"Léame, yo soy el SIDA"


Soy el personaje más popular del mundo. Todo han oído hablar de mí aunque pocos me conocen. En realidad ninguno me conoce bien, ni yo sé quien soy. Es comprensible porque nací en 1981 y soy todavía muy joven. Me pusieron el apodo de SIDA que es la sigla de Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida. Síndrome, que significa conjunto de síntomas de una enfermedad, inmuno, porque en el cuerpo humano hay defensas que lo protegen de las infecciones, deficiencia, porque debilito esas defensas y las hago inefectivas, y adquirida, porque me infiltro en una persona por contagio.

Mi concepción se inicia cuando un germen llamado Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH) penetra en la sangre y altera la función de los glóbulos blancos, las células encargadas de defender al organismo de las infecciones. Mi gestación dura 7 o más años, hasta entonces estoy escondido pero creciendo, y puedo contagiar a otros. Cuando nazco comienzo a manifestar mis fechorías, me convierto gradualmente en dueño del cuerpo y lo hago una fácil presa de las enfermedades.

Todavía no sé quienes son mis padres pero hay evidencias de que soy producto de una unión genital entre dos personas del sexo masculino. Algunos opinan que con anterioridad pasé del animal al hombre. Por ahora soy una enfermedad incurable, aunque algunos medicamentos puedan reducir las complicaciones y retrasar los daños que ocasiono.

Tengo muchos "amigos" que favorecen mi difusión. Los más apreciados son los que socaban las defensas espirituales enseñando que el placer ocupa el primer rango en la jerarquía de valores y que la libertad consiste en despojarse de toda limitación moral; los que quieren romper con la sabiduría acumulada durante milenios y reducen las normas morales a simples pautas convencionales, afirmando que el bien y el mal son conceptos que varían de una época a otra.

También son mis "amigos" los que enseñan a los niños que la masturbación "es una forma de expresar la sexualidad" y que empujan a los adolescentes de ambos sexos a unirse genitalmente; los que adoptan una actitud complaciente frente al homosexualismo y miran con simpatía la infidelidad conyugal. Otros de "mis amigos" predilectos son los que pregonan una educación "permisiva y facilona" que no estimula a la superación moral.

"Mis amigos" son como los bombarderos aéreos ante una posición, preparando el ataque de la "infantería. Las tropas de asalto son la pornografía, las drogas, la prostitución, el alcoholismo y todo aquello que provoca o favorece la dependencia genital.

También tengo valiosos "amigos" que ignoran que lo son: tratan de combatirme pero me favorecen. Son los que promueven el uso de preservativos en las relaciones genitales y patrocinan una machista reglamentación sanitaria de la prostitución. Son "mis amigos" porque dan una engañosa sensación de inmunidad frente a mí. Valoran excesivamente un frágil pedazo de goma --muchas veces ineficiente, como lo ha sido para el espermatozoide, 450 veces más grande que yo-- y olvidan las pasiones que agitan a la naturaleza humana. Al acentuar la genital-adicción me abren el terreno a nuevas conquistas.

Lamentablemente también tengo "enemigos". Los más temibles son los que enseñan que el hombre vive para el Amor, que existe un orden en la naturaleza que nos indica cómo alcanzar la plenitud integral, y que quien no sabe privarse y esperar -sufrir, en definitiva-- tampoco sabe amar. Estos "enemigos" presentan a la juventud un ideal de vida donde la sexualidad se vive acorde con su finalidad, donde la unión monogámica permanente --un sólo hombre y una sola mujer para toda la vida-- y la mutua fidelidad son los fundamentos de la vida conyugal y de la familia.

También son "mis enemigos" los que buscan en la ciencia los medios para combatirme y los que prestan asistencia médica y moral a los que me sufren. Los que más me preocupan son los que llevan consuelo y fortaleza a los enfermos e impiden que caigan en la desesperación, porque un desesperado es mi mejor amigo. En cambio, no les doy importancia a los avances científicos si no van acompañados de una buena educación: en el caso que la ciencia me derrote ya me reemplazará un pariente más poderoso que yo.

Por último, me olvidaba, no les crean a "mis enemigos" cuando dicen que soy una advertencia de la naturaleza.

Nota: Adaptación de la publicación distribuida por Nueva Cristiandad (Institución Social Católica), Cerrito 1070- 5. Madrid (España).



El SIDA

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