Su Santidad Juan Pablo II dijo: "Si las niñas ya en la más tierna infancia son marginadas o consideradas menos valiosas, sufrirán un grave menoscabo la conciencia de su dignidad y se verá comprometido inevitablemente su desarrollo armónico."
A veces los padres están enfrascados en sus propias batallas, y no se dan cuenta de que no les están dando a sus hijos el amor y la atención que necesitan. Existen también infinidad de casos de maltratos físicos, sexuales y psicológicos que dejan hondas huellas no sólo en el cuerpo sino también en el alma de los menores.
Quizás en tu infancia no recibiste todo lo que necesitabas para tu desarrollo psicológico y espiritual. Debido a esto, no te valoras debidamente a ti misma. Si es así, no sabes poner ciertos límites a las demás personas, y en particular a tu abusivo esposo o compañero. A veces hasta quizás inconscientemente llegaste a creer que no merecías un trato mejor.
No culpes a tus padres por los errores que cometieron contigo, pues ellos también quizás eran personas muy heridas. Los errores que cometen los padres a veces pasan de generación en generación. Sin embargo no temas, el perdón y el amor de Dios se extienden hasta las mil generaciones.
Medita sobre el verdadero significado de las palabras de Jesús: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Esto quiere decir que para poder amar a tu prójimo, debes amarte primero a ti misma. ¿Cómo vas a poder amar o valorar apropiadamente a ninguna otra persona, si no te valoras y te amas a ti misma?
Tampoco dejes que lo que otras personas digan o piensen de ti determine el valor que te vas a dar a ti misma. El rechazo padecido, la culpabilidad malsana, la vergüenza y los abusos nos llevan a creer que no tenemos valor como personas.
Debes "anclarte" en el amor de Dios, que todo lo perdona y todo lo sana. Cuando comiences a experimentar el amor de Dios por ti, comenzarás a amarte a ti misma y a sanarte.
