Facultad de Medicina,
Universidad de los Andes
Chile
4 de
febrero del 2008
El SIDA
es una enfermedad grave que se caracteriza por una disminución de las defensas
inmunológicas, provocada por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). En
Chile produce alrededor de 375 muertes por año y el VIH se transmite por vía
sexual, principalmente entre homosexuales [1].
Para
prevenir la transmisión del VIH, el gobierno ha lanzado una campaña basada en
el uso generalizado de preservativos. Hay una extensa experiencia internacional
sobre el tema que vale la pena analizar.
El VIH,
a diferencia de otras enfermedades de transmisión sexual (ETS), no es
altamente contagioso. Las cifras de
transmisión más altas son las de Kenya, país en el cual un 8,2% de hombres que
tuvieron una sola relación sexual con prostitutas se contagió, es decir, se
hizo VIH-positivo [2]. En Tailandia, en un estudio hecho con 1115 conscriptos,
la probabilidad de infección por cada relación sexual con prostitutas, fue de
3,1% [3]. En cambio, en la mayoría de los estudios realizados en Occidente, el
contagio por cada relación sexual es del orden del 0,1% [4], cifra que aumenta
10 veces entre homosexuales [5]. Todos estos datos se refieren a relaciones únicas
en que no se usó preservativo.
Estas
diferencias en la infección con el VIH (entre el 0,1% al 8,2% por relación
sexual), pueden atribuirse a que dicha infección aumenta (hasta 10 veces) con
la concentración del VIH (la “carga” viral) en los fluidos corporales de la
persona que infecta y con la coexistencia de otras enfermedades asociadas, por
ejemplo, las úlceras genitales.
En
cuanto a la efectividad de los preservativos, éstos tienen dos clases de
efectos. Uno es la de ser una barrera que impide el intercambio de secreciones
entre la pareja, a la cual debe su efectividad relativa para impedir
infecciones y embarazos. En el caso del VIH, se considera que su efectividad
para impedir su transmisión no puede ser mayor que la de impedir embarazos. El
otro tipo de efecto ocurre en las
poblaciones, en la que la promoción del uso de preservativo produce
cambios conductuales que favorecen la transmisión del VIH y de las ETS.
¿Cuál
es la efectividad real de los preservativos en el caso del VIH? La efectividad se
mide como la relación (el cociente) entre la incidencia de la transmisión del
VIH entre personas que usaron el preservativo de manera “perfecta” (siempre y
adecuadamente) y la incidencia entre los que no lo usaron nunca. Estas cifras,
en el trabajo más importante realizado, que analizó 25 estudios con 1151 personas
inicialmente VIH negativas, que mantenían una relación exclusiva con una pareja
heterosexual VIH-positiva [6], dio cifras de incidencia en usuarios del preservativo
de 0,9 por 1000 personas-año (esto es, de 1000 personas que mantuvieron
relaciones durante un año con su pareja VIH-positiva, 9 se contagiaron). En
cambio, en los que nunca usaron el preservativo, la incidencia fue de 6,7 por
1000 personas-año, esto es, por cada 1000 personas que tuvieron relaciones con
una pareja VIH-positiva durante un año, 67 se infectaron. De esta relación se
calcula una efectividad promedio de los preservativos de 86,6%, cifra que está
lejos de un 100% de efectividad. Estos datos fueron obtenidos de estudios controlados
en los que se entrenaron a las personas en
el uso “correcto” del preservativo y se les proporcionó preservativos de óptima
calidad. En cambio, en el mundo real, en
que hay mucho más fallas de los usuarios o de los preservativos, se acepta que
la efectividad de estos es bastante menor.
De las
cifras expuestas puede deducirse lo siguiente. En individuos heterosexuales que
no usan preservativos, la probabilidad de infección por VIH es entre 0,1 y 8,2%
por relación sexual. Si se acepta una cifra promedio de relación sexual de 9
por mes [7], en un año habrá 108 relaciones sexuales y la probabilidad de
infección será de 10,8 a 88,6%. Es decir, entre un 10,8 y 100% de las personas se
infectará, dependiendo de la propensión a infectarse por parte de la pareja y
de la susceptibilidad del contagiado. En cambio, entre los homosexuales, en que
la probabilidad de infección es de 1% por relación sexual en un año, el 108% (el
total) se infectará. Ahora, si las personas hubieran usado preservativo de
manera “perfecta”, las tasas de infección entre los heterosexuales habrían
disminuido a una cifra entre un 1,45% (10,8% multiplicado por la probabilidad
de falla de los preservativos = 0,134) y un 118,7% (todos infectados) en un
año, lo que se calcula por el % de infectados (88,6%) multiplicado por 0,134
(la probabilidad de fallas).
En
cuanto a los homosexuales, no poseo
datos acerca de la efectividad de los preservativos. Sólo se sabe que ella es
menor que en los heterosexuales, ya que la posibilidad de rotura en ellos es
mayor. Por ello, los que están a favor del homosexualismo recomiendan usarlos
extra gruesos. En todo caso, con una propensión a infectarse del 1% por cada relación
sexual (10 veces mayor que en heterosexuales), y una probabilidad de falla del preservativo
bastante mayor que 0,134, se llegaría, en un año, a cifras de infección muy
superiores a las que se observan entre parejas heterosexuales.
¿Por
qué fallan los preservativos? Existen fallas debidas a los usuarios (no los usan
en forma adecuada) y fallas del material
de látex con que se fabrican, a pesar de que ha mejorado en los últimos diez
años.
Las
fallas más frecuentes se deben al deslizamiento o a la rotura del preservativo,
los que sumados dan una frecuencia
promedio de 2,6%, aunque hay estudios en que llega hasta el 16,6% [8]. La FDA
permite aprobar un lote de preservativos si cuatro o menos de cada mil, no
dejan pasar el agua. Entre los
aprobados, un promedio de 2,6 por mil deja pasar el agua, lo que es importante,
ya que el paso del virus a través de los poros del látex depende del paso de
fluidos a través de ellos y no del tamaño del virus [9]. Según los prestigiosos
Consumer Reports [10], de 23 marcas de preservativos en venta en EEUU
estudiadas, 2 tienen tendencia a fallar, incluyendo una repartida por Planned
Parenthood (Paternidad Planificada) [11] en consultorios. Por otra parte, las
mediciones en consultorios del paso del VIH a través de preservativos varían
entre 0 y 54%, según la marca,
excluyendo una en que lo dejaba pasar en el 100% de los casos [12]. En
otro estudio [13] también se vio que preservativos de óptima calidad dejan
pasar semen durante las relaciones sexuales en el 15% de los casos.
En
cuanto a los embarazos, en 6 meses de uso “consistente” (siempre) se embarazó
el 1% de las mujeres, tasa que aumentó al 6,3% entre los usuarios “típicos” del
preservativo, lo que da tasas anualizadas de falla del 2,2% y 12,6%,
respectivamente [14].
Otras
causas conocidas de falla de material son el calor (por ejemplo, el guardarlos en
la guantera de los automóviles o en las billeteras) y el uso de vaselina como
lubricante, lo que puede llevar a la inutilización total del artefacto.
Más
serio que lo anterior es la respuesta de las poblaciones a las campañas que
incentivan el uso de los preservativos. Ello ocurre porque la gente comienza a
creer que el “sexo seguro” es una opción más placentera y carente de riesgos,
lo que lleva a que un mayor número de personas, especialmente jóvenes,
comiencen a adoptar conductas de riesgo, a aumentar la cantidad de relaciones,
con o sin preservativos, generalmente con un mayor número de parejas, lo que va
a aumentar la transmisión del VIH y de otras ETS. Esto se ha visto en varios
estudios en EEUU, Canadá, y África, y existe un buen modelo matemático que lo
describe [15]. En EEUU, a pesar de (o debido a) las intensas campañas pro “sexo
seguro” el número de nuevos infectados cada año por ETS, excluyendo el VIH, es
de 15 millones de personas, siendo las dos terceras partes menores de 25 años,
llevando el total de personas infectadas a unos 68 millones [16]. Y, en lo que
se refiere al VIH, en EEUU el número de nuevos infectados se ha mantenido en
40.000 durante los últimos diez años.
Concluyendo,
podemos decir que los datos presentados muestran claramente que la protección
otorgada por los preservativos es sólo parcial, con una tasa de fallas del 13%
y efectos no deseados que, al aumentar la promiscuidad sexual, puede
incrementar, más que disminuir el número de infectados por VIH y otras
enfermedades sexuales.
Ello ha
llevado a que el CDC de EEUU, el más prestigioso centro de control de
enfermedades del mundo, afirme: “La manera más segura de evitar la transmisión
de ETS es abstenerse de relaciones sexuales, o estar en una relación monogámica
de largo plazo con una pareja que usted sabe no está infectada”. Ello se ha
aplicado con gran éxito en Uganda. En Chile, en cambio, parece que nos hemos
subido a la aerolínea que se estrella en el 13% de sus vuelos.
Notas:
[1]. Ministerio
de Salud de Chile.
[2]. Lancet
Aug 19, 1989, p. 403.
[3]. Lancet
(1994) vol.343: 204.
[4]. Lancet
(2001) 357: 1149.
[5]. N.
Eng. J. Med. (1997) 336: 1072.
[6]. Fam.
Plann. Persp. (1999) 31: 272.
[7]. Lancet
(2001) citado.
[8]. Estudio
de la Administración para los Alimentos y Drogas – FDA; del Centro para el
Control de Enfermedades – CDC; y los Institutos Nacionales de Salud – NIH, de EEUU, 20-Julio-2001; y Fam. Plann. Persp (1999)
citado.
[9]. FDA,
CDC, NIH, citado.
[10].
Consumer Reports, Feb. 2005.
[11]. Paternidad
Planificada es la asociación miembro en EEUU de la IPPF/Región del Hemisferio
Occidental. Las siglas “IPPF” denotan, en inglés, a la Federación Internacional de
Planificación de la Familia, la federación de organizaciones no gubernamentales
(ONGs) más abortista del mundo. Para obtener más información acerca de esta
organización, consulte, en el portal de VHI, el siguiente enlace: http://www.vidahumana.org/vidafam/ippf/ippf_index.html.
[12]. Fam.
Plann. Persp., citada.
[13]. Contraception
(2005) 71:130.
[14]. CDC,
FDA, NIH, 2001.
[15]. Lancet
(2000) 355: 400; Am. J. Publ. Health (1993) 83: 529; Can. J. Hum. Sexual.
(2004) 13: 67; J. Acquir Immune Defic Syndr (2005) 40:77-82.
[16]. CDC,
1999.
