Se suele hablar mucho de las medidas de prevención del SIDA y de los avances en la terapia de dicho síndrome. Pero quizás se eche en falta otro aspecto poco conocido por la opinión pública y, si cabe, de mayor importancia que los antes mencionados: las consecuencias psíquicas que produce tal diagnóstico en la persona y en su entorno familiar y social.
A medida que esta patología va siendo más conocida, se observa cómo los enfermos que padecen esta enfermedad presentan diversos trastornos psíquicos, que se añaden a las complicaciones médicas que, ya de por sí, tiene esta infección del SIDA.
Síndromes clínicos
Aunque son múltiples los trastornos psíquicos que pueden presentarse, me limitaré a exponer los síndromes clínicos más frecuentes. Los datos que voy a exponer están basados en:
- Principios pedagógicos conocidos.
- Mis observaciones personales con jóvenes pacientes.
- Casos proporcionados por otros profesionales de Salud.
Muchos de los problemas de salud mental que presentan las personas con VIH son comunes a los ya descritos en pacientes con cáncer o enfermedades terminales, aunque en el caso de enfermos de SIDA, se dan con una mayor frecuencia una serie de problemas psicológicos que los que ocurren en otras enfermedades de pronóstico similar. El que aparezcan estos trastornos puede deberse entre otras causas: al impacto social que produce esta enfermedad; a que se dé esta patología en personas tan jóvenes; a la gran vulnerabilidad psicológica de estas personas, así como a la posible afectación del sistema nervioso central, etc.
Ante el diagnóstico de seropositividad la primera reacción de la persona afectada es generalmente la de una reacción catastrófica, con una fuerte carga emocional, por la percepción del miedo a una muerte cercana e inevitable tras un curso doloroso por la enfermedad. Además, se suelen añadir preocupaciones en torno a la pérdida de soporte social y del afecto por parte de familiares y amigos, pensando que será una carga pesada para el entorno; e incluso al miedo a la alteración de su aspecto externo y a la posible pérdida de sus facultades mentales.
Por otra parte, la atención que prestan los medios de comunicación a esta epidemia, la ansiedad que produce y los miedos hipocondríacos respecto a su posible contagio, hace que muchas personas acudan a la consulta del psiquiatra, aunque sólo sea con el motivo de esclarecer su caso.
Y en cuanto a la patología psiquiátrica hay que señalar: En primer lugar son muy frecuentes los cuadros severos de angustia y depresión.
Los cuadros depresivos de moderada intensidad pueden aparecer en cualquier momento en el curso de la infección por VIH, pero son más severo, sobre todo, cuando se notifica al enfermo su seropositividad. No es extraño que en ese momento haya un gran riesgo de suicidio.
Este elevado riesgo de suicidio, en este momento, es bastante mayor que el que aparece en la población en general. Así, Marzuc y colaboradores, examinando las muertes acaecidas en New York a mediados de los años ochenta, encontraron que el riesgo de suicidio entre varones con VIH era 35% mayor que el de la población en general.
La ideación suicida puede ser manifestación de una enfermedad depresiva, pero también puede ser expresión del deseo del paciente de tener el control último sobre su vida, cuando los síntomas se vuelven intolerables. Es lo que se ha dado en denominar "suicidio racional" como entidad distinta a la acción suicida llevada a cabo en el contexto de un intenso distrés emocional, una depresión o de un delirio orgánico.
Este concepto es muy cuestionado ante el convencimiento por muchos clínicos de que ningún suicidio es "racional". En la literatura científica, respecto a los pacientes terminales, que han llegado a cometer suicidio, se ha podido demostrar como la mayoría de ellos presentaban una depresión clínica o una alteración en sus funciones cognitivas, que les impedía tomar decisiones adecuadamente.
Es frecuente también encontrarse con síndromes maníacos que pueden ser secundarios al trastorno del sistema nervioso central. Es decir, secundarios a trastornos cerebrales orgánicos, posiblemente por la infección del VIH de las zonas subcorticales del cerebro que intervienen en la regulación de los estados afectivos, y que, a su vez, provocan oscilaciones en el estado de ánimo junto a un deterioro cognoscitivo.
Otros trastornos psiquiátricos de aparición frecuente en estos pacientes lo constituyen los cuadros psicóticos con clínica alucinatoria (visual o auditiva) y a veces delirios de contenido persecutorio o de grandeza. Estos trastornos pueden ocurrir en el contexto de un deterioro congitivo o pueden constituir la única manifestación psicopatológica.
La clasificación diagnóstica de los cuadros psicóticos de aparición en estos pacientes plantea diversos problemas. Muchos de ellos estarían dentro de las categorías del DSM-III.R y del CIE-10 como trastornos mentales orgánicos.
Aborde terapéutico
Se requiere un abordaje multidisciplinario, en el que el psiquiatra forme parte del equipo terapéutico, para lo cual debe estar familiarizado con la evolución y el tratamiento psicoterapéutico, conductal y psicofarmacológico de pacientes con complicaciones médicas. En la práctica clínica, es cada día más frecuente la administración de psicofármacos a este tipo de pacientes: neruolépticos, antidepresivos, benzodiacepinas, etc.
Junto a los avances en el tratamiento médico de la infección por VIH, se ha hecho evidente la importancia que tienen los aspectos psicoterapéuticos como elemento central en la asistencia sanitaria de tales pacientes.
Quizá es en esta enfermedad, más que ninguna otra de la historia reciente, donde se ha visto la gran relación que existe entre los síntomas físicos y psicológicos.
En este marco ha cobrado gran importancia técnica lo que en el mundo anglosajón se ha denominado "counselling", término que hace referencia a los procedimientos psicoeducativos y psicoterapéuticos que deben utilizarse para el manejo de estos casos.
La OMS recomienda una serie de medidas a tener en cuenta cuando se trata de actuar con enfermos de SIDA, aunque las técnicas a seguir con estos enfermos son en general muy sencillas y estandarizadas.
Se recomienda que los agentes de salud que se dedican a esta tarea tengan un adiestramiento especial. No basta la buena voluntad. Es necesario estar preparado para saber lo siguiente:
1) Los temas que deben abordarse
2) Los planteamientos que deben hacerse a tales enfermos, dada la situación psicológica especial que atraviesen una vez detectada la enfermedad.
3) Tratar de modificar sus hábitos de conducta.
Las intervenciones psicoterapéuticas son cada vez más necesarias en el manejo del paciente seropositivo, aunque esté asintomático: En definitiva, alrededor del SIDA se suscitan muchas reacciones cargadas de afectividad que es necesario ir controlando; y el comprender la complejidad de las reacciones emocionales que despierta el SIDA, preveer sus consecuencias y tratar de ir creando en los enfermos un deseo de asumir su enfermedad, es una de las tareas primordiales del psicoterapeuta.
El objetivo general de estas intervenciones es el facilitar los mecanismos adaptativos para afrontar la enfermedad. Muchas de estas técnicas están especialmente orientadas a intentar resolver los conflictos que siempre están presentes en estos enfermos o en sus familiares.
Para poder llegar a asumir la enfermedad, el paciente necesita recibir un gran apoyo familiar. Si todo el mundo necesita cariño y atención, estas personas lo requieren más especialmente. También en la medida de lo posible, hay que tratar de inculcarles valores que les permita sobrellevar mejor su situación, y cumplir las prescripciones terapéuticas. Hay que abordar también las nuevas circunstancias sociales y familiares que pueden presentarse. Y en la medida de lo posible, dada la complejidad de variaciones emocionales que aparecen en este enfermedad del SIDA, hay que intentar que asuman valores que puedan dar sentido a su vida.
Los grupos de autoayuda de pacientes o de familiares también han sido utilizados con éxito en este campo de la asistencia en salud mental.
Síndrome de "Burnout" en la relación con la atención al paciente VIH:
Además es necesario estar prevenidos sobre lo que se ha llamado el Síndrome de Burnout (desgaste que sufre el personal sanitario que trabaja con estos pacientes). Porque en esta enfermedad, además de encontrarnos con los síntomas comúnmente encontrados en otras enfermedades graves (la severa debilidad del paciente, el mal pronóstico y la alta mortalidad) el personal sanitario que atiende a los enfermos con SIDA, hace frente a otros problemas específicos de esta enfermedad (el temor al contagio, la incomodidad en el manejo de los trastornos emocionales, posibles prejuicios acerca del estilo de vida de estas personas infectadas, etc.).
No es extraño, por tanto, que el personal que atiende a los pacientes VIH/SIDA tenga un alto nivel de desgaste profesional. El Síndrome de Burnout o síndrome de desgaste se caracteriza entre otras cosas por: una pérdida progresiva de idealismo y de objetivos; una gran fatiga crónica que puede acompañarse de cefaleas, insomnios, trastornos gastrointestinales, pérdida de peso, dolores diversos, etc., junto a algunos síntomas depresivos como pueden ser: pesimismo, indecisión, irritabilidad, incapacidad de concentrarse, falta de energía, disminución del interés por los pacientes, etc.
En definitiva afecta la calidad de vida del profesional y disminuye la calidad de su atención sanitaria. De todas formas, el desgaste profesional depende de cada persona particular y de sus condiciones laborales.
En cuanto a la prevención, un aspecto que se ha observado es que un reductor del "burnout" fue el apoyo social, junto con unas condiciones de trabajo más flexibles: rotación de áreas, momentos de descanso, participación en las normas de organización.
El gran incremento en el número de casos de SIDA observado en todo el planeta, así como el impacto psicológico que produce la infección por Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y sus secuelas neuropsiquiátricas, subraya la importancia de los servicios de Salud Mental, tanto para ayudar a las personas ya infectadas, como para planificar y dirigir campañas de fomento a la salud relacionadas con el SIDA, ofreciendo orientaciones sobre el empleo de métodos y técnicas educativas específicas, que han demostrado su eficacia en otras grandes campañas de salud encaminadas a modificar la conducta de individuos o grupos.
Tenemos que convencernos de que el SIDA no es solamente un virus mortal, sino una enfermedad que conlleva mucho sufrimiento humano que es posible aliviar. Es por ello que, los Servicios de Salud Mental y la atención debida al enfermo pueden paliar este gran reto que ahora tiene la humanidad con esta enfermedad del SIDA.
Nota: La psiquiatra española Gómez Lavín dio esta ponencia en el Primer Congreso Internacional por la Vida y la Familia, organizado por Vida Humana Internacional en Panamá, en mayo de 1996.
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