Definición
Etimológicamente, eutanasia proviene del griego eu, bien, y thánatos, muerte. Por lo tanto, significa buena muerte, bien morir. El diccionario Larousse la define como muerte suave, sin dolor, teoría que defiende la licitud de acortar la vida de un enfermo incurable.
En el mundo actual, a esta palabra se le ha dado un sentido ambiguo pues justifica dar muerte al recién nacido deficiente que se presume que habrá de llevar una vida disminuída, dar ayuda al suicida. Para que consuma su propósito, eliminar al anciano que se considera no vivirá ya una vida digna, absteniéndose de suministrar medicamentos en tratamientos dolorosos o inútiles para alargar una agonía sin esperanza de curación.
Hoy, más estrictamente, se entiende por eutanasia el llamado homicidio por compasión, es decir, el causar la muerte de otro por piedad ante su sufrimiento o atendiendo su deseo de morir por las razones que fuere.
Sin embargo, en el debate social acerca de la eutanasia, no siempre se toma esta palabra en el mismo sentido. Esto produce con frecuencia grave confusión en el común de las gentes. Según la significación que se dé al termino eutanasia, su práctica puede aparecer ante la gente como un crimen inhumano o como un acto de misericordiosa solidaridad.
En el debate público se da no pocas veces, por parte de los patrocinadores de la eutanasia, una cierta manipulación, cuyo resultado es presentar ante la opinión pública la eutanasia como "la muerte dulce" o "la muerte digna" y propiciar así su aceptación social. El hecho central de este planteamiento es el de que en la eutanasia un ser humano da muerte a otro, consciente y deliberadamente, por muy presuntamente nobles o altruistas que aparezcan las motivaciones que lo animen a ejecutar tal acción, y por inofensivos que quieran hacer parecer los medios que utilicen para realizarla.
Existen algunas personas y grupos, partidarios e interesados en legalizar la eutanasia y darle respetabilidad social, pues consideran que la vida humana no merece ser vivida más que en determinadas condiciones físicas. Por el contrario, hay quienes consideran que la vida humana es un bien superior, un derecho inalienable e indisponible, es decir, que no puede estar al albur de la decisión de uno mismo, mucho menos de otros.
La eutanasia es siempre una forma de homicidio, pues implica que un hombre da muerte a otro, ya mediante un acto positivo, ya mediante la omisión de la atención y cuidados debidos.
Elementos esenciales que configuran un fenómeno complejo como es la eutanasia:
El sentimiento subjetivo de estar eliminando el dolor o las deficiencias ajenas, es elemento necesario de la eutanasia, de lo contrario estaríamos ante otras formas de homicidio.
Se requiere una definición clara y precisa del término "eutanasia", por dos razones: 1a. Porque es necesario saber a qué nos estamos refiriendo. 2a., porque este significado coincide también con lo que patrocinadores de la legalización de la eutanasia quieren que prospere, como es el que se legitime el que un hombre dé muerte a otro, dadas ciertas circunstancias.
Clases de eutanasia
Según el criterio que se emplee, hay diversas clasificaciones del fenómeno de la eutanasia que dependen también del significado que se dé al término.
Desde el punto de vista de la víctima, la eutanasia puede ser voluntaria o involuntaria, perinatal, agónica, psíquica o social, según se aplique a recién nacidos deformes o deficientes, a enfermos terminales, a afectados de lesiones cerebrales irreversibles o a ancianos u otras personas tenidas como socialmente improductivas o gravosas. Algunos hablan de autoeutanasia, refiriéndose al suicidio, pero esto no es propiamente una forma de eutanasia. Muchos de sus patrocinadores defienden también, con arreglo a su propia lógica, el derecho al suicidio.
Desde el punto de vista de quien la practica, se distingue entre eutanasia activa y eutanasia pasiva, según se provoque la muerte a otro por acción o por omisión. Y en eutanasia directa o indirecta, la primera busca que sobrevenga la muerte y la segunda busca mitigar el dolor físico, aún a sabiendas de que ese tratamiento puede acortar efectivamente la vida del paciente. Esta última no puede llamarse realmente eutanasia.
Existen muchas más clasificaciones y una misma acción, puede a su vez incluirse en varias de las modalidades referidas, pero ello con frecuencia contribuye a aumentar la confusión sobre la realidad del problema, en lugar de ayudarlo a esclarecer.
Las definiciones dadas sirven de base para los defensores de la vida y para los partidarios de la eutanasia.
Distanasia
(Del griego dis, mal, algo mal hecho, y thanatos, muerte) es etimológicamente lo contrario de eutanasia y consiste en retrasar el advenimiento de la muerte, por todos los medios, proporcionados o no, así no haya esperanza alguna de curación y aunque eso signifique infligir al moribundo unos sufrimientos añadidos a los que ya padece, y que, obviamente, no lograrán esquivar la muerte inevitable, sino solo aplazarla unas horas o unos días en unas condiciones lamentables para el enfermo. La distanasia también se llama "ensañamiento" y "encarnizamiento terapéutico", siendo denominada con más precisión como "obstinación terapéutica".
Ortotanasia
Con esta palabra (del griego orthos, recto y thanatos, muerte), se ha querido designar la actuación correcta ante la muerte por parte de quienes atienden al que sufre una enfermedad incurable en fase terminal. La ortotanasia está tan lejos de la eutanasia, en el sentido descrito aquí, como la distanasia u obstinación terapéutica. Este término reciente no se ha consagrado más que en los ambientes académicos.
La palabra eutanasia no tiene su significado original. Ha sido distorsionada para hacer más aceptable socialmente el "homicidio por compasión". Esta es una de las razones por la que el aspecto terminológico es de suma importancia.
Argumentos que se emplean para promover la legalización
No todos los partidarios de la eutanasia comparten todos estos argumentos. La mayoría comparte los dos primeros, y a menudo el tercero.
El hombre ante el dolor y la muerte
El dolor y la muerte forman parte de la vida humana desde que nacemos hasta que morimos, causando dolor a los que nos quieren y sufriendo por el propio proceso que lleva a la muerte. A lo largo de toda la existencia, el dolor físico o moral está presente de manera frecuente en la historia de la humanidad. Absolutamente nadie es ajeno al dolor.
El dolor y su aspecto subjetivo, el sufrimiento, forman parte de la vida y de la sociedad. Así lo acredita la experiencia personal de cada uno de nosotros al igual que la literatura universal, en la que la experiencia del dolor es motivo de inspiración, dió origen a la denominada tragedia, y es el eje o centro de innumerable obras literarias.
La muerte es el destino inevitable de todo ser humano, es la culminación de la vida. Es incierta en cuanto a cuándo y cómo ha de producirse; y, por lo tanto, forma parte de nosotros porque afecta a todo el género humano y porque la actitud que adoptamos ante el hecho de que hemos de morir, determina en parte el género o estilo de vida que vivimos.
El dolor y la muerte no son obstáculos para la vida, sino dimensiones o fases de ella. Es obstáculo para la vida de aquel que se niega a admitir la naturalidad de estos hechos constitutivos del vivir, intentando huir de ellos como si fuesen totalmente evitables, hasta el punto de convertir tal huída en valor supremo. Esta negación de la propia realidad puede llegar a ser causa de deshumanización y de frustración vital.
Todo ser humano huye por instinto del dolor y de cuanto cause sufrimiento, y esta actitud es adecuada a la constitución natural del hombre, que está creado para ser feliz, y por tanto reacciona con aversión ante lo que atente contra su felicidad.
El rechazo de lo doloroso, lo que causa sufrimiento, es, en consecuencia, natural en el hombre. Y, por ello este rechazo es justo y no censurable. Sin embargo, convertir la anulación del dolor en valor supremo, tratar de huir del dolor a toda costa y a cualquier precio, es una actitud que acaba volviéndose contra los que la mantienen, porque supone negar de raiz una parte de la realidad del hombre, y este error puede llevar fácilmente a cometer injusticias y actos censurables por antihumanos, aunque pueda parecer superficialmente otra cosa.
Estas ideas son especialmente patentes en el caso de la agonía, de los dolores, que pueden preceder a la muerte. Convertir la ausencia de dolor en el criterio preferente y aun exclusivo para reconocer un pretendido carácter digno de la muerte, puede llevar a legitimar homicidios bajo el nombre de eutanasia y a privar a la persona moribunda del efecto humanizador que el mismo dolor puede tener.
El dolor y el sufrimiento, como cualquier otra dimensión natural de la vida humana, tiene también un valor positivo si nos ayuda a comprender mejor nuestra naturaleza y sus limitaciones, si sabemos integrarlos a nuestro proceso de crecimiento y maduración. Todo hombre se hace a sí mismo durante su vida ejercitando las posibilidades de plenitud que están en su constitución natural, o rechazando tales posibilidades.
Hay quienes han constuído su visión del mundo exclusivamente sobre la raza, la clase social, la nación o la ideología. Cualquier filosofía o actitud vital que convierta en absoluta una de las dimensiones o facetas de la pluriforme realidad humana, conduce a planteamientos injustos y antihumanistas, pues el humanismo exige equilibrio y una visión global, integral, del ser humano sobre la tierra.
Los motivos de nuestra actuación como compasión, deseo de que nuestros seres queridos no sufran, no pueden cambiar el fin intrínseco de nuestro actuar, que en la eutanasia, es el de privar de la vida a otro, o cooperar con su suicidio. Si los motivos prevalecieran sobre la naturaleza de los actos hasta el punto de hacer a éstos social y jurídicamente justificables, no sería posible la convivencia, pues cualquier acto, fuera el que fuese, podría quedar legitimado en virtud de los motivos íntimos de su autor. Si se puede y se debe comprender y ayudar a quien obra torcidamente, también se puede y se deben valorar las circunstancias que influyen en los actos humanos, y modifican la responsabilidad. Pero la norma general no puede aceptar decir nunca que está bien lo que está mal, por mucho que el autor crea que hace algo bueno, el motivo subjetivo no justifica los medios que en este caso, es matar.
Quienes proponen la admisibilidad ética y jurídica de la eutanasia, confunden a menudo la disposición moral íntima de las personas, con lo que las leyes o la sociedad deben tener como aceptables y confunden también las circunstancias que pueden acentuar la responsabilidad, e incluso anularla, con lo que la norma general dispone.
Nota: Este texto fue extraído del libro "La Eutanasia, 100 Cuestiones y Respuestas sobre la Defensa de la Vida Humana y la Actitud de los Católicos" de la Conferencia Episcopal Española , por la Fundación Cultura de la Vida Humana, organización afiliada a Vida Humana Internacional ( su representación) en Bogotá, Colombia.
