Preservativos y SIDA
Por Jorge G. Pout Soto


La celebración del Día Mundial del SIDA, el 1 de diciembre, trae a cuento la consabida consideración de que el promover el uso de preservativos es siempre más eficaz que un proceso de educación de la sexualidad que, por lo tardío en sus efectos, no servira para paliar el inminente peligro de los portadores silenciosos del VIH ignorantes de su mal.

Sin embargo, la promoción del preservativo como protección contra las enfermedades de transmisión sexual -inclusive el SIDA-, si bien presenta una opción individual por la que algunos podrían apostar, no deja de requerir de la obligación de hacer presentes los inconvenientes que su uso implica, tanto en el orden sanitario como en el orden moral. No menos se puede hacer a fin de no mover al ciudadano a optar sin conocer bien aquello por lo cual opta, ni menos para no impedirle que use realmente de su libertad como persona.

El Population Crisis Committee, organismo norteamericano con sede en Washington DC, que se ocupa celosamente del control de la natalidad en relación con el crecimiento demográfico, en su completísima guía de métodos para dicho control editado en 1991 -dentro de la cual no se omiten los "fármacos reguladores de la menstruación" (drogas abortivas) ni la "aspiración uterina y curetaje" (aborto clínico)-, dedica un apartado al preservativo. En su inciso "tasa de ineficacia", señala:

"El uso normal resulta en cinco a veinte embarazos por cien usuarios durante el primer año". Y luego añade: "Tasa de ineficiencia relativamente alta en condiciones normales de uso; es común que se rompan mientras se están usando". Atendiendo a otra fuente, en The Network News, boletín noviembre-diciembre de 1989 del National Women's Health Network (organización pro contracepción y proaborto) se hace referencia a un estudio llevado a cabo por el Instituto Alan Guttmacher, en el que se revela que el índice de fallos del preservativo como anticonceptivo es de un 14 por ciento.

También el mismo instituto, en otro reporte, señala un índice de fallo del 23 por ciento en mujeres de 20 a 24 años de edad. En otros informes se señala que los preservativos fallan entre un 10 por ciento y un 30 por ciento en las relaciones heterosexuales, y hasta en un 50 por ciento en las homosexuales. En el Condado de Burlington (Nueva Jersey), luego de una investigación que duró tres años (Vesey y Smith), se tomó la decisión de suspender la distribución de preservativos por parte del Estado: se había comprobado que un 20 por ciento de la tasa de fallo del preservativo se debía a que sus envases no impedían el deterioro a que se ven afectados por culpa de las temperaturas que, sobre o bajo cero, sufren durante los períodos de transporte o de almacenamiento antes de su disposición comercial al público. Por su parte, el Star Tribune en su edición del 12 de septiembre de 1989, refiere estudios realizados en la Universidad de California que dan cuenta de que el virus del SIDA -450 veces menor que el espermatozoide- escapó de uno de cada diez preservativos de tres marcas famosas y de seis de cada 25 de otra.

Por último, también es ilustrativo el hecho de que en 1990 Donato Cartin, ministro de Sanidad de Italia, en carta enviada a veinte millones de familias junto a un folleto preparado por la Comisión Nacional de Lucha contra el SIDA, señalara: "Campañas de todo tipo intentan persuadir de que es perfectamente compatible prevenir la enfermedad y al mismo tiempo practicar estilos de vida arriesgados. la cosa no es así. Quien afirma, por ejemplo, la absoluta seguridad del preservativo, va contra el parecer de todos los expertos".

Pasando ahora al orden moral. Cuando el arzobispado de Madrid frente a la campaña del Ministerio de Sanidad y Consumo y del de Asuntos Sociales que pregonaba por toda España un "póntelo, pónselo" -el preservativo- responde públicamente con un propóntelo, propóntelo" la castidad-, no se está vendando la vista a sí mismo ni obstruyendo la conciencia de los jóvenes, sino incitando al más pleno ejercicio de la libertad y también manifestándose positivamente frente al aumento de embarazos no deseados, fruto de que en España más del 50 por ciento de los menores de 18 años han mantenido relaciones coitales y, de estos, más de 20 por ciento cambian de pareja seis veces al año.

Querer evitar tal situación no es cuestión de Iglesia, solamente. Porque el hecho es que si se procede oficialmente a pregonar el uso de preservativos, no es necesario profesar religión alguna para darse cuenta de que aparte de estarse ofreciendo un producto inseguro para la protección contra el SIDA, se está también favoreciendo el que se puede llegar a hacer de la sexualidad algo ligero donde no haya un "tú" y un"yo" personales, sino dos otros que así no se jugarán en reciprocidad ni se arriesgarán al ejercicio de su libertad, al quedar aprisionados por la búsqueda de un placer desligado de toda responsabilidad.

Por cuanto quienes conforman pareja son personas y no bienes de mutuo consumo, la búsqueda de ese otro u otra no ha de quedar reducida, como decía una pancarta de universitarios en Oregón, a que "si tu novio se niega a usar condón, tal vez ya fuera tiempo de cambiar de novio".

NOTA: El autor es profesor de la Universidad de Playa Ancha, Valparaíso.



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