Como capellán del Hospital Subregional de Humacao desde el mes de mayo de 1984, he tenido bastante experiencia en la asistencia espiritual durante la enfermedad y en la hora de la muerte de pacientes con la enfermedad del SIDA. Comprendo la amenaza que esta enfermedad está causando en el mundo entero, la preocupación de todos por evitar contraerla, y la de las autoridades de los países que quieren controlar su propagación. Pero tristemente algunos proponen remedios como el uso de preservativos durante el acto sexual, que jamás darán buenos resultados, fomentarán más la promiscuidad aumentando a la larga aún más los casos de SIDA. El único remedio eficaz es la práctica de la castidad, de vivir según las leyes de Dios, Nuestro Creador.
La castidad implica la completa abstinencia del uso de la facultad sexual dentro y fuera del matrimonio legítimo de todo lo que no está conforme con las leyes de Dios para el matrimonio. Implica fidelidad absoluta en el matrimonio, castidad tanto para el sexo masculino que para el femenino.
Prácticas como la masturbación, la homosexualidad, la bestialidad, la fornicación, el adulterio, la prostitución, las relaciones sexuales premaritales, la contracepción, el aborto y la pornografía están en contra de la virtud de la castidad. En la Biblia leemos como Dios condena estos pecados y como nos advierte que los que no se arrepientan de ellos no entrarán al Cielo. Y Dios quiere salvarnos para que vivamos con Él en el Cielo, por eso a veces permite enfermedades y calamidades, como escarmiento para que dejemos los caminos que nos llevarán al infierno. En mi ministerio pastoral con los enfermos he comprobado como Dios da extraordinarias gracias de arrepentimiento a las víctimas del SIDA y como les "lava" con su amor misericordioso.
Un famoso sacerdote jesuita en EE.UU., el Padre Kenneth Baker, en uno de sus libros (Fundamentals of Catholicism), indica que no hay ningún área de la vida moderna donde la oposición entre la fe y práctica católica por un lado y los valores y costumbres de muchos neopaganos por el otro lado sea más evidente que en campo de la sexualidad. Para el católico fiel la sexualidad es algo sagrada porque fue diseñada por Dios para transmitir la vida humana. El católico fiel reconoce que el placer que acompaña a esta colaboración con el Creador es una señal de su bondad y de su amor. Pero para los paganos modernos y cristianos secularizados, la sexualidad es simplemente placer, un recurso para el juego y la gratificación de sí mismo, sin referencia ninguna al Dios Creador.
Hay muchos que creen que vivir la castidad es imposible, pero esto no es verdad. Dios nunca nos manda a hacer lo imposible. Él da a todos gracias suficientes para llevar una vida según sus leyes y poder ir al Cielo. Pero también nos ha dado la libre voluntad para cooperar con estas gracias o rechazarlas. Por eso necesitamos antes que nada desear querer hacer la voluntad de Dios. Debemos desear ser castos, las Sagradas Escrituras nos invitan a pedir la gracia de la castidad. Debemos reflexionar sobre la belleza de la castidad y sus méritos. Además de la oración, los sacramentos de la confesión y la comunión son una gran ayuda para que el católico pueda ser casto. Para los casados es también de gran ayuda seguir con fidelidad en Dios a todo lo que Él ha dispuesto para el matrimonio. No se puede llegar a la santidad en el matrimonio sin usar la facultad sexual según el plan establecido por Dios.
Finalmente, propongo a todos la devoción a la Santísima Virgen María, la Madre de Jesucristo nuestro Redentor, para ayudar a guardar la castidad o para recuperarla si se ha perdido. ¡Que Ella nos proteja contra las asechanzas del Demonio!
NOTA: El Padre Julián Simón, O.S.B., sacerdote por 42 años, antiguo párroco de Humacao y Yabucoa, actualmente es capellán del Hospital Subregional de Humacao y ayudante en la parroquia de Humacao, Puerto Rico.
