Señor, no soy digna de estar en tu presencia,
en presencia del Creador de la vida.
Me faltó confianza y me sobró egoísmo.
Pensé que el bebé sería un problema...,
que no era el momento... tuve miedo...
Viví el embarazo como una desgracia.
Me precipité al abismo y ahora
siento horror por lo que hice.
Cuando voy por la calle,
no puedo mirar el rostro de los niños.
Pienso que cualquiera de ellos podría ser el mío
lo que me apena más todavía.
Sé que no asumí mi responsabilidad
y no quise engendrado.
Pienso que que soy digna del castigo;
que cualquier desgracia física que cayera sobre mí
sería poca en comparación con la desgracia moral que experimento.
Señor, te pido perdón.
Recuerdo haber oído a mi madre decir alguna vez
que eras infinitamente misericordioso,
que tu amor olvida todo mal...
Quiero empezar de nuevo. Reconozco mi culpa.
Y sin tu ayuda no puedo, no puedo...
Tengo en mi conciencia un peso que me tortura:
el llanto del hijo que yo maté.
Por eso te pido fuerzas para olvidarme de mi misma
y empezar a amar, entregándome,
como mujer y madre, a tantos otros niños,
que esperando nacer o ya nacidos,
se sienten solos y amenazados
porque nadie les quiere y acaricia.
Señor, yo sé que Tú me llamas a ahogar mi dolor
con las risas de estos niños.
Fuente: "Aborté y estoy arrepentida," Escoge la Vida, suplemento "Caminos de Esperanza," (septiembre-octubre de 1990). Tomado del libro Oraciones para el ama de casa de Liliana Ferreiros, Editorial Claretiana.
