La defensa de la vida humana
Por el Padre Thomas J. Euteneuer
Presidente
Human Life International

A continuación reproducimos el texto en español de la conferencia dictada por el P. Euteneuer en ese mismo idioma en el III Congreso Mundial de Familias "La familia natural y el futuro de las naciones: crecimiento, desarrollo y libertad", celebrado en Ciudad México del 29 al 31 de abril del 2004.

Es una gran alegría para mí el estar aquí ante tantos líderes de un movimiento cuyo propósito es promover el carácter sagrado de la vida y la familia. Quisiera agradecer al Dr. Allan Carlson, del Howard Center, y a todos los demás organizadores de este maravilloso congreso, por haberme invitado a dirigirles la palabra. Pido al Señor de la Vida que bendiga la labor que estamos realizando aquí durante estos tres días, y que permita que la misma dé muchos frutos en el mundo actual.

El tema de la defensa de la vida humana es tan amplio y el tiempo del cual dispongo es tan limitado, que he pensado resumir mi presentación en unas cuantas inquietudes que tengo en torno al movimiento en pro de la vida y la familia que todos aquí representamos. Aquellos de ustedes que deseen obtener más información acerca de lo que voy a plantear, pueden dirigirse a nuestros tres portales que voy a darles a continuación, de los cuales los dos primeros están en español y el tercero en inglés: http://www.vidahumana.org; http://www.soloparajovenes.org y http://www.hli.org.

Me he propuesto hablar de dos temas de gran importancia para todos nosotros que nos consideramos en pro de la vida y de la familia. El primero es el fundamento sobre el cual edificamos la cultura de la vida y la familia; el segundo es la estrategia por medio de la cual privamos a los enemigos de la vida y la familia de las armas que utilizan para hacerle la guerra a todo lo que nosotros consideramos sagrado. Aunque ello es necesariamente una estrategia defensiva, y ninguna guerra se ha ganado con sólo estrategias de este tipo, de todas maneras sin una estrategia defensiva tampoco se puede ganar ninguna guerra. Abordaré esta manera de defender la vida y la familia en el contexto de un congreso en el cual se encuentran muchos grupos que han tomado la ofensiva en la reconstrucción y fortalecimiento de la familia en la época contemporánea.

Primer tema: El principio absoluto de la santidad de toda vida humana

Primero que todo, el fundamento ineludible de toda nuestra labor en pro de la vida y la familia es el principio, al cual no podemos renunciar si queremos salvar nuestra cultura de la destrucción total, de la santidad de toda vida humana. Ello puede aparentar ser evidente para nosotros que somos provida. Pero la verdad de este principio no es tan evidente para todos, ni siquiera para muchas personas provida. Me estoy refiriendo aquí a algo bien preciso, a saber, que el principio de la santidad de toda vida humana debe aplicar a todos los seres humanos, y no solamente a aquellos que nos caen bien. Este principio es absoluto. En otras palabras, debe ser aplicado a toda vida humana en todo tiempo, lugar y circunstancia. No se puede renunciar a él, so pena de que peligre nuestro concepto mismo de humanidad y, por ende, peligre también la esencia misma de la civilización. Ser humano significa ser sagrado. Poseer la vida significa poseer un valioso don, un don inviolable y que, por tanto, debe ser defendido sin admitir términos medios. O toda vida humana es sagrada o ninguna lo es. Si no reconocemos que este principio es absoluto, entonces corremos el grave peligro de legalizar o institucionalizar la discriminación contra algunos seres humanos, usualmente contra aquellos que no se pueden defender a sí mismos de la agresión. Si no defendemos a toda vida humana inocente como sagrada en sí misma y con una actitud que no admite componendas, entonces no seremos capaces de defender a nadie. Simplemente aceptaremos un "ética" de la supervivencia del más fuerte y nos acomodaremos a ella.

Un buen ejemplo de ello lo fue el debate en torno a las células estaminales que surgió en EEUU en agosto del 2001. Casi un mes antes del fatídico 11 de septiembre, el Presidente Bush dio a conocer su decisión a la nación acerca del uso de células estaminales embrionarias para la investigación. Su declaración no aclaró lo suficiente la confusión generalizada acerca de la diferencia ética entre las células estaminales de embriones y las células estaminales de adultos. El Presidente tampoco asumió una postura firme en cuanto a la defensa de la vida humana como una responsabilidad absoluta de su cargo y del pueblo. En vez de ello, les otorgó dinero federal (y, por tanto, el aval del pueblo) a los científicos que ya habían matado de forma grotesca a embriones humanos para destinarlos a la investigación. Es verdad que el Presidente dijo que el gobierno no financiaría más investigaciones con células estaminales embrionarias, pero no demostró por qué debemos defender a toda vida humana. De hecho, el Presidente no defendió a toda vida humana. Mientras que por un lado aparentó defender la santidad de la vida de los embriones humanos, de hecho transigió mortalmente al reconocer solamente la santidad de algunos embriones, y dejar a los otros embriones, cuyas vidas poseen el mismo incalculable valor, a los intereses comerciales de hombres inescrupulosos.

Este caso muestra la diferencia entre aquellos que nunca podrán aceptar, por ningún motivo, la matanza de seres humanos inocentes; y aquellos que creen que dicha matanza a veces puede ser justificada. Desafortunadamente, esta diferencia se encuentra presente aún dentro del movimiento provida y de las comunidades cristianas. Pero si queremos ponerle fin a la destrucción deliberada de la vida humana inocente, perpetrada por medio del aborto o de cualquier otro ataque, este principio tiene que ser un fundamento más sólido que la roca, que sirva de sostén a toda labor provida, en todo tiempo y lugar. Nuestra propia existencia depende de ello.

Segundo tema: Las armas de destrucción masiva que son utilizadas contra nuestras familias y sociedades

El segundo tema que quisiera abordar es cómo privar a los enemigos de la humanidad, de las armas que utilizan para matar niños y destruir familias. Estas armas son la anticoncepción y la "educación" sexual inmoral en las escuelas. Son de verdad armas de destrucción masiva y son utilizadas por grupos como MEXFAM, que es la filial en México de la internacional abortista IPPF (International Planned Parenthood Federation - Federación Internacional de Planificación de la Familia), para imponer la "cultura" de la muerte en todas las sociedades. Su compromiso con estos instrumentos de destrucción cultural es total, intransigente e intolerante. Si de verdad queremos defender la vida, el matrimonio y la familia de esta destrucción, tenemos que tener el mismo tipo de compromiso absoluto con la privación de estas armas a estos grupos.

La actitud de la mayoría de la gente buena y aún de muchas personas provida es que el uso de anticonceptivos es simplemente un "asunto privado". ¡Yo disiento de este dogma contemporáneo! La actitud de los abortistas, sin embargo, es muy diferente. Ellos consideran que la anticoncepción es un instrumento de cambio social. Ellos saben que si logran que un número suficiente de personas tome millones y millones de este tipo de decisiones "privadas", entonces podrán cambiar la sociedad de forma permanente, para que se acomode a su ideología antivida y antifamilia. Por ello es que ellos siempre y en toda sociedad donde operan (y están por todas partes), comienzan por infiltrar el sector de salud pública, los medios, la educación y las facultades de medicina con su "lógica" perversa y sus colaboradores. Capacitan a ciertas personas para que se ubiquen en la vanguardia social --casi siempre profesionales-- para corromper la vida personal de los demás con estos instrumentos del mal.

Los activistas proaborto saben muy bien que siempre hay tres consecuencias inevitables, y yo diría infalibles, de la mentalidad anticonceptiva, cuando esta penetra la sociedad durante un tiempo considerable. Yo quisiera que todos las personas provida reconocieran también estas consecuencias:

1. Una caída en picada de las tasas de fertilidad del país.
2. Un aumento del aborto (legal o ilegal) y su legalización, donde todavía no era legal.
3. Y lo peor de todo: el fomento del egoísmo en la gente.

Toda sociedad que acepta y practica la anticoncepción a gran escala sufre estas plagas. Ello se demuestra fácilmente:

1. Los promotores del aborto les dicen a los habitantes de los países del mundo en desarrollo que la causa de su pobreza es el número de hijos que tienen. Ello es una actitud esencialmente discriminatoria, que estigmatiza a los pobres y a sus hijos por los problemas que causan los políticos. En caso de que no lo sepan, MEXFAM ha estado promoviendo la anticoncepción en México durante los últimos 35 años con esta lógica tergiversada, hasta el extremo que la tasa de fertilidad ha sido reducida a la mitad.

2. Europa prácticamente se ha aniquilado a sí misma a través de 40 años de anticoncepción y aborto. Ahora no puede reemplazar su propia población. Hay un solo país europeo, donde la tasa de fertilidad todavía está al nivel de reemplazo. Para el 2050, los europeos serán solamente el 10% de la raza humana. La única razón por la cual EEUU todavía tiene una tasa de fertilidad en el nivel de reemplazo es precisamente porque los inmgrantes hispanos siguen llegando y teniendo hijos. ¡Le doy gracias a Dios por ellos!

3. Es un hecho que todo país del mundo que ha aceptado y practicado a gran escala la anticoncepción, luego ha legalizado el aborto. México todavía no ha legalizado el aborto a gran escala (en el Distrito Federal sí es legal), pero es sólo cuestión de tiempo, ya que la anticoncepción se practica en todas partes, la "educación" sexual inmoral ha sido instituida en las escuelas, y el aborto ilegal se practica mucho.

Podría multiplicar los ejemplos ad infinitum, pero ustedes me entienden.

Opino que el peor efecto de la anticoncepción es el egoísmo que fomenta en la mente y el corazón de la gente. El uso de anticonceptivos conlleva muchos mensajes que se implantan en los ámbitos más íntimos de la vida y la familia. Los matrimonios comienzan a considerar a los hijos como cargas, estigmatizan y a veces denigran a las familias numerosas, eligen estilos de vida que excluyen o minimizan a los hijos, el divorcio se convierte en algo habitual y se justifica sobre la base de la autorealización de los padres, sin pensar en el efecto que tiene en los hijos. Podemos darnos cuenta de los efectos de 40 años de la píldora en EEUU: todos los indicadores de desintegración familiar han aumentado exponencialmente durante estas décadas.

Es imperativo que nos demos cuenta de la conexión entre la anticoncepción y el aborto, si es que queremos preservar de la destrucción a nuestros hijos, a nuestras familias y, en última instancia, a nuestras sociedades. Es igualmente imperativo que luchemos contra todo de tipo de anticoncepción y programa anticonceptivo, dándonos cuenta de que son instrumentos de la "cultura" de la muerte. La anticoncepción y los programas que la promueven no conducen a menos abortos en un país, como falsamente dicen los que promueven la "cultura" de la muerte; al contrario, fomentan más los abortos.

Los programas de "educación" sexual inmoral en las escuelas son otro instrumento de la "cultura" de la muerte, al cual nos debemos oponer. La IPPF le llama "educación" sexual a la enseñanza sobre este tema que les imparte a los estudiantes. Pero en realidad se trata de un adoctrinamiento sexual, el cual le asegura a la IPPF que las adolescentes y las mujeres en edad fértil van a estar visitando sus "clínicas" de abortos por millones cada año en todo el mundo. La "educación" sexual inmoral es el mecanismo propagandístico de la "cultura" de la muerte y es una forma de adoctrinar la mente de los jóvenes, una especie de lavado cerebral, para que se forme en ellos la mentalidad anticonceptiva desde la más temprana edad. No crean que les hablan a los chicos acerca de la castidad o del matrimonio. En vez de ello, les dicen que ellos no tienen dominio propio y que, por tanto, tienen que "protegerse" del embarazo. Usan el término "sexo seguro", el cual de ninguna manera es seguro, y fomentan actitudes y hábitos promiscuos, dando la impresión de que las relaciones sexuales son libres y que este tipo de conducta no tiene consecuencias. En otras palabras, los adoctrinan con una ideología antivida y antifamilia, que va en contra de todo lo que nosotros consideramos sagrado. Desgraciadamente, los "hijos de las tinieblas" son mucho más astutos al promover su agenda que los hijos de la Luz.

Sólo para que tengan una idea de cuán exitosas han sido las fuerzas antivida y antifamilia en el uso de sus armas de la anticoncepción y la "educación" sexual inmoral, les comparto que las estadísticas acerca del aborto en EEUU indican que el 80% de las mujeres que abortan son solteras y que el 60% de todas las mujeres que abortan también informan que eligen el aborto porque el anticonceptivo falló. Estas estadísticas significan que a nuestra juventud se le ha enseñado, desde temprana edad, a ser promiscua y a recurrir a la anticoncepción con un falso sentido de "protección" y, en último caso, a recurrir al aborto como respaldo a toda esta conducta egoísta. Los que controlan la cultura juvenil no son los padres, sino los "educadores" sexuales, cuya ideología es antivida y antifamilia. Los enemigos de la vida y la familia ganan dinero vendiendo anticonceptivos que fallan y enseñando a la gente joven que las únicas consecuencias negativas de la actividad sexual son los hijos y las enfermedades. Luego, cambian de agenda y ganan más dinero aún practicandole abortos, legales o ilegales, a esa misma gente joven.

Quisiera agregar que los hispanos en EEUU constituyen una influencia tremendamente positiva para la sociedad estadounidense. Mi única preocupación es que su profundo sentido de la santidad de la vida y la familia se pierda con el tiempo. Las mujeres hispanas son un blanco del negocio del aborto, porque este negocio es esencialmente racista en su actitud y en su alcance. Por ejemplo, las personas de la raza negra en EEUU constituyen solamente el 12% de la población, sin embargo se practican el 35% de todos los abortos. Se trata de un genocidio, tan simple como eso. De manera similar, el número de mujeres hispanas que aborta está aumentando en la medida en que el negocio del aborto se aprovecha de su vulnerabilidad. Con el correr del tiempo, ello tendrá un profundo impacto negativo en la cultura hispana.

Sin embargo, todavía tengo grandes esperanzas en cuanto a la presencia hispana y su influencia positiva en la sociedad de EEUU. Cuando me encuentro con mujeres hispanas que van a las "clínicas" de abortos en EEUU, les digo que matar a un bebé es un pecado mortal, y que Dios y la Virgen María no quieren que aborten. Inmediatamente entienden este lenguaje, porque es la verdad y provienen de una cultura que respeta la vida y la familia. Usualmente esta lógica no funciona en el caso de las mujeres estadounidenses, porque nuestra cultura ha sido profundamente corrompida por el egoísmo.

A menos que nosotros, los líderes del movimiento a favor de la vida y la familia alrededor del mundo, nos comprometamos de forma absoluta a enfrentar la anticoncepción y la "educación" sexual inmoral en las escuelas de la misma manera que enfrentamos el aborto, la vida familiar continuará siendo destruida antes nuestros propios ojos y continuaremos preguntándonos cómo impedir esta destrucción.

Conclusión

Tenemos el privilegio de estar involucrados en el proyecto más grande del mundo: la defensa de los miembros más inocentes de nuestra raza humana, y el fomento de la cultura de la vida a través de la familia. Construyamos nuestra ética familiar sobre el fundamento del respeto absoluto de toda vida humana y seamos valientes al enfrentar a los enemigos de la vida y la familia, privándolos de su habilidad para hacernos la guerra por medio de la anticoncepción y la "educación" sexual inmoral en las escuelas.

Si hacemos esto, lograremos que el mundo sea un lugar más seguro para la vida y la familia.

¡Que Dios les bendiga!



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