5 de junio de 2005
La
cuestión examinada se refiere a la licitud de la producción, de la difusión y
del uso de algunas vacunas, cuya producción vinculada estrechamente a acciones
de aborto procurado. Se trata de vacunas con virus vivos que han sido
preparados a partir de líneas celulares humanas de origen fetal, utilizando
como fuentes de tales células tejidos de fetos humanos abortados. La más
conocida e importante de estas vacunas, a causa de su amplia difusión y de su
uso casi universal, es la vacuna contra la rubéola.
La
rubéola y su vacuna
La
rubéola (o "sarampión alemán")[1]
es una enfermedad viral, causada por un Togavirus del
género Rubivirus y se caracteriza por un salpullido
de manchas y granos. Se trata de una infección común en la infancia, sin
expresión clínica en un caso sobre dos, que se autocontrola
y habitualmente benigna. Sin embargo, el virus de la rubéola es uno de los
agentes infecciones más patógenos para el embrión y el feto. Cuando la
infección se contrae en el período del embarazo, especialmente en el primer
trimestre, el riesgo de infección fetal es muy alto (cerca del 95%). El virus
se reproduce en la placenta e infecta al feto, causando esa constelación de
anomalías conocidas con el nombre de Síndrome de la Rubéola Congénita. Por
ejemplo, la severa epidemia de Rubéola que golpeó a una amplia parte de los
Estados Unidos en 1964 provocó 20.000 casos de rubéola congénita[2], causando 11.250 abortos (espontáneos o quirúrgicos), 2.100 muertes neonatales,
11.600 casi de sordera, 3.580 casos de ceguera, 1.800 casos de retraso mental.
Es esta epidemia la que ha impulsado el desarrollo y la comercialización de una
vacuna eficaz contra la rubéola, permitido una profilaxis efectiva de tal
infección.
La
gravedad de la rubéola congénita y el perjuicio que ella genera, justifican la
vacunación masiva contra tal enfermedad. Es muy difícil, quizás hasta
imposible, evitar el contagio de una mujer encinta, aunque la enfermedad de un
sujeto contagiado se diagnostica desde el primer día de la erupción. Es por eso
que se busca interrumpir la transmisión mediante la supresión del foco
infeccioso del virus que ofrecen los niños no vacunados, gracias a la
inmunización precoz del conjunto de niños (vacunación universal). Esta
vacunación universal ha provocado una fuerte disminución de la incidencia de la
rubéola congénita, con una incidencia general reducida a menos de 5 casos por
cada 100.000 nacimientos de niños vivos. Sin embargo, este progreso se mantiene
frágil. En Estados Unidos, por ejemplo, después de una disminución espectacular
de la incidencia de la rubéola congénita hasta llegar a pocos casos anuales, es
decir, a menos de 0,1 por cada 100.000 nacimientos de niños vivos, ha aparecido
una nueva oleada epidémica en 1991, con una incidencia que ha ascendido a 0,8
casos por cada 100.000 niños nacidos vivos. Se han visualizado tales oleadas de
recrudecimiento de la rubéola también en 1997 y en el 2000. Estos episodios
periódicos de recrudecimiento atestiguan la circulación persistente del virus
en los jóvenes adultos, como consecuencia de una cobertura vacunal
que es insuficiente. Esto permite persistir una proporción no desdeñable de
sujetos susceptibles, fuente de epidemias periódicas que ponen en riesgo a las
mujeres en edad fértil y que no están inmunizadas. Es por eso que se considera
una prioridad de salud pública la reducción de la rubéola congénita, hasta su
total eliminación.
Vacunas producidas actualmente
mediante el uso de cepas celulares humanas provenientes de fetos abortados
Hasta hoy hay dos líneas
celulares humanas diploides, preparadas originalmente
(1964 y 1970) de tejidos de fetos abortados, que son utilizados para la
preparación de vacunas con virus vivos atenuados: la primera línea es la WI-38
(Winstar Institute 38), con
fibroblastos diploides de pulmón humano, derivados de
un feto femenino, abortada porque la familia consideraba que ya tenía
demasiados hijos (G.Sven et al., 1969),
preparada y desarrollada por Leonard Hayflick en 1964 (L.Hayflick,
1965; G.Sven et al., 1969)[3], número ATCC CCL-75. La WI-38 ha
sido usada para la preparación de la histórica vacuna RA 27/3 contra la rubéola
(S. A. Plotkin et al., 1965)[4]. La segunda línea celular humana es
la MRC-5 (Medical Research Council
5) (pulmón humano, embrional) (número ATCC CCL-171),
con fibroblastos de pulmón humano provenientes de un feto masculino de 14
semanas, abortado en el Reino Unido por “razones psiquiátricas” por una mujer
de 27 años. La MRC-5 ha sido preparada y desarrollada por J. P. Jacobs en 1966 (J. P. Jacobs et
al., 1970)[5]. Han sido desarrolladas otras
líneas celulares humanas por necesidades farmacéuticas, pero no están
implicadas en las vacunas actualmente disponibles[6].
Hoy
las vacunas que se cuestionan porque utilizan líneas
celulares humanas,
WI-38 e MRC-5, obtenidas de fetos abortados, son las siguientes[7]:
A) Vacunas activas contra la rubéola[8]:
- las
vacunas monovalentes contra la rubéola Meruvax®
II (Merck, U.S.A.), Rudivax® (Sanofi Pasteur, Francia), y Ervevax®
(RA 27/3) (GlaxoSmithKline, Bélgica);
- las
vacunas combinadas MR contra la rubéola y el sarampión, comercializadas con el
nombre de M-R-VAX®II (Merck,
U.S.A.) y Rudi-Rouvax® (AVP, Francia);
- la
vacuna combinada contra la rubéola y la parotiditis, comercializada con el
nombre de Biavax®II (Merck,
U.S.A.);
- la
vacuna combinada MMR (measles, mumps, rubella) contra el
sarampión, la parotiditis y la rubéola, comercializada con el nombre de M-M-R®
II (Merck, U.S.A.), R.O.R®, Trimovax®
(Sanofi Pasteur, Francia), y
Priorix® (GlaxoSmithkline,
Reino Unido).
B) Otras vacunas, también
preparadas utilizando líneas celulares humanas de fetos abortados:
- dos
vacunas contra la hepatitis A, una producida por Merck (VAQTA), la otra por Glaxo SmithKline (HAVRIX), ambas preparadas utilizando la MRC-5;
- una
vacuna contra la varicela, Varivax®, producida
por Merck utilizando la WI-38 e la MRC-5;
- una
vacuna contra la poliomielitis, la vacuna con el virus del polio inactivo Poliovax® (Aventis-Pasteur, Francia), utilizando la MRC-5;
- una
vacuna contra la rabia, Imovax®, de Aventis-Pasteur, extraída de
células humanas diploides infectadas, la cepa MRC-5;
- una vacuna contra la viruela,
ACAM 1000, preparada por Acambis, utilizando la
MRC-5, todavía en fase de experimentación.
Posición del problema ético
vinculado con estas vacunas
Desde
el punto de vista de la prevención de enfermedades virósicas
como la rubéola, las paperas, el sarampión, la varicela, la hepatitis A, es
claro que la puesta a punto de vacunas eficaces contra tales enfermedades, y su
empleo en la lucha contra estas infecciones hasta su erradicación, mediante una
inmunización obligatoria de todas las poblaciones interesadas, representa
indudablemente una “piedra de toque” en la lucha secular del hombre contra las
enfermedades infecciosas y contagiosas.
Sin
embargo, estas mismas vacunas, ya que son preparadas a partir de virus
recogidos en los tejidos de fetos infectados y abortados voluntariamente, y
posteriormente atenuados y cultivados mediante cepas de células humanas igualmente
provenientes de abortos voluntarios, no dejan de plantear importantes problemas
éticos. La exigencia de articular una reflexión moral sobre la cuestión
examinada nace preferentemente de la conexión entre la preparación de las vacunas
antes mencionadas y los abortos procurados de los que se han obtenido los
materiales biológicos necesarios para tal preparación.
Si
una persona rechaza toda forma de aborto voluntario de fetos humanos, ¿esa
misma persona no estaría en contradicción con ella misma, al admitir el uso de
estas vacunas de virus vivos atenuados en la persona de sus propios hijos? ¿No
se trataría en este caso de una verdadera (e ilícita) cooperación con el mal,
aunque este mal se ha efectuado cuarenta años atrás?
Antes
de considerar el caso específico, es necesario recordar brevemente las
principales cuestiones de la doctrina moral clásica acerca del problema de la
cooperación con el mal[9], problema que surge cada vez que un agente moral percibe la existencia de un
vínculo entre los propios actos y un acto malo ejecutado por otros.
El principio de la lícita
cooperación con el mal
La
primera distinción fundamental es entre la cooperación formal y material. Se
configura una cooperación formal cuando el agente moral coopera con la acción
inmoral de otro, compartiendo la mala intención. Cuando por el contrario el
agente moral coopera con la acción inmoral de otro, sin compartir la mala
intención, se configura una cooperación material.
La
cooperación material se distingue ulteriormente en inmediata (directa) y
mediata (indirecta), ya sea que se trate de cooperar con la ejecución del acto
malo en cuanto tal, o bien que se actúa realizando las condiciones –o proporcionando
instrumentos o productos- que hacen posible la realización del acto malo.
Luego, en relación a la “distancia” (sea temporal como en términos de conexión
material) entre el acto de cooperación y el acto malo efectuado por otros, se
distingue una cooperación próxima y una cooperación remota. La cooperación
material inmediata es siempre próxima, mientras que la cooperación material
mediata puede ser próxima o remota.
La
cooperación formal es siempre moralmente ilícita, porque se trata de una forma
de participación directa e intencional en la acción mala de otro[10].
La cooperación material puede ser lícita a veces (sobre la base de condiciones del “doble efecto” o “voluntario indirecto”), pero cuando se configura como una
cooperación material inmediata a atentados graves contra la vida humana, debe
considerarse siempre ilícita, dada la maravilla del valor en juego[11]. Una
ulterior distinción de la moral clásica es entre la cooperación activa (o
positiva) con el mal y la cooperación pasiva (o negativa) con el mal,
refiriéndose la primera al cumplimiento de un acto de cooperación con una
acción mala cumplida por otro, mientras la segunda se refiere a la omisión de
un acto de denuncia o de impedimento de una acción mala llevada a cabo por
otro, en la medida en que subsistía el deber moral de hacer lo que se ha
omitido[12].
También la cooperación pasiva puede ser formal o material, inmediata o mediata,
próxima o remota. Obviamente, se debe considerar ilícita toda cooperación
pasiva formal, pero también se debe evitar la cooperación pasiva material, si
bien se admite (por parte de muchos autores) que no hay obligación rigurosa de
evitarla cuando subsiste una grave perturbación. Aplicación
al utilizar las vacunas preparadas con células procedentes de embriones o fetos
abortados voluntariamente En el
caso específico examinado, hay tres clases de personas que se encuentran
involucradas en la cooperación con el mal, mal que está representado obviamente
por la acción de aborto voluntario ejecutado por otros: a) quien prepara las
vacunas mediante cepas de células humanas provenientes de abortos voluntarios;
b) quien participa en la comercialización de tales vacunas; c) quien tiene
necesidad de utilizarlas por razones de salud. Ante
todo, se considera moralmente ilícita todo forma de cooperación formal
(compartir la mala intención) con la acción de quien ha ejecutado el aborto
voluntario que ha permitido la incautación de los tejidos fetales, necesarios
para la preparación de las vacunas. Por lo tanto, independientemente del nivel
de pertenencia, todo aquel que coopere de alguna manera en la realización del
aborto voluntario, compartiendo la intención, y que concluya en la producción
de las vacunas en cuestión, participaría de hecho en la misma maldad moral de
quien ha efectuado tal aborto. Tal participación se realizaría igualmente en
caso de que, compartiendo siempre la intención abortiva, se limitase a no
denunciar o contrarrestar tal acción ilícita (cooperación formal pasiva),
teniendo el deber moral de hacerlo. En
caso que no subsista tal compartir formalmente la mala intención de quien ha
efectuado el aborto, la eventual cooperación se configuraría como material, con
las siguientes especificaciones: **
Respecto a la preparación, distribución y comercialización de vacunas
realizadas gracias al empleo de material biológico cuyo origen está vinculado a
células provenientes de fetos abortados voluntariamente, se dice en línea de
principio que tal proceso es moralmente ilícito, porque eso podría contribuir
de hecho a incentivar la realización de otros abortos voluntarios, culminando
en la producción de tales vacunas. Sin embargo, se reconoce que en el interior
de la cadena de producción-distribución-comercialización, los distintos agentes
cooperantes pueden tener responsabilidades morales diferenciadas. Pero
hay otro aspecto que se debe considerar: es el de la cooperación material
pasiva que se llevaría a cabo por parte de los productores de estas vacunas, en
caso que ellos no denuncien y rehúsen públicamente el acto malo de origen (el
aborto voluntario), y no se esforzasen conjuntamente en investigar y promover
formas alternativas, privadas de malicia formal, para la producción de las
mismas vacunas. Tal cooperación material pasiva, en caso que se verificase, es
igualmente ilícita. **
Respecto a quien tiene la necesidad de utilizar tales vacunas por razones de
salud, se precisa que, excluida toda cooperación formal, generalmente los
médicos o los padres que recurren al uso de tales vacunas para sus hijos, a
pesar de conocer el origen (el aborto voluntario), realizan una forma de
cooperación material mediata muy remota (y en consecuencia muy débil) en lo que
se refiere a la producción del aborto, una cooperación material mediata en lo
que se refiere a la comercialización de células procedentes de abortos, e
inmediata en lo que se refiere en lo que se refiere a la comercialización de
las vacunas producidas con tales células. La cooperación es más fuerte por
parte de las autoridades y de los sistemas sanitarios nacionales que aceptan el
uso de tales vacunas. Pero
en esta situación, lo más destacable es el aspecto de la cooperación pasiva. A
los fieles y a los ciudadanos de recta conciencia (padres de familia, médicos y
colaboradores) les corresponde oponerse, también con la objeción de conciencia,
a los cada vez más difundidos atentados contra la vida y a la “cultura de la
muerte” que los sostiene. Y desde este punto de vista, el uso de vacunas cuya
producción está vinculada al aborto provocado constituye, al menos, una
cooperación material pasiva, mediata y remota con el aborto, y una cooperación
material pasiva inmediata a su comercialización. Además, en el plano cultural,
el uso de tales vacunas contribuye a crear un consenso social generalizado
respecto a lo operado por las industrias farmacéuticas que las producen en
forma inmoral. Por
lo tanto, los médicos y los padres de familia tienen el deber de recorrer a
vacunas alternativas[13] (si existen), ejerciendo toda la presión posible sobre las autoridades
políticas y sobre los sistemas sanitarios, a fin que estén disponibles otras
vacunas que no planteen problemas morales. Si es necesario, ellos deben invocar
la objeción de conciencia[14] respecto al uso de vacunas producidas mediante cepas celulares de origen fetal
humano abortivo. Igualmente, deben oponerse con todos los medios (por escrito,
a través de las diferentes asociaciones, los medios masivos de comunicación,
etc.) a las vacunas que no tienen todavía alternativas sin problemas morales,
haciendo presión para que se preparen vacunas alternativas no vinculadas a un
aborto de feto humano y pidiendo un control legal riguroso de las industrias farmacéuticas
que las producen. **
Respecto a las enfermedades contra las cuales no hay todavía vacunas
alternativas, disponibles y éticamente aceptables, es obligatorio abstenerse de
usar estas vacunas sólo si se puede hacer sin que los niños -e indirectamente
la población en general- corran riesgos de salud significativos. Pero si los
niños estuviesen expuestos a peligros de salud notables, pueden ser usadas
provisoriamente también las vacunas cuyo uso plantea problemas morales. La
razón moral es que el deber de evitar la cooperación material pasiva no obliga
si se plantea un inconveniente grave. Más aún, en tal caso contamos con una
razón adecuada para aceptar el uso de estas vacunas, al estar en peligro de
favorecer la difusión del agente patológico, a causa de la ausencia de
vacunaciones de los niños. Esto es particularmente cierto en el caso de la vacunación
contra la rubéola[15]. En
todo caso, se mantiene el deber moral de continuar luchando y utilizar todo
medio lícito para dificultar la vida a las industrias farmacéuticas que actúan
sin escrúpulos éticos. Pues el peso de esta importante batalla no puede y no deber
recaer ciertamente sobre los niños inocentes y sobre la situación sanitaria de
la población –en particular en lo que se refiere a las mujeres encintas. En
síntesis, se reafirma que: - existe el deber grave de usar
las vacunas alternativas y de invocar la objeción de conciencia respecto a las
que presentan problemas morales[16]; - respecto a las vacunas sin
alternativas, se debe insistir en que es obligación luchar para que se preparen
otras, en que es lícito utilizar mientras tanto a aquéllas en la medida en que
es necesario para evitar un peligro grave no sólo para los niños sino también
y, quizás, para las condiciones sanitarias de la población en general
–especialmente las mujeres encintas; - la licitud de la utilización
de estas vacunas no se interpreta como una declaración de licitud de su
producción, comercialización y uso, sino como una cooperación material pasiva
y, en sentido más débil y remoto, también activa, moralmente justificada como extrema
ratio en razón del deber de proveer al bien de los propios hijos y de las
personas que están en contacto con los hijos (mujeres encintas); - tal cooperación acontece en
un contexto de constricción moral de la conciencia de los progenitores, que
están sometidos a la alternativa de obrar contra la conciencia o de poner en
peligro la salud de los propios hijos y de la población en general. Se trata de
una alternativa injusta que debe ser eliminada cuanto antes. [1] J. E. Banatvala, D. W. G.
Brown, Rubella9415°, The Lancet, 3 april 2004, vol.363, n pp.1127-1137. [2] Rubella, Morbidity and Mortality Weekly Report, 1964, vol. 13, p. 93. S. A. Plotkin, Virologic
Assistance in the Management of German Measles in
Pregnancy, JAMA, [3] L. Hayflick, The
Limited In Vitro Lifetime of Human Diploid Cell Strains, Experimental Cell
Research 1965, 37(3):614-636. G. Sven, [4] S. A. Plotkin,
D. Cornfeld, Th. H. Ingalls,
Studies of Immunization With Living Rubella Virus, Trials in Children With a
Strain Cultured From an Aborted Fetus, American Journal of Diseases in
Children 1965, 110 (4):381-389. [5] J. P. Jacobs, M. Jones, J. P. Baille,
Characteristics of a Human Diploid Cell Designated MRC-5, Nature 1970,
277:168-170. [6] Otras dos líneas celulares que son permanentes, la línea celular
HEK 293 de un feto abortado, obtenida de células de un riñón embrional humano primario, transformado a partir de un adenovirus tipo 5 cortado (el material del riñón fetal se
obtuvo de un feto abortado, probablemente en 1972), y la PER.C6,
una línea celular fetal creada utilizando tejido de retina de un bebé abortado
de 18 semanas de edad gestacional, han sido
desarrolladas por la producción farmacéutica de vectores de adenovirus
(por terapia genética). No han estado implicadas en la producción de alguna de
las vacunas con virus vivos atenuados actualmente en uso, a causa de su
capacidad de desarrollar células oncógenas en el
receptor. De todos modos, algunas vacunas, todavía en estadio de desarrollo,
contra el virus Ebola (Crucell,
NV y el Vaccine Research Center del National Institutes of Health's
Allergy and Infectious Diseases, NIAID), HIV
(Merck), influenza (MedImmune,
Sanofi Pasteur), encefalitis
japonesa (Crucell N.V. y Rhein Biotech N.V.),
son preparadas utilizando la línea celular PER.C6®
(Crucell N.V., Leiden, Países
Bajos). [7] Existen algunas vacunas alternativas contra estas diferentes enfermedades
infecciosas, las cuales son preparadas utilizando células o tejidos animales,
en consecuencia éticamente aceptables. Su disponibilidad depende del país
interesado. Respecto al caso particular de Estados Unidos, no existen
actualmente otras opciones en este país, para la vacunación contra la rubéola,
la varicela y la hepatitis A, que no sean las vacunas proporcionadas por Merck, preparadas mediante el uso de las líneas celulares
humanas WI-38 y MRC-5. Hay una vacuna contra la viruela preparada con la línea
celular Vero (del riñón de un simio verde africano), ACAM2000 (Acambis-Baxter) (vacuna contra la
viruela de segunda generación, conservada, no aprobada en Estados Unidos), que
ofrece entonces una alternativa a la Acambis 1000.
Hay vacunas alternativas contra la parotiditis (Mumpsvax,
Merck), sarampión (Attenuvax,
Merck), rabia (RabAvert, Chiron therapeutics), preparadas
a partir de embriones de pollo (de todos modos se han presentado casos de
alergias graves por el uso de estas vacunas), poliomielitis (IPOL, Aventis-Pasteur, preparada con
células de riñón de simio) y viruela (vacuna de tercera generación contra la
viruela MVA, Modified Vaccinia
Ankara, Acambis-Baxter). En Europa
y en Japón hay otras vacunas disponibles contra la rubéola y la hepatitis A,
producidas utilizando líneas celulares no-humanas. El Kitasato
Institute produce cuatro vacunas contra la rubéola,
llamadas Takahashi, TO-336 y Matuba,
preparadas con células provenientes de riñones de conejo, y una (Matuura) preparada con células de embriones de codorniz. El
Chemo-sero-therapeutic Research Institute Kaketsuken produce otra
vacuna contra la hepatitis A, llamada Aimmugen,
preparada con células de riñón de simio. El único problema que permanece en pie
es con la vacuna Varivax® contra la
varicela, para la cual no existe alternativa. [8] La vacuna contra la rubéola, la cual utiliza la cepa Wistar RA27/3 de virus vivos de rubéola atenuados, adaptada y difundida
en los fibroblastos humanos diploides WI-38 está en
el centro de las actuales controversias en torno a la moralidad del uso de
vacunas preparadas con la ayuda de células humanas provenientes de fetos
abortados. [9] D.M.Prümmer O.Pr.,
De cooperatione ad malum,
en Manuale Theologiae
Moralis secundum Principia S.Thomae Aquinatis, Tomus I, Friburgi Brisgoviae, Herder & Co., 1923, Pars I, Trat. IX,
Caput III, n. 2, pp. 429-234. .K.H.Peschke,
«Cooperation in the sins of others», en Christian Ethics. Moral Theology in the Light of [10] Cf. Juan Pablo II, Evangelium vitae, n. 74. [11] Ibidem. [12] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1868. [13] Tales vacunas alternativas son vacunas preparadas mediante cepas de
células no humanas, por ejemplo la línea celular Vero (de simios) (D.Vinnedge), las células de riñones de conejo o de simios,
o las células de embriones de pollo. Sin embargo, hay que observar que se
verifican alergias graves con algunas de las vacunas preparadas con estas
líneas celulares. La utilización de la tecnología del ADN vuelto a combinar
podría llevar en un futuro próximo al desarrollo de nuevas vacunas que no
necesitarán más el uso de los cultivos de células diploides
humanas para la atenuación del virus y su cultivo, porque tales vacunas no
serán preparadas a partir del virus atenuado, sino a partir del genoma del
virus y de los antígenos así desarrollados (G. C Woodrow,
W. M. McDonnell y F. K. Askari).
Algunos estudios experimentales ya han sido realizados utilizando vacunas en
ADN elaboradas a partir del genoma del virus de la rubéola. Además, algunos investigadores
asiáticos están intentando utilizar el virus de la varicela como vector para la
inserción de genes codificantes a los antígenos
virales de la rubéola. Estos estudios son todavía preliminares y la puesta a
punto de preparaciones de vacunas utilizables en la práctica clínica requiere
tiempos largos y costos elevados. D.Vinnedge, The Smallpox Vaccine, The
National Catholic 1, p. 12. Bioethics Quarterly, Spring
2000, vol. 2. G. Woodrow, “An Overview of Biotechnology As
Applied to Vaccine Development”, en New Generation Vaccines. G. Woodrow,
M. M. Levine (eds), Marcel Dekker Incorporation, [14] Tal debe puede llevar, en consecuencia, a hacer “objeción de
conciencia” cuando el acto reconocido ilícito es un acto permitido o también
alentado por las leyes del país y atenta contra la vida humana. La Encíclica Evangelium
Vitae ha subrayado esta
"obligación de oponerse" a las leyes que permiten el aborto o la
eutanasia "mediante la objeción de conciencia" (n. 73). [15] Esto es particularmente cierto en el caso
de la vacunación contra la rubéola, a causa del peligro de la rubéola congénita.
Tal afección, al causar malformaciones congénitas graves en el feto, podría
ocurrir cuando una mujer encinta entra en contacto, aunque sea breve, con niños
no inmunizados y portadores del virus. En tal caso, los progenitores que no han
aceptado la vacunación de los propios hijos se hacen responsables de las
malformaciones en cuestión y del posterior aborto de los fetos, cuando se
descubre que sufren malformaciones.