,
es decir, cada célula del cuerpo, contiene
46 cromosomas [1].
Sin embargo, también hay unas células humanas que solamente tienen
23 cromosomas. Esas células son los espermatozoides
del hombre. Los espermatozoides son células germinales
ya maduras [3]. Se les llama “germinales”,
porque tienen la capacidad de hacer “germinar”, o dicho más correctamente, de engendrar
a un nuevo ser humano, como explicaremos más abajo.
La mujer también tiene unas células germinales, que cuando ya han madurado se llaman ovocitos [3]. Los ovocitos, a diferencia
de los espermatozoides, tienen 46 cromosomas [3]. Sin embargo, como veremos en
breve, llega un momento en que el número de cromosomas del ovocito se reduce a
la mitad, quedándose también en 23, al igual que los espermatozoides.
Las células germinales primitivas
del hombre y de la mujer, respectivamente, pasan por un proceso de maduración
que se llama gametogénesis. La
gametogénesis es, pues, el proceso de “génesis”, es decir, de surgimiento, o
más exactamente, de maduración de las
células germinales primitivas del hombre y la mujer, respectivamente, y cuyo
resultado es la formación de unas células germinales ya maduras [3], que se llaman gametos [4]. El gameto masculino se
llama precisamente espermatozoide y
el gameto femenino se llama ovocito.
Cuando el
espermatozoide y el ovocito se unen, es decir, cuando se da lo que normalmente
llamamos “concepción”, pero cuyo nombre más exacto es fertilización, ocurre algo muy radical desde la perspectiva
biológica. En el acto conyugal, el esposo deposita en la esposa unos 300
millones de espermatozoides, pero sólo uno llega a las trompas de Falopio de la
esposa [5]. Si en ese momento se encuentra con un ovocito, que ha sido
previamente liberado por uno de los dos ovarios de la esposa [6], entonces el espermatozoide
lo fecunda o fertiliza, para dar comienzo a la existencia de un nuevo ser
humano, el cual, en esa primerísima etapa, está compuesto de una sola célula y
se llama cigoto [3,7]. En ese mismo
proceso de la fertilización es cuando el ovocito pierde 23 de sus cromosomas y
se queda con los otros 23, que al unirse a los 23 del espermatozoide completan los 46 característicos de la
especie humana [1].
Vamos a
precisar más aún lo que hemos dicho. Los gametos (el espermatozoide del padre y
el ovocito de la madre) dejan de ser lo
que eran, para unirse y dar comienzo a la existencia de un nuevo y único ser humano viviente, que
tiene los 46 cromosomas que lo identifican
como un miembro de la especie humana. Antes de la fertilización, cada uno
de los gametos, el espermatozoide y el ovocito, eran simplemente células que
poseían vida humana, es decir, eran células humanas vivas. Pero, a partir de
ese singular evento de la fertilización, es decir, de la unión del
espermatozoide y del ovocito en una de las dos trompas de Falopio de la madre
[5], ya no tenemos simplemente una “vida humana”, sino un nuevo ser humano viviente, radicalmente distinto, desde el punto
de vista biológico, del espermatozoide y del ovocito. Al respecto, los
especialistas en embriología humana Moore y Persaud nos enseñan lo siguiente: “El
cigoto es la célula que resulta de la
unión de un ovocito y un espermatozoide. El cigoto es el comienzo de un nuevo ser humano (es decir, el embrión)” [7].
Por
ello es que comenzamos la respuesta a la pregunta formulada arriba de “¿cuándo
comienza la vida humana?” reformulando dicha pregunta en “¿cuándo comienza la vida del ser humano?” Y la respuesta
a esta segunda y auténtica pregunta es que la vida del ser humano usualmente comienza en la concepción, o
más exactamente aún, en la fertilización,
es decir, en la unión del espermatozoide y del ovocito.
La
razón por la cual decimos que la vida del ser humano usualmente comienza en la fertilización, es porque, aunque en la
inmensa mayoría de los casos es ahí donde comienza la vida del ser humano, hay
casos excepcionales, como la gemelación (cuando surgen los gemelos), donde la
vida del ser humano comienza de otra manera. De ello trataremos más adelante. Pero
el asunto fundamental aquí es que la fertilización es definitivamente el
momento en que comienza la vida de la mayoría de los seres humanos y que tanto éstos,
como aquellos cuya vida comenzó de otra manera, portan los 46 cromosomas que
los identifican como miembros de la especie humana.
A
continuación, vamos a profundizar más aún nuestro entendimiento del carácter
único del nuevo ser humano que surge a partir de la fertilización.
3) ¿Qué ocurre en la
fertilización e inmediatamente después?
La fertilización es un proceso que comienza cuando un
espermatozoide hace contacto con un ovocito, y termina cuando los cromosomas
maternos y paternos se mezclan, dando como resultado una célula que se llama cigoto. El cigoto ya es un ser humano viviente, que tiene los 46 cromosomas que
distinguen a los miembros de la especie humana de cualquier otra especie [7,8].
Inmediatamente
después de completada la fertilización, el cigoto produce proteínas (los
constituyentes esenciales de todas las células vivas) y enzimas específicamente humanas [9]. Las enzimas
son “proteínas que actúan como catalíticos en reacciones químicas vitales” [10].
Una vez completada la fertilización, el cigoto comienza a dirigir genéticamente su propio crecimiento y desarrollo; y no su madre [11].
Esto
último demuestra una vez más que el nuevo ser humano es un organismo biológica
e individualmente vivo, distinto de la madre e intrínsecamente independiente de ella (aunque no externamente,
claro, como lo son también los niños pequeños). Es un miembro único e
irrepetible de la especie humana. No se trata de una “una vida humana potencial”,
sino de un ser humano con mucho potencial
(si lo dejan seguir viviendo). El especialista en embriología humana, William
Larsen, haciéndose eco de sus muchos otros colegas, lo expresa certeramente
diciendo: “Comenzamos nuestra descripción del ser humano en desarrollo con la
formación y la diferenciación de las células sexuales masculinas y femeninas o
gametos, las cuales se unirán en la fertilización, para iniciar el desarrollo
embrionario de un nuevo individuo” [12].
Por otro lado, el espermatozoide y el ovocito, separadamente,
no pueden convertirse, por sí mismos, en seres humanos. De hecho, en el caso
del ovocito, si éste no es fecundado por el espermatozoide, sólo vive un
promedio de doce horas [5] y los demás espermatozoides que no lograron fecundar
al ovocito mueren en menos de 72 horas [13]. Además, tanto el ovocito como el
espermatozoide solamente producen proteínas y enzimas propias de los gametos.
Tampoco dirigen su propio crecimiento y desarrollo. En fin, no son individuos,
es decir, no son miembros de la especie humana; sino sólo partes de un ser humano [1]. De nuevo, los gametos poseen vida humana, porque pertenecen a
un ser humano; mientras que el cigoto es ya
un ser humano.
Hay otros elementos de capital importancia que debemos
señalar en relación con la fertilización. Pero los vamos a dejar para cuando
respondamos a las objeciones que se han presentado contra el carácter de ser
humano del embrión.
4) ¿Cuáles son las
otras etapas del desarrollo del embrión humano?
Al hablar de las otras etapas importantes en el desarrollo
del embrión humano, debemos aclarar que el término científico de embrión es el que usualmente se utiliza,
para referirse al ser humano desde la fertilización hasta el final de la octava
semana de la gestación. A partir del comienzo de la novena semana hasta el
parto, el término científico que usualmente se usa para referirse al ser humano
no nacido es el de feto [14].
Sin embargo, a pesar de que usualmente se le llama “embrión”
al ser humano desde la fertilización hasta el final de la octava semana,
también se utilizan otros términos científicos para referirse a ciertas etapas
importantes del desarrollo del ser humano durante su fase embrionaria. Como ya
hemos señalado, se le llama cigoto al
ser humano en la primerísima etapa de su vida, es decir, en su mismo comienzo,
cuando está constituido por una sola célula, apenas completada la fertilización
y como resultado de ella [7].
Una vez que surge el cigoto, éste no se convierte en otra cosa, sino que simplemente continúa creciendo y
desarrollándose. De hecho, comienza un proceso que se llama mitosis. Este proceso es el de la
división celular. Es decir, el cigoto se divide en dos células, luego en tres y
luego en cuatro –y a partir de ahí se divide en múltiplos de dos: seis, ocho,
diez, etc. [15]. A los cuatro días de concebido, cuando el embrión ya tiene
doce células, se le llama mórula [16].
De cinco a siete días de concebido, el embrión recibe el
nombre científico de blastocisto [16]. Durante esos días, el embrión, que ha estado moviéndose a través de la
trompa de Falopio donde fue concebido, llega y se implanta en el útero de su madre, donde permanecerá, creciendo y
desarrollándose, hasta que nazca [14]. Es interesante y maravilloso constatar
que, antes de su implantación, el embrión le envía señales hormonales al endometrio (que es la membrana que cubre
el útero) [17], para indicarle que se prepare para la implantación y el endometrio le responde también hormonalmente [18].
Es como si el embrión le dijera a su madre: “¡Ya estoy aquí! ¡Por favor,
prepárame una cunita!” Y la madre le responde: “¡Ven, hijito (o hijita), y
acomódate aquí!”.
Las hormonas son
“sustancias químicas naturales del cuerpo que producen o estimulan la actividad
de un órgano” [19]. Por ejemplo, la progesterona,
que es una hormona segregada por los ovarios de la mujer [20], tiene por
finalidad preparar el endometrio para la implantación y luego sostener el
embarazo [21].
5) ¿Cuáles son las
principales objeciones contra el hecho de que el embrión es un ser humano?
Como ya hemos señalado, los especialistas en embriología
humana nos enseñan que la vida del ser humano no nacido se divide en dos
grandes etapas, cuyos términos correctos son: embrión (desde su concepción hasta
el final de la octava semana) y feto (desde el comienzo de la novena semana
hasta el nacimiento). Por consiguiente, las principales objeciones contra el
hecho de que el embrión humano desde su concepción en adelante es un ser humano,
que vamos a presentar y a refutar en esta sección, son las siguientes [1]:
-- El embrión no es un ser humano porque no luce como un ser
humano.
-- El “embrión” es simplemente un conjunto de células, una
masa de tejido.
-- El embrión y el embarazo en realidad comienzan en la
implantación.
-- El “embrión” en realidad no es un embrión hasta el día 14,
sino sólo un “pre-embrión”.
-- No puede haber ser humano hasta la aparición del cerebro
en la octava semana.
Después presentaremos sumariamente las etapas del desarrollo
del ser humano en su fase fetal.
6) ¿Qué podemos
responder a los que dicen que el embrión no es un ser humano porque no luce
como tal?
Si esta objeción se limitara solamente a lo que aparenta ser,
se trataría de un argumento muy tonto, superficial y supremamente ridículo. Sin
embargo, en esta objeción se esconde un argumento contra el estatuto de ser
humano del embrión que, aunque también falso, es más peligroso de lo que
pensamos.
Lo que en realidad esta objeción está planteando es que, como
el embrión no luce como un ser humano más desarrollado (bebé recién nacido,
niño, adulto, etc.), no es un ser humano, porque en ese proceso de desarrollo,
según este argumento, hay cambios en el
ser mismo de ese ser hasta que se convierte en ser humano. Es decir, para
los que promueven esta objeción, las etapas del desarrollo del embrión, al no
“lucir éste como un ser humano”, indican saltos
evolutivos en el estatuto biológico del ser que se está gestando.
Sin embargo, este argumento es totalmente falso desde el
punto de vista biológico. Como ya hemos indicado, basándonos en los
especialistas en embriología humana, las etapas del desarrollo del embrión
humano no significan para nada aumentos
en su calidad de ser hasta alcanzar el estatuto de ser humano, sino solamente
etapas en las cuales crecen y se manifiestan cada vez más las características
propias del ser humano.
En realidad la objeción no toma en cuenta que el desarrollo
del ser humano, desde su concepción en adelante, es un desarrollo contínuo y homogéneo. Es decir, es un desarrollo en el
que, desde su comienzo en la concepción, ya
es un ser humano que simplemente crece y se desarrolla, pero cuyo
crecimiento y desarrollo no añaden nada
de humanidad a ese ser, porque ya la tiene, sino sólo tamaño y desarrollo
de sus distintos órganos y partes.
¿Cómo podemos demostrar esto que acabamos de afirmar? Muy
sencillamente. La respuesta está en lo que ocurre en la fertilización, que ya
hemos señalado arriba. Una vez completada la fertilización, el ser que resulta
de ella, el cigoto, ya tiene los 46 cromosomas que lo distinguen como otro
miembro más de la raza humana [1].
Pero ello no es todo. Dijimos arriba que había otros aspectos
de capital importancia de la fertilización que íbamos a abordar cuando
enfrentáramos las objeciones contra el carácter de ser humano del embrión. Pues
bien, uno de esos otros aspectos es que, una vez completada la fertilización y
precisamente porque el cigoto ya tiene los 46 cromosomas propios del ser
humano, ese cigoto posee toda la
información genética que determinan sus características corporales, no sólo
como un miembro más de la especie humana, sino como un individuo único e
irrepetible de ella. En efecto, ya habíamos dicho que en los cromosomas se
encuentran los genes, los cuales a su vez portan los rasgos hereditarios
propios de cada ser humano individual. Esos rasgos son aportados por los 23
cromosomas de la madre y los 23 del padre [1,2].
El cigoto, pues, tiene una configuración genética (el
genotipo) única y distinta del padre y de la madre, que determina su sexo, su
tipo de sangre, su tamaño, el color de la piel, etc., etc. Todo lo que ese ser
humano es en ese momento y todo lo que luego, con su desarrollo, va a ir
manifestando, está programado en esa
primera célula, que llamamos cigoto y que es ya un ser humano. Sólo va a
necesitar tiempo, alimentación y un ambiente adecuado para su crecimiento y
desarrollo [1,2,14].
El caso del sexo del cigoto o embrión es particularmente
significativo. El padre del embrión es el que determina el sexo de este último.
Ello se debe a que de los 23 cromosomas que aporta el espermatozoide, 22 son
autosomas (= los cromosomas que no son ni masculinos ni femeninos [22]) y 1 es
un cromosoma masculino (llamado Y) o femenino (llamado X); mientras que de los
23 cromosomas que aporta el ovocito de la madre, 22 son autosomas y 1 es siempre X. De manera que al unirse los
23 pares de cromosomas en la fertilización, dando como resultado el total de 46,
el cigoto tiene 22 pares de autosomas, y un par de cromosomas unidos compuestos
de XX (niña) o de XY (niño) [23].
Hay, sin embargo, otro aspecto de esta misma objeción, que
también debemos responder. Este otro aspecto podría presentarse de la siguiente
manera: “Algunas etapas tempranas del desarrollo del embrión humano y del feto,
como, por ejemplo, durante la formación de las ancestrales agallas o colas de
los peces, demuestran que no es todavía un ser humano, sino sólo que está en
proceso de llegar a serlo. Se trata simplemente de una ‘recapitulación’ de la
evolución histórica de todas las especies” [24].
A este fantasioso “argumento” respondemos simplemente citando
a O’Rahilly y a Müller, dos de las más
destacadas autoridades, a nivel mundial, del campo de la embriología humana:
“La teoría que dice que las sucesivas etapas del desarrollo
del individuo (ontogénesis) ‘recapitulan’ o corresponden a sucesivos ancestros
adultos en la línea de una descendencia evolutiva (filogénesis), se hizo
popular en el siglo XIX como la mal llamada ley biogenética. Esta teoría de la
recapitulación, sin embargo, ha tenido una ‘lamentable influencia en el
progreso de la embriología’ [aquí O’Rahilly y Müller están citando a de Beer, otro especialista en la
materia] ... Además, durante su desarrollo, un animal se aparta cada vez más de
la forma de otros animales. De hecho, las primeras etapas del desarrollo de un
animal no son como las etapas adultas de otras formas, sino que se parecen
solamente a las primeras etapas de esos animales” [25].
En conclusión, podemos afirmar de forma inequívoca y categórica
que el embrión humano o el feto en desarrollo no es un “pez” o una “rana”, sino
un ser humano [26].
7) ¿Qué podemos
responder a los que dicen que el embrión no es un ser humano, porque es
simplemente “un conjunto de células” o “una masa de tejido” y que es “parte de
la madre”?
Volvamos a explorar lo que ocurre en la fertilización y en
las implicaciones de ello para el desarrollo ulterior del embrión humano. Ya
hemos señalado que, una vez completada la fertilización, el cigoto que resulta
de ella tiene una composición genética que le es propia y que es distinta del
padre y de la madre, aunque proviene de ambos. Hemos dicho también, que en esa
estructura genética está programado todo
lo que es y desarrollará ese embrión humano. Ahora queremos añadir algo que en
realidad ya dijimos, pero que aquí cobra una importancia especial. Dijimos que el
embrión dirige su propio crecimiento
[11]. Esta dirección está impartida en la programación genética que se
encuentra en el cigoto como resultado de la fertilización.
Vamos a explicar esto un poquito más. Hemos dicho que en cada
célula del cuerpo humano hay 23 pares de cromosomas. Esos 23 pares de
cromosomas son como unos hilos enrollados muy apretadamente que juntos forman
un hilo grande, que si se desenrrollara mediría como un metro de largo. Ese
“hilo grande” es una molécula de ADN (= Ácido Desoxiribo Nucleico), sin
embargo, ¡la cantidad de materia que contiene es equivalente a la de dos
aspirinas! Con todo, la importancia del ADN es capital, pues contiene la
codificación genética que es única para cada persona [27]. Tan así es, que
actualmente se utiliza el ADN para identificar, por ejemplo, los restos de
personas que han muerto en la guerra [28].
El ADN contiene el lenguaje de la vida, o mejor aún, “la sinfonía
de la vida”, como ha dicho elocuentemente el eminente especialista en genética
y el que descubrió la causa del Síndrome de Down, el ya difunto Dr. Jerome Lejeune
[29]. Es decir, en el ADN de esa primera célula (el cigoto) que es ya el ser
humano, están contenidos todos los “mensajes”, que luego irán manifestándose e
“instruyendo” a ese organismo respecto de qué tiene que desarrollar, etc. Ello
implica también que las células que componen al embrión en sus primerísimas
etapas de desarrollo se comunican entre
sí [30]. Es decir, forman un todo
sincronizado. No son simplemente “un puñado de células” ni tampoco son
“parte de la madre”, como algunos pretenden hacernos creer.
8) ¿Qué podemos
responder a los que dicen que el embrión y el embarazo comienzan en la
implantación y no en la fertilización?
Esta objeción la vamos a responder en detalle en el próximo
capítulo, concretamente en la respuesta a la pregunta 5 del mismo.
9) ¿Qué podemos
responder a los que dicen que el “embrión” en realidad no es un embrión hasta
el día 14, sino sólo un “pre-embrión”?
El falso y anti-científico término de “pre-embrión” y el
también falso argumento que lo acompaña, probablemente han hecho más daño al respeto
debido a la vida humana en sus primerísimas etapas, así como a la ciencia misma
de la embriología humana, que todas las demás objeciones que hemos presentado.
Desde que este término fue inventado, a finales de los años 70, ha servido de
base falsamente considerada “científica”, para justificar toda la gama que
existe de experimentos destructores de embriones humanos, así como de las
técnicas de reproducción asistida que implican la muerte de estos pequeños
seres humanos, como la fecundación in vitro [31].
El argumento del “pre-embrión” dice que aunque el “producto”
de la fertilización es genéticamente humano, no es todavía “un individuo en
desarrollo” y, por lo tanto, no es un embrión, sino un “pre-embrión”. En otras
palabras, para lograr el estatuto de ser humano es necesario lograr primero “la
individualidad de desarrollo” [32]. Resumiendo, los que proponen este argumento
están diciendo que el embrión hasta el día 14 (desde la fertilización) no es un
ser humano individual.
El argumento consiste en decir que como las células del
embrión antes del día 14 son totipotentes
--es decir, cada una de ellas por separado se podría convertir en un individuo--,
entonces no tenemos todavía un ser humano individual
en esta etapa, porque, incluso, puede ocurrir la gemelación [33]. Hay que
aclarar que la importancia que este argumento le da al día 14, radica en el
hecho de que poco antes de ese día (el día 12) es que se forma la estría primitiva [34]. La estría
primitiva es una banda de color oscuro que marca el futuro áxis longitudinal
del embrión [35].
Este argumento es simplemente un disparate desde el punto de
vista de la embriología humana. La gemelación puede ocurrir después del día 14, como es el caso de
los gemelos siameses [36].
En realidad, ¿qué importa que las células del embrión humano
en esa etapa sean totipotentes? Ya hemos señalado que éstas se comunican entre
sí. Si el “mensaje” enviado desde la fertilización es que la gemelación va a
ocurrir, ¿acaso no debemos respetar más aún a los dos seres humanos que hay presentes en esas células? ¿Y qué hay
de los otros casos (que son la inmensa mayoría), en los que no se da la gemelación, no son acaso
seres humanos individuales?
El especialista en genética de origen italiano, Angelo Serra,
lo explica muy certeramente al referirse al caso de los gemelos monocigóticos,
es decir, de los gemelos que surgen de un solo cigoto en sus primeros días de
vida: “Si, por la intervención de factores todavía no precisados, una parte de
él –una célula o un grupo de células—se divide o se separa y consigue continuar
su propio desarrollo, el hecho de que resulten dos individuos no demuestra en
absoluto que en el embrión original esté ausente aquella unidad en la totalidad
que consituye el individuo” [37].
Lo que esto significa es que, en casos excepcionales, el
comienzo de la vida de un ser humano (el gemelo que se separó), se puede dar en
ese momento de la gemelación, en vez de en la concepción. Por ello, hay que
precisar, como ya habíamos anticipado más arriba, que la vida del ser humano usualmente comienza en la fertilización,
porque hay casos poco comunes, pero que suceden (la gemelación), en que dicha vida
comienza un poquito después [38].
Serra también se expresa muy certeramente respecto de la
aparición de la estría primitiva, diciendo que ésta “representa el punto de
llegada de un proceso ordenado en sus mínimas consecuencias... que se ha
iniciado en el momento en que se formó el cigoto” [37]. En otras palabras, lo
que este eminente científico italiano está diciendo corrobora lo que ya
habíamos afirmado anteriormente, a saber, que en la fertilización se programó todo lo que luego se va a desarrollar y
manifestar (incluyendo la estría primitiva) en la vida del embrión humano, “sin
ninguna discontinuidad ... con una actividad intrínseca, un diseño proyectado y
programado en su mismo genotipo” [37].
Francamente, todo este argumento del dichoso “pre-embrión” no
es otra cosa que un mito sin fundamento científico alguno. Volvamos a citar a
O’Rahilly, quien es miembro de la directiva internacional de la Norma
Embryologica, la entidad que determina los términos científicos correctos a ser
usados en los textos de embriología humana de todo el mundo: “El mal definido e
inexacto término de ‘pre-embrión’ ... Ese término no es usado en este libro” [39].
El emimente científico Jerome Lejeune también descarta este término diciendo: “No
hay ninguna necesidad de una sub-clase que se llame ‘pre-embrión’. Antes del
embrión lo que hay es un espermatozoide y un ovocito, eso es todo” [40]. El
“pre-embrión” simplemente no existe, excepto en la mente de aquellos que lo han
inventado.
10) ¿Qué podemos
responder a los que dicen que no puede haber un ser humano hasta la octava
semana, cuando aparece el cerebro?
Esta objeción intenta fundarse en la clásica definición
filosófica de la persona humana como “una sustancia individual de naturaleza racional” [41]. Esta definición ha
influido mucho en el pensamiento occidental, desde por lo menos la Edad Media
hasta nuestro días [42].
Sin embargo, aunque la definición en sí misma es correcta
(aunque limitada), los que intentan utilzarla para descartar la naturaleza de
ser humano del embrión hasta la aparición del cerebro funcional, se equivocan
rotundamente. Y dicha equivocación se da tanto a nivel biológico como
filosófico.
A nivel biológico, tenemos que constatar, como dice Serra,
que en el desarrollo del embrión humano “se da una intensísima vida de relación
entre células, tejidos y órganos, mantenida por un continuo, intenso, ordenado
y coordinado aumento de células nerviosas [ya] entre la cuarta y sexta semana, cuando aparece el tubo neural, se
forman las vesículas cerebrales, empienzan a organizarse los nervios cerebrales
y se dan las primeras manifestaciones morfológicas de la corteza cerebral”
[43]. Es decir, en primer lugar, las bases del sistema nervioso y del cerebro
se empiezan a establecer ya desde mucho antes que la octava semana, como nos
acaba de señalar Serra.
Pero dejemos que el científico italiano nos siga ilustrando
sobre esta fase del maravilloso desarrollo del embrión humano: “Nos encontramos
[en la octava semana] no ante una fase terminal de un proceso dinámico vital
donde se inicia la desintegración del individuo. Al contrario, estamos en
presencia de un proceso unitario y unificante de todas las partes que van
apareciendo paulatinamente: es el sujeto humano en desarrollo que, por la ley
ontogenética, exige una diferenciación gradual, y por tanto también la gradual
formación de las estructuras cerebrales. Es
una gradualidad que no supone saltos cualitativos, sino sólo crecimiento de
expresión de las potencialidades ya inscritas en el cigoto” [43].
Lo que Serra está diciendo, y que en realidad ya hemos dicho
al responder a la objeción anterior, es que en el cigoto ya está contenido de
forma programática, es decir, en su genotipo o composición genética, todo lo que ese ser humano es e irá
desarrollando y manifestando con el tiempo, incluyendo la aparición gradual del
cerebro. Cuando Serra habla de la “ley ontogenética”, se está refiriendo a lo
que dice un poquito después, cuando afirma que el desarrollo del embrión se
caracteriza por una “gradualidad que no supone saltos cualitativos, sino sólo
crecimiento de expresión de las potencialidades ya inscritas en el cigoto”.
Ello quiere decir que el embrión humano se va desarrollando sin que cambie o
aumente su ser hasta convertirse en ser humano, sino que, dentro de ese
desarrollo, sigue siendo lo que ya es
desde su etapa de cigoto: un ser
humano. De manera que “ontogénesis” simplemente significa el desarrollo
de un ser sin cambios en cuanto a su estatuto de ser lo que ya es.
Esta última constatación, que proviene del dato biológico,
sirve también para responder al segundo aspecto de la objeción: el aspecto
filosófico. No es el propósito de esta obra, ni tampoco tenemos el espacio,
para adentrarnos en la cuestión filosófica del estatuto de persona humana.
Dejamos esa importante cuestión a la amplia bibliografía que existe sobre el
tema [44]. Simplemente queremos señalar que la naturaleza racional del embrión humano ya está presente en el
cigoto, por cuanto en él ya está programada la aparición de su cerebro, que es
el órgano que nos hace capaces, a los seres humanos, de la actividad racional.
En esto último, hay que señalar algo muy importante. La
definición clásica de persona humana, en la cual intenta falsamente basarse la
objeción que estamos refutando, no habla de una actividad racional, sino de una naturaleza
racional. Es decir, el ser de la
persona humana tiene la capacitad inherente
para desempeñar la función racional. Pero esa capacidad puede estar temporal o
permanentemente impedida, por factores como el propio crecimiento, la
enfermedad, la vejez o las lesiones causadas por accidentes. De otro modo,
caeríamos en el peligroso y absurdo argumento de decir que tampoco los recién
nacidos, los niños muy pequeños, las personas con limitaciones mentales, las
personas en estado comatoso, los enfermos de Alzheimer y los ancianos en estado
de senilidad, no son personas o seres humanos, es decir, miembros de la especie
humana, porque no pueden desempeñar una actividad racional. Incluso,
¡tendríamos que negarle el estatuto de ser humano a las personas cuando están
durmiendo!
Hay algunos que hasta llegan a decir el sin sentido de que el
embrión es un ser humano, pero no una persona
humana. A esos tales podemos reponderles con la siguiente pregunta: ¿Acaso
puede haber una ser humano, es decir, un miembro de la especie humana, que no
sea una persona? ¿Y quiénes van a determinar, de todos los seres humanos que
existen, quiénes son personas y quiénes no? Esa es una postura, además de
falaz, muy peligrosa y egoísta, que sirve (y de hecho, ha servido), para
justificar toda clase de atropellos contra los derechos humanos.
11) ¿Cuál sería un
breve resumen de las principales etapas del desarrollo del embrión humano?
A continuación vamos a resumir brevemente todo lo que hemos
dicho acerca del desarrollo del embrión humano. Añadiremos algunos otros datos
importantes de esta fase embrionaria, la cual, como ya hemos señalado, va desde
el comienzo de la vida del ser humano en la fertilización (la unión del ovocito
y del espermatozoide), hasta el final de la octava semana:
-- Cigoto: el embrión humano de un sola célula que resulta de
la fertilización, la cual marca el comienzo de la vida del ser humano.
-- Mórula: el embrión humano de doce células, a los cuatro
días de la fertilización.
-- Blastocisto: el embrión humano a los 5 ó 7 días de la
fertilización, cuando está en proceso de implantarse en el útero de su madre. El
proceso de la implantación puede durar hasta el 90 día después de la
fertilización. En esa etapa, el embrión humano ya tiene 256 células [45].
-- A los 14 días (dos semanas) de concebido, el período
menstrual de la madre es suprimido por medio de señales químicas emitidas por
el propio embrión humano. En esta etapa ya se han completado las primeras células
del cerebro [45].
-- A los 20 días (3 semanas), el corazón del embrión ya se encuentra en sus etapas avanzadas de
desarrollo. Los ojos comienzan a formarse. El cerebro, la espina dorsal y el
sistema nervioso están virtualmente completos [45].
-- A los 24 días (3 semanas y media), el corazón del embrión ya comienza a latir [45].
-- A los 28 días (4 semanas o 1 mes), los músculos del
embrión se están desarrollando. Ya se pueden observar las protuberancias que se
desarrollarán en las extremidades. Aparecen las primeras células neocórticas.
La neocorteza es la sede del pensamiento y del raciocinio en todas sus
complejidades, no se encuentran presentes en ningún otro mamífero. Para esta
etapa, el tamaño del embrión ha aumentado 10 mil veces. Ahora mide 6 ó 7
milímetros (= ¼ de pulgada) de largo. La sangre fluye a través de sus venas,
separadamente de la de su madre [45].
-- A los 35 días (5 semanas), se está formando la glándula
pituitaria [46]. La boca, los orejas y la nariz van tomando forma [45].
-- A los 42 días (6 semanas o mes y medio), el embrión tiene
ondas cerebrales, que pueden ser medidas con un electroencefalograma [46].
-- A los 49 días (7 semanas), el embrión “nada libremente en
el saco amniótico como un nadador natural” [47].
-- A las 8 semanas, todos los órganos están presentes,
completos y funcionando, excepto los pulmones. Responde al estímulo que se le
proporcione al saco amniótico [45]. Comienza a tragar el líquido amniótico [48].
12) ¿Por qué es
necesario volver a tratar, aunque sea resumidamente, las otras etapas del
desarrollo del niño no nacido?
Volveremos a incluir, aunque con los necesarios retoques, las
otras etapas del desarrollo del ser humano no nacido (desde que es un feto) hasta
su nacimiento. Ello es necesario por dos razones.
La primera de ellas es que el movimiento antivida continúa
promoviendo, como nunca antes, la legalización del aborto quirúrgico en América
Latina. Por ejemplo, ya muchos conocen la tragedia de Colombia, país cuyas
leyes defendían al ser humano no nacido en toda circunstancia, pero donde, sin
embargo, la Corte Constitucional, el 10 de mayo del 2006, sentenció a favor de
la despenalización de este crimen en ciertos casos [48].
La segunda razón es que ese mismo movimiento ativida está
recrudeciendo aún más la práctica del aborto quirúrgico donde éste ya es legal.
En España, por ejemplo, donde el aborto quirúrgico, desgraciadamente, es legal,
los aborteros han comenzado a matar bebitos no nacidos de más de siete meses de
gestación [49].
Por consiguiente, es necesario insistir una vez más en la
maravilla de la vida y del desarrollo del ser humano no nacido en todas sus
etapas. Dejaremos para el capítulo 7 el tema de los principales argumentos y
estrategias abortistas, así como sus correspondientes refutaciones.
13) ¿Cuál sería un breve resumen de las principales etapas del desarrollo
del niño no nacido en su fase fetal?
Continuamos presentando las etapas
principales del desarrollo del ser humano no nacido, ahora en su fase fetal,
que va desde el comienzo de la novena semana hasta su nacimiento.
-- A las nueves semanas, debido al uso
extendido de la ecografía, sus padres u otras personas pueden ver al bebé no
nacido moviéndose en el vientre materno [50].
-- Entre las 10 y 11 semanas, el bebé
puede “respirar” el líquido amniótico y puede orinar [51]. También puede
agarrar objetos con sus manos [52]. A las 11 semanas, sus pies están
perfectamente formados. Ya tiene uñas, párpados y huellas dactilares [53]. A
partir de esta edad, solamente le falta crecer y madurar sus órganos, todos los
cuales ya están presentes y funcionando. Ya tiene una estructura de esqueleto,
nervios y circulación [54].
-- A las 12 semanas, el bebé ya ha
desarrollado las partes del cuerpo que hacen
posible el sentir dolor, incluyendo todos los nervios, la médula espinal y
el tálamo [55].
-- A las 13 semanas, la expresión facial
del bebé no nacido se parece a la de sus padres. Sus movimientos son vigorosos
y elegantes. Sus cuerdas vocales ya están presentes y, en casos excepcionales,
cuando ha entrado aire temporalmente al útero, se le ha escuchado llorar. Su
sentido auditivo ya está presente también [45].
-- A los 4 meses, la madre puede que
sienta por primera vez los movimientos del bebé dentro de ella. Los movimientos
rápidos de los ojos del feto, los cuales se pueden grabar, indican que está
soñando. Si se hace brillar una luz muy intensa sobre el abdomen de la madre,
el bebé moverá lentamente sus brazos para cubrirse los ojos. La música muy
ruidosa causará que se cubra los oídos. Las conexiones entre la neocorteza y
los músculos que la controlan comienzan a aparecer [45].
-- A los 5 meses, el bebé ha formado sus
propios hábitos de dormir y un ruido muy elevado, como un portazo, puede asustarlo.
Una melodía suave puede adormecerlo [45].
-- A los 6 meses o 24 semanas, el bebé
ya pesa 640 gramos (unas 22 onzas) y mide
aproximadamente 23 centímetros (unas 9
pulgadas). La mayoría de los bebés no nacidos a esta edad son viables, es
decir, pueden sobrevivir fuera de su madre con la tecnología médica disponible
[45]. Aunque, a decir verdad, la medicina avanza cada día más y, por lo tanto,
la frontera de la viabilidad es cada vez más temprana. Por ejemplo, tenemos el
caso de Kenya King, una bebé que nació a las 19 semanas (un poco más de los 4
meses y medio). Pesaba solamente un poco más de unos 375 gramos (18 onzas),
cuando nació en el Estado de la Florida, en EEUU, el 16 de junio de 1985. En
muchos países, es frecuente que la medicina salve a niños no nacidos, que
logran nacer a las 21 ó 22 semanas de gestación [56].
-- A los 7 meses, el bebé pesa más de 1
kilogramo (2,2 libras). Abre y cierra los ojos explorando su entorno. Reconoce
la voz de su madre [45].
-- A los 8 meses pesa más de 2 kilogramos
(4,4 libras). Ahora su morada materna se ha congestionado. Si tuviera que nacer
en este momento, su probabilidad de sobrevivir y de ser completamente normal
sería de más del 90% [45].
-- Normalmente a los 9 meses (40
semanas) es que el bebé está listo o lista para nacer. ¿Estamos listos nosotros
para darle la bienvenida?
14) ¿Dónde puedo encontrar más información sobre este tema?
Vida Humana Internacional (VHI) tiene
muchísima información sobre éste y otros temas en su portal http://www.vidahumana.org. En el caso del
maravilloso desarrollo del ser humano en el vientre materno, recomendamos la
sección “El desarrollo prenatal”, que se encuentra haciendo “click” en el ícono
que tiene una foto de un bebé no nacido a las ocho semanas de concebido y que
se encuentra en la parte superior izquierda de la misma página de entrada del
portal de VHI. A esta sección también se puede tener acceso haciendo “click” en
el siguiente enlace:
http://www.vidahumana.org/vidafam/desarrollo/desarrollo_index.html.
Estamos seguros que la combinación de
textos y hermosísimas imágenes, incluyendo en “power point”, que allí se
encuentran, no sólo será de mucha utilidad informativa para el visitante, sino
también de gran satisfacción y deleite.
Notas:
[1]. B. Lewin, Genes
III (New York: John Wiley and Sons, 1983), pp. 9-13; A. Emery, Elements of Medical Genetics (New York:
Churchill Livingstone, 1983), pp. 19, 93. Fuente citada en Dianne N. Irving,
M.A., Ph.D., “When Do Human Beings (Normally) Begin? ‘Scientific’ Myths and
Scientific Facts”, International Journal of Sociology and Social Policy, febrero de
1999, 19:3/4:22-47, http://isacco.emeraldinsight.com/vl=8997774/cl=38/nw=1/rpsv/cgi-bin/linker?ini=emerald&reqidx=/cw/mcb/0144333x/v19n3/s4/p22
(se requiere subscripción, para poder tener acceso a este artículo en ese
enlace). En este capítulo estamos siguiendo muy de cerca este artículo de la
Dra. Irving y las fuentes que ella cita. La palabra “especie” designa una clase
natural de ser vivos (véase Dr. Jerome Lejeune, ¿Qué es el embrión humano?, Lima: CEPROFARENA, 2001, p. 11. Esta
pequeña obra es un extracto-resumen de Jerome Lejeune, ¿Qué es el embrión humano?, Madrid: Ediciones Rialp, 1993. La Dra.
Irving es especialista en bioquímica y en filosofía. En relación con los 46
cromosomas, característicos de la especie humana, es cierto que algunos seres
humanos, como los niños que tienen el Síndrome de Down, tienen un cromosoma de
más. Sin embargo, los otros 46 son perfectamente normales y característicos de
la especie humana. De hecho, el cromosoma adicional, que es el causante de los
problemas en el desarrollo del cerebro, es también normal, es decir, perteneciente
a la especie humana, sólo que está repetido. Por consiguiente, los niños que
sufren de estos y otros defectos cromosomáticos son también claramente seres
humanos. Cf. Dr. Jerome Lejeune, especialista en genética, The Concentration Can. When Does Life Begin? An Eminent Geneticist
Testifies, San Francisco: Ignatius Press, 1992, p. 157. Cf. también Onyria
Herrera McElroy, PhD, Lola L. Grabb, MA, Spanish-English,
Englis-Spanish Medical Dictionary – Diccionario Médico Español-Inglés,
Inglés-Español. Boston/Toronto/Londres: Little, Brown and Company, 1992, p.
309 y Taber’s Cyclopedic Medical
Dictionary, F.A. Davis Company, M. Katherine Rice, Filadelfia, 16va
edición, 1989, págs. 23 y 88.
[2]. Cf. Dictionary
of Medical Terms for the Nonmedical Person, 2nda edición, 1989, citado en
Lejeune, p. 157. Cf. también Onyria Herrera McElroy, PhD, Lola L. Grabb, MA, Spanish-English, Englis-Spanish Medical
Dictionary – Diccionario Médico Español-Inglés, Inglés-Español.
Boston/Toronto/Londres: Little, Brown and Company, 1992, p. 309 y Taber’s Cyclopedic Medical Dictionary,
F.A. Davis Company, M. Katherine Rice, Filadelfia, 16va edición, 1989, p. 726.
[3]. William J. Larsen, Human Embryology (New York: Churchill Livingstone, 1997), pp. 4, 8,
11. Fuente citada en Irving. El especialista en embriología humana y
mundialmente conocido en ese campo, Ronan O’Rahilly, desecha los términos
“óvulo” y “huevo” como incorrectos, para referirse a la célula germinal
femenina ya madura, cuyo término científico correcto es el de ovocito. O’Rahilly forma parte de la
directiva internacional Norma Embryologica, el organismo de especialistas en
embriología humana que determina los términos correctos a ser usados en los
textos internacionales de esta ciencia. Cf. Ronan O’Rahilly y Fabiola Müller, Human Embryology & Teratology (New
York: Wiley-Liss, 1994), p. 16. Cf. también Larsen, págs. 3-11; Keith L. Moore y
T.V.N. Persaud, The Developing Human
(Philadelphia: W.B. Saunders Company, 1998), págs. 18-34; Bruce M. Carlson, Human Embriology and Developmental Biology
(St. Louis, MO: Mosby, 1994), págs. 3-21. Fuentes citadas en Irving.
[4]. Herrera McElroy-Grabb, p. 308.
[5]. Dra. Concepción Morales, “¿Cuándo comienza la
vida?”, Desarrollo, http://www.vidahumana.org/vidafam/aborto/cuando-comienza.html,
información bajada el 10 de enero del 2007. La vida total del ovocito, desde
que es liberado por el ovario, es de 48 horas. Véase la nota siguiente y la
fuente de la nota 13.
[6]. El ovario es el órgano reproductor femenino, donde
se producen los ovocitos, cf. Herrera McElroy-Grabb, p. 128.
[7]. Moore y Persaud, p. 2. Fuente citada en Irving.
[8]. Cf. O'Rahilly y Müller, p. 19. Fuente citada en
Irving.
[9]. Cf. Ibíd., págs. 13-14. Fuente citada en Irving. Las
proteinas son combinaciones extremadamente complicadas de amino ácidos y otros
elementos, entre los que se encuentran el carbono, el hidrógeno, el nitrógeno y
el oxígeno. Cf. Webster’s Ninth New
Collegiate Dictionary, Springfield, Massachussetts, EEUU: Merrian-Webster,
Inc., 1991, p. 946.
[10]. Herrera McElroy-Grabb, p. 292.
[11]. Cf. Holtzer et al., "Induction-dependent and
lineage-dependent models for cell-diversification are mutually exclusive,"
Progress in Clinical Biological Research
175:3-11 (1985). Fuente citada en Irving.
[12]. Larsen, p. 1. Cf. también O'Rahilly and Müller, p.
20. Fuentes citadas en Irving. Cf. también las fuentes citadas en el capítulo 2
de nuestra obra en la respuesta a la pregunta 5.
[13]. El número total
de horas que viven los espermatozoides, una vez depositados por el hombre en la
mujer, es de 72. Cf. Morales, “Métodos Naturales de Planificación de la
Familia”, en Planificación de la Familia (PNF), Biblioteca Electrónica de Vida Humana Internacional, http://www.vidahumana.org/vidafam/nfp/naturales.html,
información bajada el 11 de enero del 2007.
[14]. Cf. O’Rahilly y Müller, p. 55; Carlson, p. 407.
Fuentes citadas en Irving. Cf. también, en el capítulo 5 de nuestra obra, la
respuesta a la pregunta 3.
[15]. Cf. Lejeune, p. 38.
[16]. Cf. Larsen, págs. 19, 33 y 49. Fuente citada en
Irving.
[17]. Cf. Herrera McElroy-Grabb, p. 56.
[18]. Cf. H. von Hertzen y P.F. A. Van Look, “Post-Ovulatory
Methods of Fertility Regulation,” Annual Technical Report 1995 49, pág.
52, http://www.who.int/reproductive-health/publications/HRP_ATRs/1995/049-071.pdf.
El énfasis es nuestro, p. 62. Como veremos en el próximo capítulo 2,
la Organización Mundial de la Salud (OMS), que encargó el estudio citado en
esta nota, es una organización abortista
y, sin embargo, ¡aquí dicho estudio está confensando que el embrión se comunica
hormonalmente con el útero de su madre!
[19]. Herrera McElroy-Grabb, p. 323.
[20]. Cf. Ibíd., p. 390.
[21]. Cf. Taber’s,
p. 1491.
[22]. Cf. Ibíd., págs. 171 y 355.
[23]. Cf. Carlson, p. 31. Fuente citada en Irving.
[24]. Irving. Véase el “mito 11”.
[25]. O'Rahilly y Müller, p. 32. Fuente citada en Irving.
[26]. Cf. Irving en su respuesta al “mito 11”.
[27]. Cf. Lejeune, págs. 31-32.
[28]. Cf. Joseph A. Wottering, “EL DNA: Argumento
científico para poner fin a los abortos”, Biblioteca
Electrónica de Vida Humana Internacional, http://www.vidahumana.org/vidafam/aborto/dna.html,
información bajada el 12 de enero del 2007.
[29]. Cf. Lejeune, la cubierta trasera del libro.
[30]. Cf. Ibíd., págs. 39 y 44.
[31]. Cf. Irving.
[32]. Cf. Clifford Grobstein, “The early development of
human embryos”, Journal of Medicine and
Philosophy 1985:10:213-236; Richard McCormick, “Who or what is the
preembryo?”, Kennedy Insitute of Ethics
Journal 1991:1:1-15. Fuentes citadas en Irving.
[33]. Cf. McCormick, p. 4. Fuente citada en Irving.
[34]. Cf. Lejeune, p. 53.
[35]. Cf. Taber’s, p. 1485.
[36]. Cf. O’Rahilly y Müller, p. 32; Karen Dawson,
“Segmentation and moral status”, en Peter Singer et al., Embryo Experimentation (Cambridge: Cambridge University Press,
1990), p. 58; Moore y Persaud, p. 133. Fuentes citadas en Irving. Hay que tener
en cuenta que la segunda fuente (Dawson) de estas tres es de tendencia antivida y, sin embargo, en ella se
reconoce que el argumento de la gemelación es falso.
[37]. Angelo Serra, “La realta biologica del neoconcepito”,
La Civilta Cattolica, 126/III, 1975,
págs. 22-23. Fuente citada en Fernando Monge, Persona humana y procreación artificial, Madrid: Libros MC, 1988,
p. 143.
[38]. Cf. el interesante análisis en Monge, págs.
146-147.
[39]. O’Rahilly y Müller, p. 55. Fuente citada en Irving.
[40]. Lejeune, p. 38.
[41]. La definición es del filósofo romano Boecio, quien
vivió del año 480 al 520 DC. La definición está citada en Arthur Hyman y James
J. Walsh, editores, Philosophy in the
Middle Ages, Indianapolis (EEUU): Hackett Publishing Company, 1978, p. 115.
[42]. Ibíd., p. 114.
[43]. A. Serra, “Comincia un essere umano”, en Il Dono della vita, obra a cargo de Elio
Sgreccia, editor, Milán: Vita e pensiero, 1987, págs. 103-104. Fuente citada en
Monge, págs. 147-148. El énfasis es nuestro.
[44]. Por falta de espacio, nos limitamos a remitir al
lector a las siguientes dos obras de gran importancia: Domingo M. Basso, OP, Nacer y morir con dignidad, 3ª edición,
Buenos Aires: Depalma, 1991, págs. 17-53; Miguel Manzanera, SJ. Inicio de la vida humana. Identidad y
estatuto del embrión humano, 2da edición, Cochabamba (Bolivia): Instituto
de Bioética, págs. 5-14.
[45]. Cf. Brian Clowes, PhD, The Facts of Life, edición en CD, Front Royal, VA (EEUU): Human
Life International, capítulo 5, 2005.
[46]. Cf. Hannibal Hamlin, MD, “Life or Death by EEG”, Journal of American Medical Association
(12 de octubre de 1964), p. 113. Fuente citada en ¿Cuándo comienza la vida? Folleto del National Right to Life
Education Trust Fund (NRTL), 419 7th st. NW suite 500, Washington, DC., 1993.
[47]. Valman y Pearson, “What the Fetus Feels”, British Medical Journal (26 de enero de
1980), p. 234. Fuente citada en el folleto del NRTL.
[48]. Cf. Albert W. Liley, MD, declaración, US Congress,
Senate, Subcommittte on Constitutional Amendments of the Committee on the
Judiciary, Ninety-Third Congress, Second Session, “Abortion Part 2”, on S.J.
Res. 119, and S.J. Res. 130, p. 224. Fuente citada en el folleto del NRTL.
[49]. República
de Colombia, Corte Constitucional, Presidencia, Comunicado de prensa
sobre la sentencia relativa al delito de aborto, 10 de mayo del 2006.
[50]. “Clínica
abortista de Barcelona mataría bebés de más de siete meses de gestación”, ACI Digital, 30 de octubre del 2006, http://www.aciprensa.com.
[50]. Cf. Cunningham, MacDonald y Grant, Williams Obstetrics, 18va edición, p.
103. Fuente citada en el folleto del NRTL.
[51]. Cf. Ibíd., p. 116. Fuente citada en el folleto del
NRTL.
[52]. Cf. Landrum B. Shettles, MD, PhD con David Rorvik, Rites of Life, Grand Rapids, MI (EEUU):
Zondervan Publishing House, 1983), p. 55. Valman y Pearson, p. 234. Fuentes
citadas en el folleto del NRTL.
[53]. Cf. Moore y Persaud, 5ta edición, 1993, págs. 428 y
447. Fuente citada en el folleto del NRTL.
[54]. Cf. Cunningham, MacDonald y Grant, págs. 90 y 103;
Robert Rugh, PhD y Landrum B. Shettles, PhD, MD, From Conception to Birth: The Drama of Life’s Beginnings, New York:
Harper and Row, 1971, págs. 52, 53 y 58. Fuentes citadas en el folleto del
NRTL.
[55]. Cf. Shettles y Rorvik, Rites of Life, p. 62. Daniel N. Robinson, PhD, testimony, hearing
on fetal pain, US Congress, Senate Judiciary Subcommittee on the Constitution,
21 de mayo de 1985; “Why Pain Hurts: Unlocking An Agonizing Mystery”, Time, vol. 123, no. 24, 11 de junio de
1984, p. 61; Arthur C. Guyton, MD, Textbook
on Medical Physiology, 6ta edición, Filadelfia: WB Saunders, Co., 1981, p.
615. Fuentes citadas en el folleto del NRTL.
[56]. J.C. Willke, MD y Barbara Willke, RN, Abortion: Questions and Answers, edición
revisada, 1991, Cincinnati, OH (EEUU): Hayes Publishing Company, Inc., p. 61;
Gina Kolata, “Survival of the Fetus: A Barrier is Reached”, New York Times, 18 de marzo de 1989, p.
C1. Fuentes citadas en el folleto del NRTL.
