La verdad eterna
Por Magaly Llaguno


Aunque la ideología de la "Nueva Era" ("New Age") surgió hace más de un siglo, en la década de los 60 comenzó el proceso de cambio de mentalidad al cual fue sometida la humanidad. La primera fase fue la que promovía la persona de Cristo en detrimento de la Iglesia. "Cristo sí, Iglesia no." "Yo creo en Cristo, pero no en los curas", decían muchos. La siguiente fase fue la de "Cristo no, Dios sí." Fue la etapa de la invasión de las religiones orientales en el Occidente cristiano. Le siguió la etapa de "lo sagrado sí, pero la religión no". Se trata de la etapa de la "Nueva Era", en la que las creencias y prácticas del ocultismo y del paganismo, con una buena dosis de religiones orientales, son consideradas "sagradas". Es la etapa de la "espiritualidad" sin religión, sin Cristo, sin Dios y por consiguiente sin Sus divinos mandamientos, es decir, sin moral.

Los "gurús" de la "Nueva Era" prometen paz y felicidad a sus seguidores, instándoles a meditar para encontrar "su verdad". Las viejas herejías están siendo utilizadas por la "Nueva Era", para justificar hasta la matanza de inocentes seres humanos no nacidos. La Coalición Religiosa para la Libertad Reproductiva (Religious Coalition for Reproductive Choice), en su folleto titulado "Abortion: Finding Your Own Truth" ("El aborto: para encontrar tu propia verdad"), aconseja a las mujeres del siguiente modo: "Las personas utilizan muchos nombres diferentes para su espiritualidad. Uno de estos nombres es Dios. Otros son: la verdad mayor, el poder superior, la voz interior, la luz interior, el espíritu de amor, el espíritu santo, o la sabiduría infinita. En estos ejercicios a menudo nos referimos a la espiritualidad simplemente como la verdad o la voz de la verdad."

Luego el folleto sugiere que la mujer que está tratando de decidir si abortar o no, lleve a cabo ciertos "ejercicios espirituales" para encontrar "su verdad". Es decir, para tomar su decisión. He aquí uno de ellos: "Ahora ponte ambas manos sobre el corazón e imagínate o recuerda algún momento en que te sentiste llena de amor, relajada y feliz. Fíjate cómo responde tu cuerpo. ¿En qué lugar de tu cuerpo tienes sensaciones de calor, relajación, suavidad y expansión? Allí es donde está tu verdad. Ponle atención a este lugar, al tratar de descubrir lo que crees que es correcto para tí."

¡Qué convenientes son estas "creencias" para aquellos que quieren justificar la matanza de inocentes niños no nacidos! Bajo este mismo "razonamiento", se podría tratar de justificar también el deshacerse de un niño con incapacidades o de un abuelo anciano y enfermo. Hoy en día se busca una espiritualidad sin Dios, se medita en el vacío, y se rechazan los principios religiosos y morales, es decir, las verdades eternas. El hombre y no Dios se ha convertido en el árbitro de lo que está bien o mal. Se ha caído en un relativismo moral, donde cada cual decide por sí mismo (es decir, a su conveniencia) lo que está "bien" y lo que está "mal".

Peor aún, según la "Nueva Era", cada uno de nosotros es Dios o parte de Dios. Esto se llama panteísmo. Basados en esa falsedad cada uno se siente con la autoridad y la capacidad para decidir o aún para inventar su propio modo de vida, su propia "moral". De esta forma muchos justifican el aborto, la eutanasia y otros crímenes basados en este exagerado concepto de la libertad y en el relativismo moral, los cuales a su vez están basados en el panteísmo egoísta de la "Nueva Era".

Pero para nosotros los cristianos, la Palabra de Dios es la que debe guiar nuestra meditación y no los deseos de nuestro corazón, pues como dijo Jesús: "Porque del corazón provienen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y blasfemias" (Mateo 15:19).

La Biblia está llena de pasajes que nos invitan a meditar en nuestro corazón sobre los mandamientos divinos. El Salmo 119, por ejemplo, desde el principio hasta el final es una continua alabanza a la ley de Dios: "Oh, cuánto amo tu ley, todo el día es mi pensamiento. Más sabio que mis enemigos me hace tu mandato, que siempre está conmigo, soy más prudente que todos mis maestros porque medito tus decretos... para mis pies antorcha es tu palabra y luz para mi ruta" (Sal 119:97-99, 105).

Para el cristiano, por lo tanto, la verdadera meditación consiste en ir a los más profundo de nuestro corazón, basándonos en la Palabra de Dios para encontrar allí, no "mi verdad", sino La Verdad Eterna: Dios, revelado en la humanidad de Jesús, Su Hijo encarnado. Allí en lo más íntimo de nuestro ser le adoramos, le bendecimos, le damos gracias y descubrimos Su voluntad para nosotros. Sólo de este modo nuestra meditación producirá frutos de amor y santidad. Como bien dijo San Agustín: "...nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti" (Confesiones, 1,1,1). Sólo Dios es la fuente de toda verdad y de toda verdadera felicidad.


mapa-newage.jpg

Menú