Del egoismo al amor


Señor Jesús, estoy ante Tu presencia y me siento indigna de esa gracia... Me dices que eres la Vida... a mí que no entendí el maravilloso don de la vida, ni el porqué es tan bello vivir.

Y en mi egoísmo no supe ser como María, Tu madre, abierta siempre a la Voluntad de Dios. Mi corazón endurecido y cegado el egoísmo y el miedo, no supo ver más allá y descubrir que ese bebé engendrado en mi seno, no era un obstáculo sino más bien un regalo; no era una piedra de tropiezo sino un escalón por el que podría dar lo mejor de mí misma.

Y un día Señor, olvidándome de que Tu eres el único dador de la vida, aborté y no permití que mi hijo viera la luz, ni corriese por los campos, ni cantase las canciones; no le dejé hablar, ni pensar, ni jugar, ni gustar los manjares. Le arranqué todos sus derechos humanos, y lo más triste Señor, es que lo hice en nombre de "mi derecho". ¡Perdóname Señor, por no confiar en Ti ni en el proyecto de santidad y de amor que tenías preparado para mi! Me faltó la fe de María para confiar que Tu estarías a mi lado y me darías las gracias necesarias para sobrellevar la maternidad.

Perdóname hijo querido... por haber puesto mi dolor y mis necesidades por encima de tu derecho a continuar viviendo. Perdóname, hijo, porque te corté las alas cuando apenas comenzabas a volar.

Sé que aunque parezca imposible, las lágrimas que he derramado de dolor y arrepentimiento, me alcanzan Tu perdón, Señor, y el de mi hijo. Mi corazón quedó profundamente herido, pero siento Tu amor y el amor de mi hijo, sanándome a través del perdón.

Señor, sé también, que Tú me llamas hoy a dar ese amor que un día por egoísmo le negué a mi hijo. Hoy me llamas a abrazar en mi corazón a todos los huérfanos como si fueran mis hijos, y a cuidar de los ciegos que no pueden ver la luz, a los inválidos que no pueden correr por los campos, a los mudos que no pueden hablar ni cantar, a los retrasados que no pueden pensar por sí mismos, a los pobres que no tienen que comer ni vestir. Sí, Señor, me llamas a abrazar a todos los marginados de este mundo moderno, por el hijo que yo un día deseché.

Me llamas a ser madre de muchos, para reparar por el miedo que me impidió ser madre de uno; me llamas a ser difusora de la vida, ya que un día quede atrapada en las redes de muerte. Pero Tú Señor, me rescataste y me diste la oportunidad de nacer a una nueva vida.

Gracia Señor, por Tu amor y Tu perdón!


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