Los Obispos de la Comisión Permanente del Episcopado han hecho pública una nota titulada: "Matrimonio, familia y uniones homosexuales" (ver texto completo: http://www.conferenciaepiscopal.es/documentos/Conferencia/matrimonio_familia.htm). En la nota defienden la dignidad de los homosexuales en cuanto a personas, pero afirman tajantes, recogiendo palabras de Juan Pablo II, que "no puede constituir una verdadera familia el vínculo de dos hombres o dos mujeres, y mucho menos se puede atribuir a esa unión el derecho de adoptar niños".
Europa no impone
Los obispos dedican un apartado a analizar la condición y el comportamiento homosexual: "deploramos que las personas homosexuales sean todavía objeto de expresiones malévolas y, mucho más, de acciones violentas. Condenamos con firmeza estos comportamientos que ignoran la dignidad de las personas y lesionan los principios más elementales de la buena convivencia civil".
No obstante, "hemos de decir también que no se puede pedir a la sociedad que reconozca la condición o el comportamiento homosexual como una modalidad del ser humano comparable, por ejemplo, a las diferencias naturales de raza o sexo". Y puntualizan, por el contrario que "la orientación sexual sí que ha de ser tenida en cuenta por el legislador en cuestiones directamente relacionadas con ella, como es el caso, ante todo, del matrimonio y de la familia".
Condición y comportamiento homosexual
Los prelados distinguen entre lo que es la "condición" y lo que es el "comportamiento" homosexual. La primera, aclaran, no es de por sí éticamente reprobable, ni en sí misma pecaminosa; es el comportamiento homosexual el que es siempre de por sí éticamente reprobable.
También recuerda este escrito que los argumentos de los obispos se basan en "la verdad sobre la naturaleza del ser humano, asumida y desvelada en plenitud por la Revelación cristiana". Y explican que la relación homosexual es contraria al carácter personal del ser humano y contraria a la ley natural, pues separa la sexualidad tanto de su significado procreador como de su profundo sentido unitivo, "que son las dos dimensiones básicas de su naturaleza misma".
En otro apartado de la nota, los obispos de la Comisión Permanente advierten que el amor entre homosexuales no puede confundirse con el amor conyugal, ya que "ninguna de las notas de totalidad y fecundidad que constituyen la naturaleza misma del amor del que se nutre el matrimonio, se dan ni pueden darse en las llamadas uniones homosexuales". Así, "cualquier equiparación jurídica de dichas uniones con el matrimonio supondría otorgarles una relevancia de institución social que no corresponde en modo alguno a su realidad antropológica."
No a la adopción
Ádemás, subrayan, "un punto de particular importancia en el que la equiparación entre el matrimonio y sus uniones homosexuales se muestra como imposible, es el derecho a la adopción", lo que no se pude calificar de discriminación; más bien, "hay que pensar que el injustamente tratado sería el niño eventualmente adoptado en esas circunstancias".
Por último, en referencia a su papel en la iglesia, la Comisión Permanente recuerda que las personas homosexuales no están excluidas de la participación en el misterio pascual de Cristo, ni de la vida y la misión de la Iglesia: "también ellas están llamadas a la autodonación de la que surge la vida verdadera. Y uno de sus modos propios de autodesprendimiento creativo será, sin duda, unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición. No creemos que se pueda decir que se les exige más sacrificio a ellas que a los esposos cristianos. Pero, en uno y otro caso, estamos ciertos de que la Cruz es el único camino para la vida." E.F.L.
