Busca ayuda
Por el Dr. Jesús Arina, Psicólogo


Muchas personas tienen la tendencia a solucionar sus problemas o conflictos sin pensar en las consecuencias. Esto se debe a que sólo nos fijamos en el presente de las cosas, en su exterior, dejándonos llevar del primer impulso. Lo sabio es buscar primero el origen o raíz de determinado problema o conflicto. ¿Por qué es violenta esa persona? ¿Le trataron con violencia en la niñez? ¿Vio violencia en su familia?

Me gustaría dejar un rayo de esperanza para aquellas personas que tienen problemas individuales en sus familias. El primer paso es reconocer que se tiene un problema, que no por eso se es una persona de segunda categoría. Simplemente esa persona que sufre es un ser humano.

Después de reconocer y aceptar que se tiene un problema, el siguiente paso es buscar ayuda. Ayuda primero en Dios, para que ilumine tu mente y mueva tu voluntad para dar los pasos convenientes. Después buscar ayuda de profesionales, como puede ser un consejero, un psicólogo o un sacerdote que se comprometan a ayudar, a ofrecer soluciones aunque sean dolorosas. No busques personas que den soluciones fáciles.

Para la persona maltratada, le digo porque siento su dolor, que tenga bien en claro que nadie tiene derecho a faltarle el respeto a otro ser humano ni a insultarlo. También le digo a la persona maltratada que no permita un segundo insulto, desprecio o golpe, sabiendo que el abuso emocional o psicológico siempre precede al abuso físico o sexual. Hay que detener al abusador desde el primer abuso. Piensa que el abusador tiende a repetir los abusos cada vez más frecuentemente y más gravemente. Piensa también que el abusador también es un ser humano, que está enfermo y que por tanto hay que ayudarlo a salir de su enfermedad. Lo cual no quita que sea responsable de sus actos.

Tratemos de entender que Dios no quiere el sufrir por el sufrir. Quiere que busquemos ayuda para la solución de los problemas. En casos particulares y graves, cuando se han agotado todos los recursos, la única solución por el bien de la víctima será la separación.

Pero antes hay que luchar tal vez con dolor y explicando las situaciones dolorosas a otras personas que nos puedan ayudar. Siempre hay solución a los problemas. Aunque a veces no como quisiéramos nosotros.

Las víctimas necesitan de nuestra ayuda

¿Qué pueden hacer las personas que saben que hay violencia doméstica? Muchas veces se niega este problema, como si tuviera la culpa la mujer. La tarea esencial es detener el ciclo de la violencia y prevenir que vuelva a ocurrir.

Hay que buscar y ofrecer medidas de seguridad y de apoyo para la víctima. Hoy en día hay lugares donde la mujer golpeada puede ir con sus hijos. Es bueno que éstas sepan que esos lugares existen. La mujer debe dejar su hogar hasta que intervenga la policía y lleve al abusador a la cárcel.

Es esencial que los abusadores (y las víctimas) sepan que ese abuso es un crimen, y que el sistema legal puede y debe intervenir en favor de la víctima; y que lo está haciendo cada día más.

Lamentablemente como en todas las cosas, a veces no hay una intervención hasta que ha habido un crimen, cuando ya el hombre mató a la mujer, quizás también a sus hijos y después se suicidó. ¿Por qué esperar hasta que tenga lugar esa catástrofe? ¿Por qué? La mujer debe entender que nadie tiene derecho a abusar de ella, como ella tampoco debe abusar del marido. Nada de lo que haga o diga la víctima justifica el abuso, ni aunque la mujer haya sido infiel. Sepárese, pero no la medio mate.

El esposo abusivo es totalmente responsable de su conducta. Elige actuar violentamente porque está enfermo; debe buscar ayuda.

Cuando un hombre golpea a su mujer una vez, puede venir una segunda y una tercera.

La mujer que está siendo abusada no debe esperar para actuar hasta que la situación amenace su vida, ni tampoco debe esperar para actuar, la persona en cuyas manos está ayudarla y quizás salvarle la vida.

Hay que valorarse lo suficiente para poder salir de una relación abusiva. No podemos sentirnos responsables ni culpables por lo que está sucediendo, a no ser que realmente lo seamos. Hay que tratar de conservar el matrimonio si esto es posible y el hacerlo no pone en peligro la vida de la mujer o de sus hijos, en cuyo caso la separación inmediata es la única respuesta.

Sin embargo, aún sabiendo que su vida puede peligrar, muchas mujeres no se atreven a tomar el primer paso. A ellas queremos dirigirnos aquí.

Quizás has sido entrenada durante tu infancia para obedecer ciegamente, aunque se trate de una orden injusta, o fuiste víctima de la violencia. Lo único que aprendiste fue a sentir miedo y a llorar como si no hubiese otra alternativa. Es hora de hacer un cambio en tu vida, pero para poder hacerlo debes de consultar a un profesional para saber si hay algo en ti, que inconscientemente provoca la violencia o que te empuja a querer ser abusada.

Si vienes de una familia disfuncional, a lo mejor aprendiste este tipo de comportamiento de tu madre o viviste soportándolo por mucho tiempo. Sin embargo, no tienes que continuar haciéndolo. Hay esperanzas para tu futuro; todavía puedes ser feliz.

Tenemos que conocer los recursos de la comunidad. Hay lugares, recursos económicos, para esas madres que tienen niños y que han sido maltratadas. Ellas mismas pueden ir al juez.

Mantén un récord de las veces que has tenido que llamar a la policía; díselo a tus amistades, a tu familia y al pastor o párroco de tu iglesia.

Nota: La información que contiene este sitio se basó en el volante "Cuando pido ayuda", publicado por la Archidiócesis de Miami. Se le añadieron algunos datos.


La violencia domestica

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