Planificación de la familia, satisfacción matrimonial y vida de familia
Por el Dr. Pablo Verdier



De entre los problemas a los que se enfrenta un matrimonio, el de la planificación de la familia satisfactoria, es uno de los más, sino el más frecuente. Como quien va a un supermercado y elige qué tipo y marca de vino va a tomar, actualmente, los matrimonios cuentan con una variada gama de posibilidades para darle solución al problema de la planificación de la familia. Siguiendo con la comparación, también vemos, como sucede con el vino o cualquier otro producto comerciable, que no faltan quienes promocionan el suyo (su método de planificación) como el más seguro, tal o cual interfiere menos con la espontaneidad sexual de los cónyuges, tal o cual es más económico, y un largo etcétera de ventajas se esgrimen para su uso.

A la luz de lo dicho, vemos cómo en este tema tan íntimo, el del amor y de la prole, también se ha infiltrado la mentalidad comercial y práctica. Desafortunadamente, a la hora de evaluar los diversos métodos, ni los que los ofrecen, ni los que los usan, se preguntan: ¿afectará nuestro amor? Pareciera ser que, o dan por descontado que no lo afectará, o que, ni se plantean la posibilidad de que efectivamente pueda existir alguna relación entre método de planificación usado y el amor entre los cónyuges, o lo peor, que el sexo y el amor nada tienen que ver el uno con el otro. La ausencia de este planteamiento, hace de la elección del método algo de orden práctico, que lleva en muchos casos a que sea sólo ella quien decide cuál usará, "ahorrándole" al hombre la responsabilidad de participar en una decisión que, obviamente, también debiera importarle. Y así, una vez solucionado el problema de cuál método usar, el silencio se apodera del matrimonio, el sexo --en todas sus dimensiones-- ya no es más tema de preocupación, deja de ser tema de diálogo entre ellos, y el sexo queda suelto a la espontaneidad y a las necesidades fisiológicas. En estos términos, el sexo, que antes tanto preocupaba por un eventual embarazo no programado, se ha "liberado" de esa posibilidad.

Pero inevitablemente, aparecen nuevas dificultades no sospechadas, nunca imaginadas. Acerca de las ventajas enunciadas anteriormente, la experiencia nos enseña que, la espontaneidad de ella, ni por la sombra se parece a la espontaneidad de él, de modo que aquella espontaneidad tan apetecida, se va tornando gradualmente, como un boomerang, en un problema, lo más frecuente en detrimento de ella. Es que los matrimonios no han caído en la cuenta de que el mito de la espontaneidad es la máscara bajo la cual siempre se esconde el egoísmo, puesto que, la espontaneidad nace de uno y se dirige a sí mismo. La inocuidad para la salud tan reclamada, aún por legítimas causas médicas, con el tiempo, resulta vana esperanza, y así muchísimas mujeres terminan usando en el curso de su vida varios métodos, pasando de uno al otro según las circunstancias, sin encontrar aquel que de una vez solucione satisfactoriamente el problema. La efectividad tan ansiada, termina no pocas veces en un embarazo no calculado (me pregunto cuántos chilenos somos hijos de un fallo imprevisto). La practicidad tan anhelada, se termina convirtiendo en una obsesión de dependencia y disciplina para nada buscados. Y a esta altura, el aspecto económico es ya el que menos importa, porque con tal de ponerle fin al tema, los matrimonios pagarían de buena gana un alto costo, si fuese el caso, con tal de terminar con esta obsesión, llegando incluso a la esterilización tubaria. A la larga, aquella felicidad tan prometida por los más diversos métodos se ha transformado en un problema no resuelto, al que se lo "pateó para delante", postergando la solución verdadera, un problema crónico, desgastante, y lo que es peor, la sexualidad matrimonial se ha transformado más en materia de desencuentro --y aún de angustias-- que de unión, puesto que limita al sexo a la búsqueda impaciente de placer, centrándose los cónyuges más en la técnica que en la entrega amorosa y tierna. Recordémoslo, lo que el amor no da, la técnica tampoco lo logra.

Es que para cualquiera que se detenga a pensar sensatamente, el uso de un método artificial, transforma a la sexualidad en un producto de consumo, o más bien, aquellos que recurren a los métodos artificiales están reflejando, tengan o no conciencia de ello, que su idea del sexo es precisamente la de algo a usar a gusto. Y aquí está el error oculto y silenciado, ni el sexo es algo, ni mucho menos hay que usar de él, como quien usa una cosa. El sexo es una dimensión de lo humano en virtud de la cual la persona se expresa totalmente, se da totalmente, no permite ser usado, su uso sería un abuso, un abuso más de los que se escuchan en nuestra sociedad, abuso que en este caso no está denunciado. A muchos asustará esta idea de donación total, y es precisamente en virtud de ese susto, de ese miedo a darse, que el sexo no es grato. Amor y temor son incompatibles, así como el agua y el aceite. Una entrega calculada, siempre es parcial, siempre esconde algo, y por lo tanto frustra ese anhelo natural, esa ilusión que el amor promete. Es que ese anhelo e ilusión natural al que el amor nos hace soñar, conlleva, si es que queremos concretarlo efectivamente en la realidad, la entrega total hasta sus últimas consecuencias, y precisamente los métodos artificiales de planificación familiar nos revelan de sus usuarios que no están dispuestos a esa totalidad en la entrega. Que su amor esta trancado, atascado, no dispuesto a lo máximo, que guardan cada uno para sí un espacio personal "por si acaso" --aún de común acuerdo--, y obviamente, en el amor verdadero, no existen los "por siaca". Quien se casaría con gusto si su pareja le dijese: "por si acaso no resulta, no me voy a entregar totalmente". Sería precisamente esa falta de entrega la que hace que no resulte. Es esa falta de entrega la que nos hace calcular nuestros esfuerzos y nuestra determinación en sacar el matrimonio adelante. La falla no está en el matrimonio en sí mismo, sino en la actitud con la que se va a él, actitud que respeto a la planificación de la familia, se materializa en la necesidad de recurrir a un método artificial.

Como vemos, el tema de la planificación de la familia no es ni accesorio ni secundario al amor matrimonial, y bien podríamos decir: "dime qué método usas, y te diré cuánto se aman", y "dime cuánto amas, y te diré cuánto duras". No caben, ni pueden caber dudas, al matrimonio hay que ir con las ideas bien claras, y poniendo los medios adecuados para que aquellas ideas e ilusiones sean realizables, si es que nos queremos sentir realizados en nuestro matrimonio. Y a la luz de lo expuesto, los métodos artificiales no resultan métodos adecuados para ello. Es que el éxito en la vida matrimonial, el amor matrimonial, amor fiel y estable, no se sustenta en una técnica ni en un método, se sustenta en esa actitud madura que se adecua a la realidad de lo que la vida matrimonial reclama, la disposición de entrega total.

Una vez planteado el diagnóstico de la planificación familiar artificial, corresponde dar alguna solución alternativa que satisfaga, una solución que a pesar de los esfuerzos --toda meta supone esfuerzo-- satisfaga aquel anhelo de plenitud al que el amor nos hace soñar y nos hace lanzarnos al matrimonio. Obviamente la solución --el método de planificación elegido-- debe permitir, o más bien expresar la disposición de los cónyuges a la entrega total. O sea, tiene que ser una solución no artificial, puesto que, como hemos visto, estos métodos expresan la disposición contraria. Por lo tanto tiene que ser una solución natural, en la que los cónyuges no mutilen las consecuencias de sus actos bajo el pretexto de responsabilidad, porque, ¿quién es más responsable, aquel que se hace responsable de sus actos, o aquel que distorsiona y adultera sus actos, de modo tal que evitando las consecuencias, evita responsabilidades? En nuestro caso, el acto distorsionado y adulterado es el acto sexual, o sea distorsionamos y adulteramos la persona del cónyuge con quien realizamos el acto, y eso obviamente no es amor. Ni amor ni responsabilidad, así no hay matrimonio que festeje las Bodas de Plata (ni las de platino). Además el argumento de la responsabilidad presenta cierta paradoja. Por un lado, en forma sistemática, se argumenta, pocos hijos pero bien criados. Pero la realidad muestra que el número de hijos nada tiene que ver con la buena educación que los padres les proporcionan. Al menos no existen estudios científicos que vinculen una cosa con la otra. Más bien la buena educación dependerá de la actitud de los padres para con ellos. En una visión de conjunto, vemos que la mentalidad antinatalista (anti-hijos), significa, "pocos hijos y que molesten poco". Nuevamente se revela la actitud de poca entrega, ni mucha entrega a los hijos, ni mucha entrega al cónyuge. Así no hay familias felices. Más bien en esas familias cada miembro hace su vida, una vida que será cualquier cosa menos vida de familia. Con todo lo expuesto, qué sencillo se nos hace entender y explicar el aumento exponencial de separaciones y divorcios en el mundo a partir de la década del 60, coincidiendo justo --caramba qué coincidencia-- con la comercialización masiva de las píldoras anticonceptivas. Dos realidades --la píldora y las separaciones-- aparentemente tan inconexas, se explican a la luz de lo planteado, en una misma actitud de fondo de los cónyuges, la poca disposición de entrega, tanto a los hijos como al matrimonio. Con cónyuges así, ¿se podrá esperar matrimonios y familias unidas y felices?

La respuesta a la planificación de la familia para aquellos que aún creen en el amor duradero y verdadero, cae de su propio peso, tiene que ser un método natural, que respete los ritmos naturales y fisiológicos de la mujer, que suponga la participación verdaderamente responsable y reflexionada de ambos miembros del matrimonio. De todas las características que los matrimonios buscan en un método de planificación de la familia, --las que citamos al inicio del artículo-- el Método Natural Billings es el que mejor cumple con aquellas expectativas, además de, por ser natural, reflejar aquella disposición a la vida matrimonial y de familia --la de la entrega sin "trancas"-- tan necesaria para el buen éxito de la más difícil de las empresas, la "empresa" familiar.

El Dr. Pablo Verdier es médico psiquiatra de la Facultad Ciencias de la Salud, Universidad Católica de la Santísima Concepción, Paicaví 3000 Concepción, Chile. Telf.: (41) 26-3350 Fax: (41) 48-1926.


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