Una de las mayores amenazas que se ciernen sobre EE.UU. en la década de los noventa, es el avance del activismo homosexual. Los activistas en pro del homosexualismo constituyen ya un fuerte movimiento a nivel nacional e internacional. Tienen su propio plan de acción muy bien trazado y se mueven a los más altos niveles. Entre los objetivos de los activistas del movimiento homosexual están primeramente que se acepte el homosexualismo como un "derecho humano" más y que se proteja legalmente esta conducta en los diferentes estados, comenzando con las ciudades. Por ejemplo, en la ciudad de Miami Beach, Estado de la Florida, se aprobó una ordenanza condenando la discriminación por motivos de raza, sexo, origen, religión o "preferencia sexual", como le llaman al homosexualismo.
Segundo, quieren lograr que se legalice el "matrimonio" de estas "parejas". Ya en Nueva York y San Francisco se les cataloga como verdaderos "matrimonios" en cuanto a la vivienda, visitas a hospitales y cárceles, permisos de ausencia laboral, seguros médicos, etc. Estas medidas tienen un limitado alcance en el presente, pero sus implicaciones políticas y legales son inmensas. Según Gary Bauer, del Family Research Council (de la organización evangélica Enfoque a la Familia), "el campo de batalla es el intento de llevar el homosexualismo a la misma categoría social y moral de la familia heterosexual."
Tercero, planean tratar de lograr que "parejas" de homosexuales o lesbianas puedan casarse y tener derechos idénticos a los de los matrimonios de personas de distintos sexos, especialmente en lo que concierne a la adopción de niños.
El 25 de abril de 1993, los activistas homosexuales llevaron a cabo una marcha para mostrar su poder y su "orgullo homosexual" en Washington, D.C. Las cámaras de televisión del Club 700 (programa de TV cristiano) captaron escenas obscenas y blasfemas, que la mayoría de la prensa norteamericana pasó por alto. En plena vía pública las parejas de homosexuales simularon el acto sexual, marcharon semidesnudos y presentaron su "plataforma" para cambiar las leyes de la sociedad para que se acepte el homosexualismo.
Después del "preámbulo", el cual alega que "el movimiento de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales" es el equivalente de los movimientos que luchan contra la discriminación y por la justicia social ("contra el racismo, la injusticia económica, la intolerancia religiosa"), los homosexuales lanzaron un grito de batalla a favor de 55 "exigencias".
Según el periódico católico The Wanderer (del 6 de mayo de 1993), el término "igualdad de derechos civiles" de la plataforma exige la aprobación de una ley nacional que incluya la "orientación homosexual"; la derogación de la prohibición de homosexuales en las Fuerzas Armadas y de todas las leyes estatales que prohíben la sodomía; la aprobación de una ley para matrimonios de parejas del mismo sexo; y la implementación de leyes que reconozcan las relaciones sexuales entre los jóvenes que den su consentimiento. Durante la marcha, 2.000 homosexuales se "casaron", el Rvdo. Troy Perry, fundador del "Universal Fellowship" de las Iglesias Comunitarias Metropolitanas de Los Angeles, llevó a cabo "las ceremonias" en masa.
Bajo la sección "Personas de Color", la plataforma homosexual exige apoyo para "normas que no sean racistas...todos los derechos reproductivos [anticoncepción, esterilización y aborto]; más facilidades para la inseminación artificial para lesbianas y mujeres de color que son bisexuales"; y la prohibición de la discriminación de cualquier otra persona basada en su "orientación sexual".
Bajo la sección "Educación/Estudiantes", la plataforma exige que los colegios ofrezcan "programas de estudio", información sobre el lesbianismo, el homosexualismo, el bisexualismo, el aborto, el cuidado de los niños, el SIDA/HIV y la sexualidad, en todos los niveles educativos. También exige que en las universidades se implementen "programas dirigidos a las necesidades especiales de estudiantes lesbianas, gay, bisexuales y transexuales". En la sección sobre el cuidado médico, la plataforma alega que se le debe dar otra definición a las operaciones de cambio de sexo, por ejemplo "como tratamiento médico" y no como "cirugía cosmética".
En la sección "Libertad/Reproductiva/Decisiones", los homosexuales exigieron "inseminación artificial, abortos baratos y seguros, así como anticonceptivos sin restricciones y a petición, sin importar la edad".
Bajo la sección "Familia", exigieron que se les otorgue la protección de la ley y los mismos derechos a todo tipo de estructura familiar y pidieron "la legalización de matrimonios del mismo sexo y de varias personas." También solicitaron que se implementen las recomendaciones del informe emitido por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS). Dicho informe, que estudió los suicidios entre los adolescentes, afirma que la Iglesia Católica y las demás iglesias cristianas deben cambiar sus enseñanzas acerca del homosexualismo, ya que supuestamente el llamarlo un pecado es una de las causas principales de la depresión de los jóvenes homosexuales.
La presión de los grupos radicales de homosexuales es tan fuerte actualmente, que éstos han llegado a obtener altos puestos políticos para poder introducir sus leyes. Inclusive el Presidente Clinton prometió apoyar una ley federal que fue introducida en el Congreso, para garantizar el falso "derecho" a las prácticas homosexuales. (The Miami Herald, 31 de enero de 1993.)
Por añadidura, hay activistas homosexuales que están utilizando los programas de prevención del SIDA en las escuelas y universidades, para promover su inmoral "estilo de vida". En algunas escuelas públicas de EE.UU. se les enseña a los niños que el homosexualismo no es más que una "preferencia sexual", algo muy "natural" y "normal". Inclusive en Nueva York introdujeron libros en las escuelas elementales que hablan de cómo ciertos niños tienen dos mamás (lesbianas), o dos papás (homosexuales), y cómo esto es simplemente otro tipo de "amor diferente". A este programa "educativo" le llaman "Project Ten" ("Proyecto Número 10"). La rápida intervención del Cardenal O'Connor de Nueva York y de incontables padres (especialmente los hispanos), logró que se retirara el programa y se despidiera a su promotor, el Dr. Joseph Fernández, quien era Superintendente de las Escuelas Públicas de esa ciudad.
Se ha demostrado que las relaciones homosexuales y el uso de drogas intravenosas constituyen las conductas de más alto riesgo con respecto al SIDA. ¿Cómo podemos esperar detener el contagio masivo de esta enfermedad y la muerte de incontables personas (incluyendo niños y adolescentes), si permitimos que se promueva una conducta sexual que es una de las principales maneras en que se transmite el SIDA? ¿Cómo podemos permitir que se les diga a los jóvenes y adolescentes en nuestras escuelas públicas que la manera de evitar contraer el SIDA es usar el preservativo, cuando éste tiene una tasa de falla como anticonceptivo de cerca del 15% y cuando se utiliza en relaciones homosexuales el riesgo se duplica al 30%?
Actualmente se promueve el preservativo como una "panacea" que se entrega a muchos niños en escuelas públicas, y cuando éste falla y sigue aumentando el número de casos de SIDA, se culpa injustamente a la Iglesia Católica por su oposición al uso del preservativo. La mayoría de las campañas contra el SIDA, que actualmente se llevan a cabo en EE.UU. y en muchos países, alegan falsamente que lo que causa el SIDA no es el homosexualismo y la promiscuidad, sino la falta de "protección" por medio del preservativo y los obstáculos al uso de éste.
Debemos enseñarles a nuestros hijos que deben respetar a los homosexuales como personas, orar por ellos y oponernos a que se les discrimine en sus derechos humanos básicos (algunos de los cuales, los que no son absolutos, como el derecho al empleo, pueden, sin embargo, ser limitados por desórdenes de conducta). Debemos enseñarles a condenar el acto homosexual y no a la persona que tiene inclinaciones homosexuales. Pero nuestros niños tienen que saber que el homosexualismo es un grave desorden moral que se opone a las enseñanzas cristianas y a la moral natural. Enseñarles estos principios constituye nuestro derecho y nuestro deber como padres, así como protegerlos de enseñanzas equivocadas e incluso de personas que intentan dañar su integridad física y moral.
Sin embargo, hay grupos de homosexuales activistas, que en muchos casos cuentan con el apoyo de la prensa, que nos tildan a los que así pensamos de "radicales" y "anticristianos", y han acuñado el término "homofóbicos", para referirse a los que opinamos que el homosexualismo está en contra de las leyes de Dios y de la naturaleza.
Fomentemos los valores morales y espirituales y veremos desaparecer poco a poco la plaga del SIDA de nuestro planeta. "La Nueva Evangelización", de la cual nos habla el Santo Padre Juan Pablo II, debe incluir una campaña de ayuda moral y espiritual dirigida a los homosexuales y lesbianas, para que puedan vivir una vida casta, absteniéndose de las relaciones sexuales si no pueden sobreponerse a su orientación; o llegar a rehabilitarse por completo como lo han hecho muchos que ahora forman parte de una familia tradicional. Así no sólo se salvaran sus almas, sino sus vidas y las vidas de incontables personas. Oremos y trabajemos para que así sea.
