Enseñar indiscrimidamente a los niños el uso del preservativo para evitar la propagación del SIDA es una acción inmoral, y hasta criminal, porque es una invitación encubierta al desenfreno sexual. Pero es todavía más grave cuando se lleva a cabo sin el consentimiento de los padres o, lo que es peor, contra su voluntad, porque se añade el atropello a sus derechos.
En los países totalitarios se dice que los niños no pertenecen a la familia, sino al Estado, al cual corresponde adoctrinarlos según su parecer. ¿Nos encontramos ya en un régimen semejante?
Hay noticias de que en los Estados Unidos está dando buen resultado la campaña preventiva con este lema: "DI NO A LA DROGA", ¿por qué no emprenden también una campaña preventiva contra la canalización, (peor que la drogadicción). El lema podría ser: "DI NO A LAS RELACIONES SEXUALES FUERA DEL MATRIMONIO INDISOLUBLE; DI NO SIEMPRE Y EN TODAS PARTES A LAS RELACIONES HOMOSEXUALES". Una campaña así, iría contra las raíces del mal y no sólo contra sus consecuencias. La Iglesia Católica, desde sus principios, está desarrollando esta campaña permanente, con una motivación mucho más noble; no el temor del SIDA, sino el amor a Dios y al prójimo. La historia demuestra que donde ella ha gozado de libertad ha logrado un ambiente de castidad; pero donde se limita o se le niega esa libertad, otros se ven obligados a emprender campañas contra la corrupción moral, con poco o ningún éxito.
Como católicos trabajemos hoy con más empeño en esa campaña, y pidamos a Dios para que, como decía San Ignacio de Loyola, si por amor la humanidad no se enmienda, por el temor de las penas del infierno logre salir del desenfreno sexual.
Nota: Mons. Alfonso Toriz Cobián es Obispo de Querétaro (México) y escribió este artículo el 9 de mayo de 1988.
