Se espera que el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) nos acompañe durante mucho tiempo. El tratamiento no ha controlado las infecciones ni evitado las muertes, y las vacunas no están a la vista. El tan difundido condón, que ha estado con nosotros a través de todo este siglo, tiene marcadas limitaciones. La continua sucesión de nuevos contraceptivos atestigua las grandes limitaciones del condón en prevenir el embarazo. Si el espermatozoide, de tamaño mucho mayor, lo atraviesa, mucho más lo hará el virus. El condón ha fallado todavía más en la prevención de las enfermedades de transmisión sexual (ETS), la incidencia de las cuales nunca había sido tan alta como hoy día.
Epidemiológicamente, el virus del SIDA se propaga primariamente a través de los múltiples compañeros sexuales. Cada nuevo compañero incrementa el riesgo de contraer el virus, particularmente si el compañero ha usado drogas por vía intravenosa, ha tenido actividad homosexual o ha tenido relaciones con alguien que las tuviera.
Abstinencia y Monogamia
Hay ahora un acuerdo general, incluso entre homosexuales, de que la abstinencia y el contacto exclusivo con un compañero no infectado son las únicas protecciones seguras contra el virus del SIDA. Hoy la abstinencia y la monogamia no son ya desdeñosamente desechadas como imposiciones religiosas. Más bien son vistas como la respuesta pragmática al problema, ya que el condón es indadecuado, pues como mucho sólo retrasa pero no previene a la larga de la infección.
Por otra parte, con todo esto nos damos cuenta cada día más que la naturaleza está intentando decirnos algo: que la abstinencia antes del matrimonio y la monogamia después son normas sexuales que sirven a la necesidad de supervivencia de la especie animal.
Pero el hecho es que año tras año, millones de adolescentes caen en el mar turbulento de la actividad sexual prematura y precoz. Una vez que los jóvenes practican el coito premarital, raramente se retractan y permanecen abstinentes hasta el matrimonio. Es el cruce del Rubicon en la historia de la vida. Cuando se desecha la abstinencia, la monogamia raramente es el final. La educación sexual que explícitamente o implícitamente ofrece el condón como respuesta a la actividad genital de los jóvenes, simplemente acelera el proceso.
¿Panacea o placebo?
Realmente, la principal misión de las campañas en favor de los preservativos para prevenir el SIDA es impresionar a los promotores, políticos y el público en general de que algo se está haciendo; y aunque bien intencionadas, ofrecen más un placebo (nos deja tranquilos) que una panacea (la solución al problema).
El esfuerzo por promover el condón a los cuatro vientos manifiesta, la mayoría de las veces, la valentía de un puritano que está intentando probar al mundo que no es puritano, pues poner el énfasis en los aspectos mecánicos del acto sexual excluyendo los aspectos emocionales y psicológicos (que las campañas del preservativo ignoran) es la esencia del puritanismo. La única diferencia entre el nuevo y el viejo es que donde el puritanismo tradicional alegaba creer que el sexo era algo que tenía que ser aislado y reprimido, el neopuritanismo acepta el sexo como algo que debe ser aislado y ejercido. Rollo May establece que el nuevo puritano tiene "la misma forma puritana antigua: la confrontación entre el cuerpo y los sentimientos, y la explotación del cuerpo como si fuera una máquina".
Además, ya sabían los griegos, lo que los "educadores sexuales" parecen haber olvidado, que los jóvenes "tienen fuertes pasiones, y tienen a satisfacerlas indiscriminadamente. De los deseos del cuerpo, los sexuales son los más fuertes y donde muestran más ausencia de autocontrol" (Aristóteles, Retórica, 1389a 2 - 1389b 11). Ya que esto es así, debería ser obvio que el mensaje de las campañas en favor del preservativo no son más que un despilfarro de esfuerzo y dinero.
La solución: formación, no información
La información sobre el condón es una respuesta simplista a lo que requiere la juventud. No convierte la inmadurez en madurez. La formación, no la información, es lo que se necesita. Más que hablar sobre el condón, habría sido mucho más efectivo preparar y equipar a los padres con los apropiados conocimientos para educar a sus hijos e hijas sobre el valor de la abstinencia, y para que puedan transmitirles la idea de que los chicos y las chicas necesitan colocar sus energías en otras direcciones, y que las chicas necesitan defenderse de las acometidas de los chicos. Quizás el próximo gran avance será alcanzado cuando la castidad, tanto la en abstinencia como en monogamia, no sea ya vista como una imposición religiosa.
Lo más efectivo para lograr el control del SIDA es la prevención primaria (prevención en los que todavía no tienen la enfermedad): conseguir que el joven no comience a tener actividad sexual precoz y prematura, paso inexorable a los múltiples compañeros sexuales y el SIDA. Los estrategas de la salud pública en los Estados Unidos no tienen dificultad con la prevención primaria en el caso del tabaco y de las drogas, buscando a los jóvenes antes de que empiecen. ¿Por qué no prevenirlos haciendo los mismo en el caso del SIDA. ¿Asumir que todos los pre-adolescentes y adolescentes van a tener automáticamente actividad sexual prematura es una actitud derrotista.
Visto desde otro ángulo, nuestro problema es que en nuestra cultura de hoy la fidelidad no es una característica del amor de los jóvenes. Y el amor sin compromiso es una falsificación del amor. Sin amor verdadero, el abandono es lo común, y los compañeros sexuales vienen y van rompiendo corazones. Esto les lleva a perder la autoestima y la propia identidad.
El que tengan múltiples compañeros sexuales no sólo los coloca en el camino del SIDA, sino más pronto o más tarde les lleva a una serie de enfermedades sociales muy destructivas: no sólo la interrupción del desarrollo personal, sino los embarazos no deseados, el aborto con sus secuelas físicas y psicológicas, las enfermedades de transmisión sexual, las drogas, el alcohol, el suicidio y el debilitamiento presente y futuro de la vida familiar.
Quizás lo peor de todo es la pérdida del don de la fertilidad. Es una gran tragedia descubrir más tarde, cuando urge tener un niño y se considera lo más grande en la vida, que por la anterior vida promiscua se ha quedado estéril. Aquellas que acuden tempranamente en su vida a las clínicas de control natal, frecuentemente acudirán más tarde a las clínicas de esterilidad. La joven generación necesita darse cuenta de que la naturaleza sólo le ha dado un cuerpo; que no es un cuerpo para ensayar lo que le divierte; es un cuerpo que tiene que durar toda la vida.
El problema, entonces, es rescatar a los jóvenes de las garras del libertinaje. El condón no fomenta la abstinencia ni la monogamia, sino todo lo contrario. Aquellos que enseñan el uso del condón están aprobando implícitamente la actividad genital activa. El mensaje que comunican es que el condón es bueno porque convierte el sexo irresponsable en responsable, dándole una apariencia de respetabilidad y normalidad. Es el viejo refrán de paternidad planificada o del "birth control", que únicamente ha dado lugar a más y más adolescentes embarazadas.
Aprendices de brujos
Los defensores del condón seducen a nuestra juventud en las aguas profundas de las que raramente emergen. Su promoción intensiva despierta y estimula más y más la imaginación y fomenta la actividad genital entre los jóvenes, de forma que fácilmente caen en la promiscuidad. Tales promotores son, en efecto, aprendices de brujos, incapaces de parar la corriente que ellos han fomentado. No pueden achicar el agua del barco cuando ya se está hundiendo. Abren los grifos y luego se quejan de las inundaciones.
Los adultos preocupados con el problema deben reexaminar los slogans o lemas que circulan promoviendo el condón: que la actividad genital es buena a cualquier edad y de cualquier manera; que la promoción de la abstinencia en el sexo, a diferencia del tabaco, alcohol y drogas, es una imposición religiosa que no tiene lugar en una sociedad secular; que los pobres y las clases bajas son incontroladas en sus pasiones, incapaces de educar y de mejorar. Tales afirmaciones elitistas no deberían hacerse en un país que se propone ser democrático. Hay un dicho que dice que el camino más largo es a menudo el más corto para ir a casa. Quizás si ponemos nuestras energías en educar y persuadir a los jóvenes, chicos y chicas, hombres y mujeres, a saber por qué "no", a decir "no" y a poner en práctica el "no", conseguiremos mucho más en frenar el SIDA que urgiéndoles a llevar condones en su bolsos y carteras.
Nota: Publicado con permiso de "Child and Family" (20:83-86, 1988).
